lunes, 18 de noviembre de 2019

El mejor podio de todos

Sí recuerdo que durante la carrera fui dos veces a mear y unas cuantas más a beber agua. De hecho, también recuerdo que he merendado sobras de la cena de anoche porque la carrera no era especialmente apasionante y me resultaba más entretenido el ejercicio del comer. Lo que bien no recuerdo es la vuelta en la que un humillo blanco ha empezado a salir de bajo la carrocería del Mercedes de Valteri Bottas. El indudablemente finlandés condujo su averiado monoplaza lentamente por el circuito brasileño de Interlagos hasta que encontró un lugar idóneo para amollar el buga. Entonces una pequeña comitiva de comisarios de pista brotaron de detrás de los guardarraíles y empujaron al millonario bólido a fuera del circuito. Tras unos minutos de bandera amarilla, Max Verstappen consolidó el soberbio repasito que le estaba propinando a Hamilton con su octava victoria en la Fórmula 1. Charles Leclerc defendió con alerones y suspensiones (uñas y dientes) la cuarta plaza para dejar atrás a Albon. Magnussen no merece estar en la Fórmula 1. Y Carlos Sainz culminó su excelente remontada desde el fondo de la parrilla con un noveno puesto que, para el caso, no está nada mal en su particular pelea desnivelada con Pierre Gasly para a ver quien consigue ser el séptimo clasificado cuando se corra el telón en Abu Dhabi.

O eso es lo que hubiese pasado si no llega a ser porque los comisarios lían la marrana con el coche de Bottas, el Mercedes queda anclado al suelo, llaman a la grúa y automáticamente Michael Massi hace salir al Safety Car. Total que con el Bernd Maylander (conductor del coche de seguridad) dando vueltas sobre la pista sudamericana, hubo quien interpretó las circunstancias como las mejores para despojarse de sus viejos neumáticos. Verstappen entró a boxes para obligar a Hamilton a quedarse en pista, si es que quería ganar la carrera. Leclerc también entró a boxes para tratar de subirse al cajón. Y Sainz y Grosjean, cuarto y quinto piloto con neumáticos desgastados, prefirieron jugar con una estrategia distinta a escalar desde la cola con neumáticos ligeramente más jóvenes; o eso es lo que pensó Carlos, porque Grosjean ni se dio cuenta del incidente de Bottas pues con el Safety Car en pista iba tan rápido como podía.

La innecesaria intromisión del coche de seguridad al Gran Premio, se volvió del todo innecesaria cuando con coche de Bottas apartado de la pista, la carrera permanecía congelada. Las mentes que componen la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) no solo piensan en inglés, sino que también le ríen las gracias y los dramas a Luisito. Con una tropa de caníbales enloquecidos calzados con nuevos compuestos tras él, al que más le convenía que el Safety Car se marchase tan tarde como fuese posible era al seis veces campeón de mundo (y a Carlos) y el TeamLH alargó el régimen de coche de seguridad hasta el escándalo. Sin embargo, todos estos ridículos esfuerzos se diluyeron cuando Morritos Verstappen le arrancó las pegatinas, los pendientes y los campeonatos mundiales a Hamilton al final de la recta de meta nada más reanudarse la carrera.

Quien también adelantó nada más reemprenderse la prueba fue el piloto madrileño Carlos Sainz, concretamente adelantó al taxista francés más rápido del lado izquierdo del box de Haas. A día de hoy, la única diferencia entre Hamilton y Grosjean es que uno es negro y el otro es francés. Quien también vio decrecer su status en la carrera fue el cuatro veces campeón del mundo Sebastian Vettel, al que le robaran la cartera por el exterior de las eses de Senna, el artífice fue el thailandés Albon; los intentos de Vettel por revertir la situación acercaron a Leclerc a la zaga de su compañero de equipo. El de Mónaco vio el podio muy cerca. Los pilotos de Ferrari trazaron las primeras tres curvas en paralelo, provocando que su jefe Binotto contuviese la respiración; Vettel parecía progresar por la parte exterior de la recta trasera; Binotto respiró al ver que sus coches iban a llegar separados a la frenada, y justo en el ese momento, Vettel gira el volante, los coches se besan en el roce más sutil que he visto nunca y a fer la mà los dos. Clin, clin caja para Carlos Sainz que pasaba de séptimo a quinto.

