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sábado, 7 de enero de 2023

Quedarse en Segunda o subir a Primera

Feliz año. El buen granota abraza a 2023 como cualquiera de nosotros puede abrazar la almohada un lunes a las siete de la mañana escasos segundos después de que el despertador irrumpa en la habitación con su atronadora alarma, es decir, con ganas pero sabedor de que la cosa se puede torcer en cualquier momento y acabar muy mal. Hundir de nuevo la cabeza en la almohada y cerrar los ojos amparado por la omnipotencia del Dios Morfeo puede tener como resultado o bien un microsueño reparador de exactamente cinco minutos o bien que, por otra parte, se te junte el desayuno con el almuerzo y la hora de comer y por supuesto omitas el cumplimiento de tus obligaciones. El buen granota sabe que de aquí a cinco-seis meses el Levante conocerá en qué categoría va a jugar la próxima temporada y eso le preocupa especialmente; no le preocupa tanto saberlo ya o en doscientos días sino más bien lo que teme es que la próxima categoría no sea la Primera División del fútbol español. Otra facción más radical del levantinismo abraza al presente año con las mismas reservas que el resto de Orriols a la que se le suma una nueva aprehensión: la de lograr triunfantemente el glorioso ascenso, pero en la segunda parte del año vivir en Primera las penurias que nos trajeron a donde estamos, "que también forma parte del 2023", alegan.

No resulta dificil aventurar que el ascenso será con Javi Calleja en los banquillos o, lamentablemente, no será. El tiempo para las revoluciones deja de abundar. Si, por ejemplo, se quisiera empotrar al equipo contra la portería de Cárdenas y confiar en que el balón parado nos devuelva a primera o que, por otra parte, se eligiese lanzarnos al ataque como posesos para meter más goles que el rival, el momento para tomar ese tipo de decisiones es ahora o nunca. En lo que queda se podrá matizar el juego, pasar a jugar con tres tios en el centro del campo o fichar un delantero que meta 15 goles en 20 partidos y nos saque de este agobio, y de paso se quede en Primera con nosotros. Los partidos del Levante quedan a una distancia prudencial de lo que podría considerarse como espectaculo por una masa relevante de aficionados al balompié. Parece que Calleja es un señor que sufre más los goles en contra de lo que disfruta los goles a favor, de hecho, me atrevería a decir que le amargó más el traje de tres millones de pesetas que le hicieron a Rober Pier dentro del área que el disparo a las nubes de Mohamed Bouldini unos minutos después. Pero, sobre todo, con lo que más sufre el chaval es con perder la pelota fuera del área rival. Al principio, de hecho, jugábamos hasta mal: hay quien calificaría las victorias frente a Mirandés y Leganés, con el interino Miñambres, Ibiza, Sporting y Málaga, ya con Calleja, como milagrosas. Pero desde el doble puñetazo en la mesa en Mendizorroza con tantos de Bouldini y Son el Levante ha tomado ese ritmo al partido para acabar encontrando a un chaval de azul y grana en una posición propiciatoria para el gol. Por supuesto que aquí solo valen los goles y que contra el Málaga sacamos dos puntos más que contra el Éibar pero es más fácil ganar un partido si Pepelu encara al portero dentro del área que si no lo hace.

Atarde, ayer por la tarde, el Levante visitó Gijón para jugar el primer partido de la segunda vuelta. Desde que la pelota echó a rodar contra el Huesca en el Ciutat es la primera vez que se puede decir, sin dar lugar a equívoco, que ya hemos visto más de lo que nos queda por ver. Ya hemos jugado contra todos nuestros rivales una vez. Cada partido que pasa, conforme los adversarios vienen y se oponen al Levante, son más y más importantes todo ese compendio de acciones que dan y quitan goles. El próximo tiro a puerta el sábado que viene contra el Granada de El Pelao de Silla no va a determinar nuestra futura categoría, ese momento todavía no ha llegado; pero sin lugar a debate será más importante en el desenlace último que el paupérrimo toque de cabeza de Roberto Soldado con empate a uno en Oviedo cuando la temporada estaba en ciernes. En el momento en el que el tiempo apremie y conozcamos de memoria el listín de equipos que restan por enfrentarnos, pocas serán las victorias cosechadas a lo largo de la temporada. La pésima puntería de Bouldini nos privó ayer de una, Pepelu tampoco supo dirigir su cabezazo hacia la portería en los últimos minutos del partido y el potentísimo disparo de Pablo Martínez que da en el larguero y se marcha en lugar de dar en el larguero y entrar, por ejemplo, puede ser una de esas jugadas que haga al Levante quedarse en Segunda o subir a Primera.



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