El postrer rayo de luz se abre paso entre la indomable oscuridad de la noche cuando el martillo golpea la férrea vara, que somos nosotros. Nos golpea y nos aplasta. Ahora, solo por un momento, descansamos sobre el yunque del que conocemos hasta la más diminuta de sus hendiduras; todos nuestros perfiles y giros imposibles, nuestras rectas irónicamente puntiagudas han sido forjadas por el mismo yunque: el de Regües, el nuestro, el de la adversidad. Y vuelve a golpear el martillo, y vuelve a golpearnos, a aplastarnos, a espachurrarnos y nosotros volvemos a adoptar la forma que es voluntad del puto yunque. Me lo voy a tomar con filosofía porque no me quiero calentar. Después de que Roger firmara el gol de la victoria contra los chotos a pase del pelazo de Rochina (siempre en nuestros corazones), en Orriols hemos estado de vacaciones, disfrutando del fútbol, usándolo como un mero entretenimiento. Vago era el recuerdo de la inquietud antes de un partido y, como la Copa nos amorfinó un poco a todos, lejano era el dolor del yunque de la adversidad dando forma nuestras entrañas.
En la primera parte, para empezar la temporada, dimos un recital de fútbol pero, eso sí, con poco acierto en el momento en el que la jugada debía pasar a convertirse en gol. Cuando Morales no se le atascaba la pelota, a De Frutos le caía la mala y cuando no, Campaña pensaba que Roger estaba en un sitio que en realidad no estaba. Pero, por suerte, tanto recital se vio recompensado con un disparo de Morales desde fuera del área que acabó entrando en la portería; el pase fue de Melero que, aunque no fue una declaración de amor, fue un buen base. El Cádiz por su parte solo atacó dos veces en todo el primer tiempo. Os juro que las conté. La primera fue después de ganar un saque de puerta y por casi nos cuelan un gol de no ser por qué Rober Pier enmendó su error impulsado por la providencia de papá Ballesteros. Y el segundo vino como respuesta a un contraataque equivocadamente conducido por Roger, de ahí sacaron una falta y el gol resultante fue anulado solo porque Negredo pecó un poco nada más de ansioso. Este es el Levante que me tiene loco de amor: un torpedo del tamaño del Micalet por delante y papel del váter de mala calidad por detrás.
En el descanso, Cervera, que es el entrenador del Cádiz, le dijo a sus chicos que lo de hacer el futbolín está muy bien, pero que mejor estaba ir a presionar "hostia-ya" y los muchachos muy obedientes acataron la orden. Obviamente, este sucedáneo de portal web tiene acceso a lo que dice el entrenador del Cádiz en el descanso a su equipo. Al Levante empezó a durarle muy poco el balón en los pies quizás demasiado poco como para ganar el partido. Los gaditanos a los que Cervera les había enchufado el ADSL en el descanso se propusieron complicarnos hasta los pases entre los centrales y el Cádiz empezó a acaparar el balón tanto como nosotros lo hicimos en el primer tiempo. Y está claro que el Cádiz no es ningún alumno aventajado en la asignatura del juego combinativo y que hay muchos equipos que miran mejor a la portería rival, pero el Levante ahí aguantó con el rollo de papel extendido, tapando huecos, despejando lo que podía, sufriendo los córneres, pero, sobre todo, defendiendo como cabrones. Hasta que lamentablemente un punto "bien trabajado" se nos escapó cómo Peter Lim se escapó de Mestalla después de cobrar.
Visto con perspectiva el empate en el campo del Cádiz, aunque no está cerca de ser suficiente, es, como poco, aceptable; el punto es más que merecido (de hecho Morales estampó contra el palo la victoria a muy poco del final en un uno contra uno); y de haber acabado todo un minuto antes de lo que lo hizo, el Levante hubiera jugado un partido "completo". Con los dos pesados de siempre, más el Cholo y más el Sevilla yendo a Champions y con el Villarreal, la Real y el Betis yendo a Europa League a mí tampoco me salen las cuentas de quedar, al menos, séptimo; pero de ilusiones vive el hombre, y las granotas. La temporada que puede devolvernos a Europa ha comenzado y estas son las condiciones, ¿lo tomas o lo dejas?

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