Aguantar la posición con unos neumáticos mucho más viejos que los de tu rival no es tarea fácil, aguantar esa misma posición con esos mismos neumáticos desgastados y con los dos Alfa Romeo a la espalda (un melón en las curvas, pero el coche más rápido del campeonato en recta) no es oficio ni de taxistas, ni de hexacampeones. Ya quisiera Magnussen tener los fundamentos defensivos de Carlos Sainz para no tener que hacer el puto guarro en cada curva. Siete vueltas de resistencia después el piloto madrileño calentaba los neumáticos tras el Safety Car en quinta posición; pero para su desgracia (luego sería pero por suerte) Lewis Hamilton le metió un tiro en el pie a Mercedes, otra puta vez, y entró a boxes a cambiar neumáticos y ponerse cuarto. Quedaban cuatro vueltas de Gran Premio y muchos trozos de Ferrari que retirar de la pista, pero llevarse por delante la parte de coche que le faltaba a Vettel es mucho menos peligroso cuando Hamilton necesita que se vaya el Safety Car. Tonto de mi, cogí el móvil para votar a Carlos como mejor piloto de la carrera, pensando que se acababa, cuando Bernd Maylander entró a boxes. Y va y Carlos se duerme en el reinicio... Raikkonen llegó a adelantar a Sainz a la salida de la sección de las curvas 4 y 5, pero el español no dio su brazo a torcer y acortó la trazada de la curva seis para defender la posición, otra puta vez. Luisito Jamilton, que ya había pasado a Gasly, perseguía a Albon y pecó de novato ansioso, solo cinco curvas después de Sainz afianzase la quinta plaza, cuando decidió que lo mejor para ganar la carrera sería llevarse por delante a Albon. Con el Red Bull en contra dirección y con el alerón de Hamilton colgando, vi el podio muy muy cerca. Pero, cosas de la Fórmula 1: uno ligero toque manda a los dos coches al garaje; pero un atropello de Hamilton, le permite al británico no solo seguir en pista, sino ir más rápido que el resto con parte del alerón repartido por la pista.

Carlos iba cuarto y al entrar en la última vuelta había abierto el hueco suficiente para que Kimi permaneciese a su cola. Hamilton, seguía siendo pesao con Gasly (a los mandos de un Toro Rosso) y entraron en la última curva en paralelo; los mecánicos del piloto francés, optaron por ver esos metros del Gran Premio desde el box, porque si salían al muro quizás les abofeteaba la sorpresa de que Hamilton había superado a su piloto; pero cuando vieron que su segundo puesto era irremediable corrieron por el pit-lane para felicitar a Gasly desde las vallas y celebrar que el francés es mucho mejor piloto con un coche mucho peor, pero sin tener que compartir box con Maximiliano Morritos Verstappen.

Total que va Hamilton y nada más salir del coche dice que debe ser sancionado, y justo antes la FIA dice que va a esperar a que Hamilton declare para emitir una sanción o no. El deporte más veloz del planeta, relativiza su velocidad cuando intervine Hamilton. Carlos marchándose al motorhome y Hamilton diciendo que debería subir al podio. Más de lo mismo de Hamilton en rueda de prensa, más de los mismo de Hamilton a los micrófonos de todo el mundo y la FIA decide seguir esperando. Va Hamilton a declarar al cuartito de cámaras de la FIA y dice lo mismo que llevaba diciendo de que se bajó del coche y a todo esto la FIA diciéndole: "Pero no, hombre, no, tú tenías el interior de la curva. Albon tenía más pista a su derecha"... Un tira y afloja para darle el podio a Hamilton. Finalmente, los mandamases de las carreras no consiguen convencer a Hamilton de que él lo había hecho bien y el resto de pilotos mal y decide poner un sanción de cinco segundo a Hamilton. Carlos Sainz sube al podio; o eso sería lo normal, ¿no?, se inicia, entonces, una larguísima espera porque McLaren, con excelente criterio, no quiere celebrar el podio porque la misma FIA inició una investigación en mitad de la carrera porque "algunos pilotos" habían utilizado el DRS bajo régimen de banderas amarillas por la avería de Bottas y, lamentablemente (o no), Sainz estaba en ese grupo de "algunos pilotos".

