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lunes, 14 de enero de 2019

Una línea muy fina

Entre la gloria y el abismo existe una línea muy fina; concretamente, del tamaño del cordel rojo que envuelve las galletas Maria. Tan sumamente estrecha que el Athletic Club de Bilbao, agonizando que salió del Ciutat a principio de diciembre, ahora se permite mirar hacia el viejo continente de la mano de Iñaki Williams. El vasco parece como dotado de todas la virtudes de los cuatro grandes negros de nuestro tiempo (Caicedo, Koné, Martins y la amalgama que Riga, Babá, Ettien, Kapó y Boateng forman). Tan sumamente delgada que de Oblak no haber tenido cara y de contar con un grito en la sala del VAR: <<Tiene la mano apoyada en el suelo>> en el momento oportuno, nuestro Levante ahora mismo estaría pegándose de hostias con Betis y Getafe por un puesto europeo.

Rodrigo Cascante cometió una falta tan tímida y absurda como transcendente. Vítolo soltó a los perros por banda valiéndose del boquete que su compañero había cavado por medios antirreglamentarios. Koke metió gol y el Levante rodeó al señor colegiado. El gol fue anulado sin, en ningún caso, abandonarme la sensación de que si no se monta el pollo, habríamos sacado de centro. Tan triste como cuando se necesita gritar y rodar por el suelo para que se señale una falta.

La situación empezaba a ser insostenible del 30 al 36 miré al marcador siete veces una por cada saque de puerta o parada de Oier. Pero la Virgen de los Desamparados es más granota que el tio del voy pallá y no nos abandonó cuando el Sol más apretaba.

Se detuvieron la manecillas del reloj cuando la mano de Vuchevich y el balón quisiera ocupar el mismo lugar. Los colchoneros montaron el pollo y Prieto Iglesias sucumbió a las suplicas huecas y envenenadas de los pupilos del Cholo y del propio Cholo. Oier rozó del disparo de Griezmann pero iba demasiado fuerte como para desviarlo aún tocándolo.

El psicópata de Montenegro, correcto, expeditivo y con una cuantas carteras en el zurrón cuajó su mejor partido con la camiseta de les barres blaugranes, pero el principal problema del balcánico ni tan si quiera se encuentra dentro de él o de su juego; lamentablemente para quien tenga en el Fantasy a Nicolás, cuando él posa su dos botas sobre el terreno de juego presenciamos una versión atenuada del mejor Campaña. No considero casualidad que los dos peores partidos del sevillano de los últimos quinientos catorce haya sido con las intimidatorias facciones del yugoslavo tras de él. Otra cosa para la que no sirve mucho Vuchevich es para jugar la última media hora, Rochina, una cara más amigable, salió a escena para rescatar un punto que parecía colarse por el sumidero.

A Morales le faltó el ancho del rojo cordel de las galletas Maria para terminar su jugada en gol. Apareció la jeta de Oblak para impedírselo. Cuando el madrileño disparo ni si quiera había dado un solo pase. El fin de que viene contra el Valladolid habrá que jugar con dos balones. Mayoral absorbió las virtudes de Morales pero supo saber mantener al margen sus defectos: cogió la pelota a fer la mà y corrió y corrió sin mirar atrás hasta que llegó a la portería; Oblak la paró, no nos vamos a venir arriba y el rebote le cayó a Bardhi (sigue siendo está la única forma de batir al esloveno); pero Godín acudió al rescate y la pelota que debió ser gol se estampó en el uruguayo.

El Atleti mereció ganar, y nosotros no merecido ni empatar. Y por su parte, el fútbol, ese ente metafísico al que hoy día adoramos todos los días, fue justo siendo terriblemente injusto.

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