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lunes, 4 de mayo de 2020

El maldito Hamilton - Edición Cuarentena

Hasta llegar al Gran Premio de España, que hoy cumple 359 días, habíamos contado con el placer de ver a Hamilton, sin más. Desde que Rosberg colgó el casco bajo los fuegos artificiales en la noche de Abu Dhabi con un campeonato del mundo bajo el brazo, no habíamos tenido el gusto de ver a ese Hamilton que se deja de mamonadas y conduce lo mejor que puede. El sábado, en clasificación, le sirvió la pole position a Bottas cuando falló en repetidas ocasiones mientras daba su vuelta rápida (para muchos 2019 es un año brillante de Hamilton); pero el domingo se puso primero en la salida y el circuito de Montmeló hizo el resto. Nunca Bottas ha estado tan cerca ser campeón como aquella mañana primaveral bañada por el viento mediterráneo.

Desde entonces, al mirar al sombrío piloto británico solo hemos visto al puto Hamilton. Ese que el jueves aparece en el circuito con chaqueta Puma y con gorro negro, el viernes viene con sudadera de Tommy y gorro rojo; y el domingo se pone manga corta y no habla con nadie en el Drivers' Parade. El mismo que hace una maleta la segunda semana de Mayo y ordena incorporar en su equipaje dos gorros distintos. Ese que va de la parrilla de salida al baño en patinete. Ese que saluda al público mientras David Coulthard intenta hacerle una pregunta. Ese que quiere saber qué tiempos está haciendo su perseguidor cuando ni en la recta principal logra verlo por el retrovisor. Ese que no para de quejarse de que el Safety Car va lento. El mismo puto Hamilton que después de encadenar quince vueltas rápidas en primera posición, comete un error porque no se vayan a creer que ganar una carrera es fácil.

Querido lector, no se lleve a engaño. No es la primera carrera de Fórmula 1 que veo desde que entramos a casa por última vez. Pero sí es la primera vez que acabó la carrera y todavía son las ocho de la tarde. "¿Qué puede hacer un hombre como yo a una hora como esta?". El contárselo a GradaCentralAlta ni siquiera ha sido objeto de duda. Tampoco se equivoque, Ned Flanders ha titulado esta entrada porque El puto Hamilton queda feo como carta de presentación.

Total, que, como ya os he dejado caer, Hamilton salió mejor que Bottas, y Vettel salió mucho mejor que balas plateadas. Al llegar a la primera curva Hamilton iba por el interior, Bottas por el centro de la pista y Vettel por fuera. Vettel y Bottas se estorban, Hamilton pasa primero y gana la carrera. Hasta aquí Mercedes. Pero claro; si la Fórmula 1 empezase y terminase donde los primeros clasificados, el invento no habría durado ni un año. Por tanto, sigo.
El jueves

Verstappen, que salía cuarto porque Leclerc había tenido problemas en la clasificación, aprovechó que los del trío cabecero quisieron hacer la primera curva todos juntos para colarse en la última plaza que daba acceso al podio. Carlos Sainz, que vio apagarse los semáforos desde la posición de la afición, se puso undécimo porque su compañero Lando Norris estimó que lo óptimo para empezar el Gran Premio era pasar de décimo a decimosexto en la mayor brevedad posible.

Juro no exagerar: a Sebastian Vettel le castañeaban los dientes al final de la recta principal porque en la salida le dio con demasiada alegría al pedal del freno en la acción que ya hemos relatado dos veces. Y ello, además de resultar incómodo, le hacía ir lento. Leclerc, que no pudo beneficiarse del alemán en los compases iniciales, no estaba dispuesto a perder tiempo de ninguna manera y mucho menos tras la caja de cambios de su compañero de equipo. Binotto dio luz verde al movimiento y Leclerc pasó a ser cuarto al mismo tiempo que pasaba a ser más rápido.

Mientras tanto, a otro al que le pesaba el coche era a Carlos Sainz. El coche no estaba para ir undécimo y Ricciardo sumaba vueltas absorbido por el rebufo de el de la capital. Ricciardo hizo lo que mejor se le da: sonreír, cuando pasó a Sainz justo antes de la parada en boxes. Pero el de McLaren le devolvió el adelantamiento tras el cambio de neumáticos y con la ayuda de Hamilton que se desdobló del australiano pero no del español, pues lo pasó mientras hacía la parada.

El viernes
Echando más la vista atrás en la parrilla, porque la carrera no daba para mucho, Norris y luego Hülkenberg se chocaron contra el muro que Lance Stroll había alzado como prolongación de su alerón trasero. Si pasaban al multimillonario canadiense, se colocarían decimoquintos. No se pudo ver esa batalla por pantalla, pero resultó interesante imaginársela a través de los tiempos mientras la FOM nos enseñaba como Hamilton perseguía al aire. Os lo resumo: Hülkenberg solo pasó a Stroll cuando este entró en el Pit Lane.

Y ya que estamos hablando de las paradas... la carrera empezaba a levantarse del suelo. Verstappen negó con la cabeza cuando Gianpiero Lambiase, su ingeniero y que tiene el cielo gana'o, le preguntó por el estado de sus neumáticos. Por eso el neerlandés apostó por dos paradas. Ferrari que, aunque sea por vieja, sabe; distanció a Leclerc tanto como pudo, en términos estratégicos, calzándolo con el neumático duro: iba a una parada. Sebastian Vettel, era otro que iba a dos paradas por pasarse de frenada en el primera curva del Gran Premio, adelantaba a Leclerc por orden del equipo mientras cruzaba los dedos por sacarle 22 segundos.

A Leclerc lo estaban cazando Verstappen y Vettel, que ya habían efectuado su segunda parada; sin embargo, las características del trazado barcelonés, que complican el adelantamiento, jugaban a favor de el del Principado. Por si faltaban poco, Mercedes le metió un tiro en el pie a Bottas (que no a ellos mismos) cuando lo paró en boxes para que saliese detrás del Leclerc. Leclerc estaba segundo y tenía por delante 20 vueltas para defenderse de todos.

Fue en este punto álgido de la carrera cuando sucedió el único Safety Car dramáticamente inoportuno de la historia de la Fórmula 1. Lando Norris ya olía a Stroll después de 44 vueltas viendo la vida de color de rosa. Intentó el adelantamiento y Stroll supuso que Norris se apartaría al inicio de la segunda curva como habría hecho cualquiera de sus mayordomos. Acabó mal. Stroll a un lado de la pista, Norris al otro y grava en la trazada. En la sala de comisario gritaron: "Safety Car". La desilusión fue generalizada.
El domingo

Y, espérate que las desgracias no vienen solas: Ferrari que podía quedar segunda con Leclerc, se aseguraron el quinto puesto (que ya tenían asegurado) mandándolo entrar a boxes. Adiós, defensa de Leclerc, adiós ataque inoperante de Bottas, adiós a Verstappen arrancándole la cabeza a Bottas, adiós a Vettel trompeando mientras intentaba adelantar a cualquiera de los tres y, sobretodo, adiós al podio de Ferrari. Parece mentira que los italianos lleven en esto desde que empezó.

Este Safety Car fue el único dramáticamente inoportuno de la historia de la Fórmula 1, pero sí guarda un punto en común con el resto: fue repentino. Por eso los mecánicos de Toro Rosso tuvieron que improvisar la parada de Daniil y Alexander y, por eso, Sainz, que tenía previsto resistir con sus neumáticos desgastados, entró en boxes porque si lo hacía adelantaba a Albon y cambiaba las ruedas en un solo movimiento.

A la carrera le faltaba un suspiro y, en el relanzamiento, Carlos adelantó a Kvyat a su paso por la recta principal. Paralelamente los dos taxistas de Hass, séptimo y octavo durante todo el fin de semana hasta eso momento, se zurraron de hostias en la primera curva. Grosjean cortó por lo sano y cruzó por el resalto a toda velocidad. Dos vueltas después los taxistas repitieron la secuencia. Sainz miraba desde la retaguardia. La segunda excursión del piloto francés, aunque nacido en Ginebra, dañó el fondo plano de su monoplaza. Carlos intentó el adelantamiento sobre el mermado Hass, pero Grosjean volvió a cruzar por el resalto. Su coche no podía más, la espalda del francés tampoco. Sainz adelantó Grosjean mucho antes de la frenada de la primera curva, Kvyat hizo lo propio y a Albon le faltaron tres vueltas. Günther Steiner, director de los taxistas, se quería arrancar las pestañas una a una.

Y así fue como Carlos Sainz, salió duodécimo y terminó octavo con un coche que no estaba ni para ir undécimo, en su enésima excelente carrera del año. Este sí que hizo una temporada brillante.

Ha estado divertido el hablar largo y tendido.


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