El caso es que el resto del paddock estaba recogiendo y McLaren esperando a ver si le daban el podio o qué cojones pasaba. Movistar saca las imágenes de Carlos Sainz abriendo el DRS (y cerrándolo) y resulta increíble como con una prueba tan sumamente clara, aún te puedes esperar lo que sea de la FIA. El mánager de McLaren se harta de esperar y va a la FIA a montar el pollo; y en la FIA le preguntan por qué no estaba celebrando el podio; McLaren responde que porque Carlos Sainz estaba siendo investigado; investigado, ¿de qué?; hombre del DRS en banderas amarillas; ¿Ah, sí?; Si vuelta 57, a las 19:15 UTC, Bottas abandona, sale las banderas amarillas (explicación); Ah, vale, vale, vale, déjame mirarlo; (Espera); Uy, pues mira, tengo ya el ordenador apagado y cuesta mucho de encender... emmm... os damos el podio, ¿vale?; (palabras de celebración en inglés) ¿Y esa copa y esa botella de champán vacía?; Ah, claro, ya sé porque venís, es que Hamilton lo ha dejado aquí para Charles Leclerc... espera ese el de Ferrari, quiero decir Charles el vuestro, Charles Seat creo que se llama.

Albert Fabrega, que esperaba la salida del mánager de McLaren, grita por el micro: "Hay podio, hay podio, hay podio para Carlos Sainz". Noemi de Miguel que oye todo lo que Fabrega dice, se lo transmite a Carlos y explota en júbilo, júbilo británico, el motorhome de McLaren. Pinta de Estrella Galicia en mano, Carlos, su equipo y la nube de periodistas se marchan al podio dispuestos a subirse. Le dan el trofeo (Heinekein), le dan la botella de champán. Que pum, que pam, que pim, que pom y centésimo podio de automovilismo español; el mejor de todos. Salía último.


miércoles, 30 de octubre de 2019

Algún día os contaré como hice ganar al Levante en Anoeta

Y ese día ha llegado estimados lectores. El inicio de todo se sitúa en una de las aulas de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería. No soy ingeniero ni nada: simplemente no sabían donde meter mi grado y lo pusieron donde había hueco. Se nos estaba intentando explicar cómo llevar a cabo el transbase con una señal del plano z al plano temporal: nada recomendable por si sentís la tentación de probar. Escribía yo en mi libreta ecuaciones imposibles de resolver cuando digo yo que la pelota echó a rodar en Anoeta. La clase terminó a la media hora de juego y trabajo me costó no enterarme de cómo iban. No quise enterarme del resultado, primero, en clase porque bastante tenía yo con el plano z como para tener que preocuparme por que Morales diese un pase en condiciones; y no quise saberlo al salir de clase porque la parte granota-pesismista de mi reflexionó sobre la utilidad, o más bien la inutilidad, llevarse un disgusto en el camino de vuelta a casa.

Abrí la puerta en el descanso y la tele estaba apagada; imposible enterarse del resultado. Sin embargo, la voz alegre de mi padre me invitó a pensar que mal no lo estábamos haciendo. Que el resultado era bueno. Aunque claro, mi padre también es granota y es posible que sonría ante una derrota por la mínima en Anoeta o un empate a uno o que no nos hayan expulsado a nadie a pesar de cargar con tres goles, ve tú a saber porqué un granota puede llegar a sonreír. Me cambié de ropa, me puse el pijama y en el trayecto de la habitación al comedor deposité los calcetines en la lavadora. Me senté en el sofá, enchufé la tele y la pelota echó a rodar poco después. CERO A DOS, ni en mis mejores sueños.

Pero William José metió un tanto que a punto estuvo Aitor de mandarlo fuera. No llevaba ni un minuto viendo el partido. Un instante antes, justo un instante antes de que la pelota besase la red, un idea atravesó mi cerebro y gracias a la Virgen de los Desamparados no me la pude sacar de la cabeza. Apagué la tele y subí las escaleras de mi casa y le pregunté-avisé a mi padre: "¿Me voy!". "¿A dónde?". "A dar una vuelta de cuarenta y cinco minutos y vuelvo. ¿Me voy?". "Haz lo que quieras- resignado". Bajé las escaleras, saqué los calcetines de la lavadora y me los puse. Misma camiseta, mismos pantalones, mismas zapatillas. móvil en el mismo sitio, llaves en el mismo sitio, me cargué la mochila a la espalda y antes de salir de casa volví a avisar: "Me voy".

