Ayer por la tarde, España fue bendecida con el segundo campeonato del mundo del piloto asturiano Fernando Alonso. Para no dejar espacio a las media verdades, el mundial está decidido desde que el motor Ferrari de Michael Schumacher dijo basta hace dos domingos a orillas del Pacífico en Suzuka; pero en un deporte en el que se calcula el grado de inclinación óptimo del aletín más pequeño del coche, las matemáticas mandan. Y cuando Fernando Alonso embarcó rumbo a Sao Paulo aún no era bicampeón del mundo. Para ello solo necesitaba acabar la carrera entre los ocho primeros o, directamente, que Schumacher no ganara. Y la cosa se puso interesante el sábado en clasificación cuando Alonso consiguió el cuarto mejor tiempo y al alemán se le volvió a averiar el buga y terminó décimo.
Total que se apagaron los semáforos y la parilla no varió un ápice. Tuvimos que esperar a la cuarta curva del circuito para ver el primer adelantamiento de El Káiser en su particular remontada que, milagro mediante, le proporcionaría su octavo entorchado; y fue por partida doble, a los dos BMW Sauber que, de paso, veían peligrar su quinta plaza en el campeonato de marcas. Justo detrás de la exhibición del heptacampeón, a su compatriota Rosberg le crujieron las costuras; cualquiera diría que vienen del mismo sitio: estampó su coche contra el de, nada menos, que su compañero de equipo. Un cierre para los de Frank Williams a la altura de su temporada. En ello, Button aprovechó la coyuntura para no solo adelantar a la pareja de Grove sino para también superar a Nick Heidfeld y a Pedro Martínez de la Rosa, al que la gasolina se le salía por los respiraderos porque el sábado metió la pata en clasificación.
Sin embargo, a la caricatura de Rosberg aún le faltaba la firma final: y el hijo de Keke (campeón del mundo el año en el que nuestro Alonso cumplió un año) volvió a estampar su coche pero esta vez contra las protecciones; el pelazo del paddock no calculó que sin alerón delantero las curvas no pueden tomarse a la misma velocidad y destrozó el coche. Se dice que los mecánicos no acabaron el día contentos. Mientras Nico comprobaba la capacidad de absorción de los neumáticos apilados, Fisichella adelantó a Barrichello y Michael a su hermano Ralf en la primera curva de la segunda vuelta. Y, acto seguido, el heptacampeón superó poco después al propio Barrichello al final de la recta Oposta. El Safety Car se desplegó sobre la pista en el instante posterior a que el piloto de Ferrari sobrepasase a su ex-compañero de equipo. Schumacher ya era sexto y solo habían transcurrido dos vuelta; mientras Barrichello, que rodó cuarto durante unos metros en la salida, pasó a ser séptimo.
El coche de seguridad apagó las luces y tomó el camino que lo conducía al pit lane. Jenson Button, que seguía con el pie izquierdo caliente, superó sin ningún pudor a Ralf Schumacher y Robert Kúbica en la reanudación. Marchaba octavo. A pesar de que Massa, líder de la prueba, no seguía a ningún Mercedes de serie, sí que quedó algún Safety Car todavía en pista: desde la tercera posición Jarno Trulli hizo el tapón que todos los domingos nos tiene acostumbrados a hacer. Peligro para Alonso que veía a Fisichella y a El Káiser acercarse peligrosamente a su zaga, así como el resto de monoplazas. No obstante, todos los peligros para el de Oviedo se esfumaron en cuestión de unas pocas vueltas: Michael Schumacher cometió un error infantil muy poco después de adelantar a Fisichella cuando cerró la trazada demasiado pronto y pichó su neumático con el alerón del italiano. Y, después, la suspensión de Jarno Trulli dijo basta y aparcó el coche en garaje. Ralf Schumacher, compañero de equipo de Jarno, se retiró por el mismo problema una vuelta antes, pero la FOM no nos sacó nada: ¡Qué sorpresa!
Ya metidos en harina. Fernando Alonso, tan amigo de estirar las paradas hasta el infinito, aprovechó que Kimi ya había pasado al pit lane para robarle la cartera con un coche mucho menos cargado de combustible y, por tanto, mucho más rápido. El asturiano, que lideró la carrera por dos vueltas, emergió segundo tras su parada. Algo parecido acometió Jenson Button: adelantó a Fisichella y a Barrichello valiéndose de unas vueltas con un coche mucho más ligero que el de sus rivales. Como guinda, el guaperas británico, dos vueltas después de su parada, frenó con el cuchillo entre los dientes en la curva uno y dejó helado a Ice Man, que, en pocos minutos, pasó de segundo a cuarto. De la Rosa, por su parte, fue el único piloto, de los contendientes a puntos, que propuso completar las 71 vueltas de Gran Premio parando una sola vez a repostar. Pero el de Barcelona rindió por debajo de las expectativas con el tanque de carburante vacío y se tuvo que contentar con solo adelantar a Kúbica tras la segunda parada del polaco. Pedro terminó posiblemente su última carrera con McLaren en octava posición, pero con un podio bajo el brazo conseguido en Hungría.
Y ya que hablamos de la segunda tanda de paradas. Räikkönen lanzó un ataque para subirse al podio durante las dos vueltas que hubo de diferencia entre la parada de Button y la del finés, pero ni aún así Kimi pudo adelantarlo. ¿Qué hubiese sido de tío más guapo de la parrilla si el sábado hubiese clasificado como Dios manda? Alonso, tan amigo de estirar las paradas hasta el infinito, paró plácidamente como cinco vueltas después (no lo recuerdo con exactitud) de Button.
Y mientras Schumacher a la suya: pasando a todo aquel que se presentase en la pista, con un coche que hasta en dos ocasiones se quedó sin potencia a la salida de la curva 10. Quedaban quince vueltas, iba sexto, y ya habitaba el rebufo de Fisichella. El italiano cedió pocas vueltas después tras un fallo fruto de la intimidación de El Káiser. El heptacampeón podría haber hecho su último adelantamiento en la Fórmula 1 solo valiéndose de sus galones. Pero hubiera sido un final demasiado tosco para una carrera tan brillante y a cuatro vueltas del final superó a Räikkönen en el interior de la curva uno tras una maniobra para el recuerdo. Button estaba ya demasiado lejos para las vueltas que restaban y la remontada del siete veces campeón terminó en los arrabales del podio. ¿Qué hubiera pasado con Schumacher si quitamos el error infantil en su adelantamiento a Fisichella? Probablemente habríamos asistido a una remontada del décimo hasta la victoria para terminar su carrera deportiva. Eso sí, con el beneplácito de Felipe Massa que ayer fue el hombre más rápido y con honda diferencia.
Ahora Fernando Alonso queda huérfano de rivales y con toda una trayectoria por delante. Con veinticinco años y dos títulos mundiales en su haber, nadie le pone techo al asturiano que los próximos tres años correrá para McLaren.
Post-Data: Todavía no sabemos quien es Hamilton.
Spoiler: Todo se fue a la puta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario