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domingo, 1 de septiembre de 2019

Estuvo entretenido

¿No sé si estáis conmigo?: la vuelta a casa de ayer fue realmente placentera; no como los minutos posteriores al partido del pasado viernes en el que costaba asumir la repetición del penalti de Morales y que Morales tirase un penalti. Al acabar los 5.400 segundos cualquier granota pudo reflexionar aliviado que de seguir así sacaríamos muchos puntos esta temporada, ese y no otro fue el principal motivo de mis desvelos hace siete días. Los resultadistas, que han sido capaces de resumir estas dos victorias en seis puntos, sin embargo, vivirán su momento hoy domingo, al filo de la media noche, cuando pongan el teletexto y vean al Levante momentáneamente clasificado para Europa. Aquellos que disfrutaron más silbando al equipo que aplaudiendo a Maradona con las botas de Rochina, esta tarde se preguntaran quien es esa gente tan ruidosa detrás de la portería de Mestalla; ah, no, espera...

Y eso que lo que acabó bien, no empezó muy allá; los futuros testigo de una victoria balear, siguen manteniendo en el recuerdo, con los ojos vidriosos embriagados de emoción, los lamentables minutos en los que el Llevant fue pitado contra el Villarreal; estos hombres henchidos de valencianismo volvieron a la carga aunque por fortuna todo acabó en un ridículo murmullo. Fuentes cercanas a este sucedáneo de portal web informan que esta tarde a la otra parte de Primado Reig volverán a intentarlo. El Valladolid había absorbido el instinto de la más famosa película de Spielberg y rodaban dando vueltas la meta de Aitor. Los designios del balompié mandaron la pelota fuera de banda justo a la altura de los banquillos y Paco López empezó a ponerle la oreja de plástico a Rochina porque no estaba bien situado, no obstante, la reprimenda fue ostensible a todo aquel que quisiese oír, hijos de cabras incluidos; a partir de ese momento el partido cambió.

El Levante, después de dos jornadas desaboridas, volvió a ese ataque sin contemplaciones que tan buenos momentos de fútbol nos ha regalado. Paco López, mientras le echaba la bronca a zurdo interior de Sagunto, se conoce que amenazó con el banquillo al primero que diera un pase en horizontal. Por las bandas contábamos con dos puñales cortersía de las nuevas incorporaciones, de Tito, Miramón y Clerc y el resto de jugones y Vuckevic ya se encargaban de inclinar el campo, perfectamente cortado por Raimon y su equipo, hacia la portería defendida por Masip. Sin embargo, a los cañoneros atrincherados en los flancos les faltó una pizca de precisión para que sus centros se convirtiesen en asistencias; y a Roger y a Mayoral les faltó el toque de oportunismo y saber estar que cualquier delantero considera deber tener.

Rochina, sobre el minuto cuarenta de partido empezó a deshacerse de rivales como si el fuera una bola y los blanquivioletas bolos; el pase a Morales fue preciso y si el Comandante hubiese tenido a bien, definitorio; la pelota le cayó a Mayoral tras un buen pase de José Luis y el de Parla intentó hacer la que Raúl le hizo a Cañete en la final de París, solo que existía una pequeña diferencia: Raúl estaba en el borde del área grande y Mayoral estaba en el borde del área pequeña. La jugada acabó en el lateral exterior de la red.

Morales, pobrecito, ayer volvió a  no tener la tarde. A sus regates erráticos, a su carrera torpe y lenta y a sus buenos pases (Morales, un toque) se le sumó que la única jugada que hizo de provecho fuese anulada por fuera de juego previo. El once granota llegó antes a la pelota que el oscuro hombre del Valladolid, que cometió penalti, pero al inicio de la jugada Borja Mayoral recibió la pelota de Roger en fuera de juego. La infracción se vio desde la grada en directo, pero el gremio arbitral con el que este país amante del fútbol ha sido agraciado no lo tenía tan claro. Un señor en grada ante la indecisión bajó al baño, meó, se lavó las manos, se secó las manos, hizo cola en el bar, se pidió un blanco y negro y un refresco de Cola (CocaCola aún no me ha pagado para que le haga publicidad), contó las monedas, contó el cambio, subió las escaleras, buscó su sitio, se comió el bocata, se bebió el refresco de Cola y contestó a los whatsapps de la parienta, a los pocos segundos se señaló un fuera de juego cristalino. Sergi Guardiola, minutos después, anotó en fuera de juego también; esta vez la respuesta del VAR fue, para esa gente, rápida y eficiente; lo que no ha transcendido, pero sí ha sabido Grada Central Alta es que la decisión fue veloz porque los ineptos de la sala del VAR estaban en el párquin del estadio fumándose un cigarro a causa del estrés que había supuesto arbitrar correctamente una jugada (la del penalti a Morales), entonces los del césped hubieron de improvisar a su ritmo y acertaron, de milagro.

La segunda parte fue más de lo mismo pues el grito de Paco López en aquel saque banda seguía surtiendo efecto, pero todos estaban más cansados en el Valladolid solo corrían hacia atrás y el Levante prefería pasarse la pelota a tirar un desmarque. Hacía el final del partido el hostigamiento granota empezó a cesar lentamente y justo cuando aquello empezó a pintarse en blanco y purpura, la buena combinación en banda entre Bardhi y Campaña terminó con un remate de Sergio León al fondo de la red, desvió mediante. El Valladolid soltó los perros en ataque, quizás demasiado tarde, cuando el uno a cero se concretó; y en uno de esos vaivenes de los visitantes, Bardhi y Miramón hicieron un roto en banda diestra y Morales terminó metiéndola por fin, justo después de que hiciese que a Masip se le juntasen en una muy específica parte de su cuerpo tres pelotas durante un breve y dolorosísimo instante.


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