Decidí andar hasta las 20:30h en una dirección y volver sobre mis pasos. Pensé que prefería no ver ganar al Levante, a verlos perder. Imbécil de mi, me embauque en lo que creía un sacrificio. Y para ahondar en la penitencia y centrar todas mis fuerzas en Anoeta y els blaugranes estuve rezando todo el camino: "Vamos, vamos, vamos campeón//Tú eres, tú eres, tú eres mi pasión//Solo, solo, solo sé// que animaré a mi Levante" y vuelta a empezar. ¿Se puede llegar a estar cuarenta y cinco minutos seguidos andando y solo pensando en una única cosa? Sí, todo sea por los tres puntos y por el Llevant. Me paré junto a un paso de cebra sin semáforo. Hubo un momento que paré de cantar repentinamente y pensé que el juego estaba parado y luego, cuando volví a mi casa, vi el penalti no señalado... Continué andando hasta el pueblo de al lado: Godella. Ya eran las 20:30h pero decidí andar algo más por si el partido se alargaba más de la cuenta por ese parón e iba a llegar justo para que Oyarzabal metiese el tercero.

Durante mi trayecto, fui viendo a pequeños frames el partido de la chotera contra el Sevilla Fútbol Club en los bares que si retransmitían la pachanga en Mestalla, pero no la de Anoeta. Me paré a ver una falta que tiró Parejo a la barrera porque lo creí conveniente para salvar el tiempo de descuento en San Sebastián. En todas las televisiones de todos los bares la panda de pequeñas cabras de Aragón iba perdiendo. En todas, menos en la última que vi.

Enfilé la calle de mi casa, mochila a cuestas cuarenta y cinco minutos después y me dio un subidón importante: "VAMOS, VAMOS. VAMOS CAMPEÓN//TÚ ERES, TÚ ERES, TÚ ERES MI PASIÓN//SOLO, SOLO, SOLO SÉ// QUE ANIMARÉ A MI LEVANTE". Menos mal que las calles del pueblo de Burjassot un miércoles al filo de las nueve de la noche quedan poco transitadas. Llegué el portal de mi casa completamente seguro de que habíamos ganado. Completamente seguro de que habíamos ganado porque me había ido a dar una vuelta. Completamente seguro de que habíamos ganado uno tres. Me desvestí, encendí la tele y me vi el partido a una velocidad sesenta y cuatro veces la normal, y solo en ese momento sentí el pánico de no haber ganado. El partido acabó uno a dos.

Basado en hechos reales. 

domingo, 13 de octubre de 2019

La historia de una maratón nocturna

La historia de esta maratón nocturna empieza el viernes al mediodía cuando me enteré que el tifón llevaba la clasificación del sábado al domingo. No mentiré: la idea de pasarme parte de la noche del sábado viendo Fórmula 1 y terminar con el desayuno del domingo me pareció bastante apetecible; sí, soy fácil de seducir. Motivo: clasificación y carrera separadas solo por unas pocas horas y en la otra punta del mundo. Llegados a este punto lo que no me podía permitir era pretender pasar la noche en vela a pelo, sin una mala siesta; las malas experiencias con los partidos de Nadal del US Open que pasaban de las tres de la mañana me mantenían alerta. Sin embargo, la siesta a penas alcanzó las tres horas y mientras salía de la cama a las nueve en punto me temía lo peor.

Llegar despierto a las tres de la madrugadora resultó muy fácil, ayudó bastante que el programa previo empezase a las dos y sobretodo el tener que estar pendiente de mutear a Iñaki Cano cada vez que la cámara enfocaba a esos dientes demasiado grandes para esa boca. También ayudó, no nos engañemos, que la clasificación fuese tan, tan surrealista. Para empezar los dos Ferrari y Sainz salieron a la Q1 con neumáticos duros, y para continuar estos tres exploradores intrépidos ni pudieron marcar un registro en el primer sector porque antes Robert Kubitsa ya había empotrado su carrito de la compra Williams contra el muro en plena recta; "el viento" le echó un capote su compañero de equipo a través de la radio desde el box. Algo menos surrealista fue ver a un taxista de Hass envuelto en idéntico escenario al de Robert poco después de que se levantase la bandera roja; el mismo viento que estrelló antes al polaco contra el muro zaranadeó a Magnussen fuera de los límites del asfalto del tal forma que creyó que había sido su compañero taxista quien se lo había quitado de encima. Nueva bandera roja, nuevo recorte de tiempo importante a la sesión y ahora sí que había celeridad por dejar la impronta en la tabla de tiempos cuanto antes. La aglomeración de monoplazas al final del pit-lane fue tal que hubo quien prefirió intentar una única vuelta libre de tráfico a sumar dos intentos rodeados de coches: a Grosjean le salió bien jugarse todo a una carta, pero el tiempo de Pérez no fue bueno y en la segundo tanda del resto de la parrilla lo vapulearon. Ricciardo fue quien menos exprimió a su coche y al caer la bandera quedó eliminado junto a Pérez, Russell, Kúbica y Magunssen.

Gasly hizo diabluras cuando superó la Q2 a los mandos de su limitado Toro Rosso, no menos diabólico fue la clasificación a la última ronda del Hass conducido por su limitado Grosjean. Hülkenberg, ambos Alfa Romeo, Daniil Kvyat y Lance Stroll se quedaron por el camino. Llegaba la hora de verdad, era tiempo de pole y nada hubiese apostado un solo duro por Ferrari el viernes por la tarde, pero los hombres de Binotto dieron con el mapa del tesoro, cambiaron las disposición de sus monoplazas y el coche mejoró siete décimas; las suficientes como para que Vettel pusiese la Fórmula 1 patas arriba con su primer turno de vuelta cronometrada. Ni te cuento ya cuando consiguió la pole position por primera vez desde que se pensaba que el oceano Atlántico estabs cercenado por abismales acantilados, Charles Leclerc acompañaría a Vettel en primera fila y la cara sorprendida de Binotto, el jefe ferrarista, representaba a todo aquel que siguiese despierto: no tanto por el doblete de los coches rojos sino porque Bottas había quedado por delante de Hamilton.

Los momentos siguientes fueron de negociación conmigo mismo, me duermo o aguanto como un campeón. Eran las 04:15 y entendí que si me dormía, cuando sonase la alarma a las 06:45... la Fórmula 1 me parecería algo menos importante que cerrar los ojos otra vez. Sabía decisión -pensé. Me leí varias crónicas del partido de la Selección Española en Oslo y me puse un par de capítulos de los Simpsons para no dormirme; cuando quise darme cuenta la pareja del momento, es decir, Noemi de Miguel y Marc Gené restransmitían desde Japón. Pero qué genio eres -pensé. A todo esto, GradaCentralAlta ha tenido acceso a cierta información confidencial y que gustosamente os la desvelaré: Marc Gené tiene un anillo de bodas guardado en el bolsillo desde que Noemi de Miguel le preguntó por primera vez qué tal estaba respondiendo Vettel a las mejoras del Ferrari; todo lo que no sea un matrimonio será una decepción para mi. Que si tal, que si cual, que si salen algunos coches del box, que si siguen arreglando el coche de Kúbica, que si un fotografo tirado en el suelo para hacerle una foto a Gasly, que pim, que pam, que pom, que pum, ya eran las siete y diez y empezaba la vuelta de formación. Los cinco semáforos rojos se apagaron delante de toda la parrilla, pero los Ferrari y Hamilton dudaron de que si lo que veían era la vida real o solo fantasia. A Bottas que le bastaba con salir bien, salió muy bien para ponerse líder mucho antes de tocar el pedal del freno. Total que va Leclerc, que salia segundo, se empareja con Verstappen, que salía quinto, el coche no le gira como debía y se lleva por delante a neerlandés. Y a mi, que me encantaría que MadMax diese su vuelta clasificatoria en todos los Grandes Premios a pie, me entró cierta compasión por ese hombre a unos morritos pegado. Carlos Sainz se aprovechó que carril rápido de la salida era interior de la curva y llegó a rodar en tercera posición antes de que Hamilton dejase las cosas claras en la primera de las eses de Suzuka.

Carletes se puso cuarto y con Charles y Max en fuera de juego y con Albon dos puesto más atrás, ¿quién no pensó en una oportuna avería del trio cabecero para que el madridista madrileño consiguiese su primer podio en esta disciplina? Habremos de seguir esperando. Albon cortó por la sano su persecución a Lando Norris y se lo quitó de en medio con rotura de piezas millonarias mediante. Pérez, Ricciardo y Hülkenberg, por su parte, neutralizaron una mala clasificación con unas primeras vueltas escandalosas; Grosjean, todo lo contrario, su coche ya no sabe que hacer. Nos sumergimos, en ese instante, en las típicas vuetas del montón ligeramente animadas por la escalada de Leclerc y la pseudo-persecución de Albon a Sainz; pero como el circuito era Suzuka siempre puedes entretenerte con unas gradas llenas, una curva bonita o apretando los dientes con cualquier pequeño ajuste en la dirección porque que no se olvide que salirse de la pista en este circuito implica, como mínimo, ponerse a la cola.

La variación del SetUp que había permitido a Ferrari copar la primera línea también provocó un peor trato de los neumáticos. Mercedes, lejos de mutilar a Vettel con undercut moviendo a Hamilton, esperó, esperó, esperó y esperó y cuando Vettel entró en boxes, protegió la posición de Bottas que no necesitaba protección y confió en el overcut, cosa que casi nunca funciona, con Hamilton. Parece ser que a Toto Wolff no le vale con ganar, sino que debe hacer doblete con la peor estrategia posible para demostrar la superioridad de la raza aria. Mercedes lleva seis años consecutivos secuestrando el campeonato con un Hamilton lejos de su mejor nivel y con un equipo estratégico que siempre que le han apretado las tuercas ha fallado. El coche y nada más. En la lucha de Sainz, Albon entró a boxes, momento en el que tal vez el madrileño debió entrar para proteger su cuarta plaza y, solo quizás, el equipo se lo comentó; pero Sainz tomó la responsabilidad de la estrategia a una parada para defenderse de la progresión meteórica de Leclerc y obligar al tailandés de RedBull a apurar cada frenada. El resultado: perdió la cuarta plaza y salvó la quinta.

Hamilton salió de boxes unas vueltas de después de Vettel, con neumáticos más duros y sin la necesidad de parar como sí la tenía Vettel. Mercedes tiene el doblete en la mano -pensé. Y cerré los ojos por un instante, cuando los abrí vi la luz de la cocina encendida y a Bottas levantar los brazos desde la cámara subjetiva. Mi hermano, que había visto lo que me perdí de carrera al lado mio y no se dignó a despertarme, me informó de la calidad de las últimas diez vueltas.

Rebobiné y vi la carrera desde donde había cerrado los ojos. Vettel había parado obligatoriamente porque tenía que usar un juego distinto a los blandos y Bottas había parado porque de poco servía estirar hasta la extenuación su compuesto de neumáticos medio, ello puso a Hamilton primero. Quedaban diez vueltas y el señor de Amazon dijo que los neumáticos de Hamilton estaban bien, pero Mercedes lo hizo parar porque... ya saben hay que correr con la peor estrategia. Y lo que pudo ser un doblete fácil, se convirtió en un persecución absurda y en unos intentos desesperados en los que Hamilton contaba con unas gomas más castigadas que las de Vettel. Mercedes falló en la estrategia, de hecho, volvió a fallar; pero Hamilton es un pesao, cuando no son unos neumáticos desgastados, es el rebufo del de delante, cuando no, es que los Ferraris corren mucho y si todo está en su sitio es que en este circuito no se puede adelantar y los ingenieros tiene que pensar en un truco de magia que le dé la victoria. Porque cuando no gana casi siempre es: «si hubiéramos puesto tal neumático o si hubiéramos hecho tal estrategia... tengo que hablar con el equipo para que no vuelva a suceder». Porque es muy fácil mirar atrás y señalar si las cosas han salido mal y sonreir si las cosas han salido bien, y muy dificil asumir la responsabilidad de la estrategia, declinar las recomendaciones de tu ingeniero y dedicar cada curva expresamente a potenciar tu apuesta para ser quinto con un McLaren. Porque es muy fácil subir al podio con cara de perro por haber quedado tercero quince días antes de reafirmarte como el mejor piloto de la tierra y muy dificil dedicarle una sonrisa en un día duro a tus compañeros de trabajo cuando se han proclamado, otra vez, los mejores del mundo. En el próximo Gran Premio en México DF, Hamilton tiene la primera opción de ser campeón del mundo por sexta vez. Y tal y como esta ahora mismo la parrilla, de ganar la carrera lo más seguro es que acabe la noche celebrando en cualquier garito de los alrededores del Hermanos Rodríguez. El año que viene podrá igualar a Michael Schumacher como el piloto más laureado de la historia. Pero cuando, como digo, se reafirmarme como el mejor piloto de la tierra ya sea en México, en Texas, en Sao Paulo o en Abu Dhabi lo hará sin ser, ni muchisimo menos, el hombre del campeonato porque antes de él estarán Verstappen y Leclerc, Gasly y Albon, Helmut Marko, el año entero de Vettel hasta que consiguió una victoria, el smooth operator de Carlos Sainz, el café de Valtteri Bottas, Cyril Abiteboul despejando balones, Robert Kubitsa, el Gran Premio de Alemania, el japo que se ha vestido de Vettel, la fisio rubia de Hamilton que está en todas partes, Totto Wolff pegándole puñetazos a la mesa, la Q Race, el peinado de Hamilton y luego, por último, la alegría postiza del seis veces campeón del mundo cuando Bottas ya no le pueda superar en la clasificación.