Cualquier cosa que no sea un doblete significa una derrota para Mercedes. Ayer, el coche más lento de la estrella de tres puntas acabó su vuelta rápida un segundo antes que el coche más rápido del resto de la parrilla. El doblete, en condiciones normales como las de hoy, es una obligación. Por tanto, no ganar es un drama. El amigo Max Verstappen, con la inestimable compañía de RedBull y su ingeniero Giampiero (que tiene el cielo ganado, el bendito), les ha hecho la trece-catorce a las balas plateadas; que, al lado de Max, parecen solo bolas de goma plateadas. Decir, tras la bandera de cuadros que te han levantado la victoria porque han salido ampollas en los neumáticos, cuando Mercedes podría haber conseguido la pole position ayer aún con el sistema de ahorro de combustible activado, es una escusa a la altura del puto Hamilton; tampoco nos llevemos la manos a la cabeza.
La carrera, nadie lo puede negar, se presentaba interesante: Valtteri Bottas le birló por escasas milésimas de segundo la primera posición en la parrilla de salida al seis veces campeón y el ojito derecho de medio planeta, Nico Hülkenberg, partía justo detrás del finés y del yerno que toda suegra desea evitar. Que tire el primer motor Ferrari... perdón: que tire la primera piedra quien no tenía ganas de carreras hoy por la mañana. Pero la cosa se puso más interesante todavía cuando Albon no aguantó más de siete vueltas con el mismo juego de neumáticos; Gasly, que fue a cubrir el ataque, paró una vuelta después, pero toda la clase media se apuntó los beneficios porque el ajedrecista que ordenó el movimiento sobreestimó el buen rendimiento de AlfaTauri a lo largo del fin de semana. A Bottas le estaban poniendo la oreja de plástico desde las primeras vueltas porque sus neumáticos izquierdos estaban en un estado "crítico" y el asunto no mejoraba al otro lado del garaje: Hamilton comenzó a sentir aliento neerlandés en su nuca. La gente, mientras tanto, parando... Mercedes dijo basta a las quince vueltas, y fue entonces cuando MadMax tuvo a bien salir a pista.
Verstappen, sin Mercedes en el camino, empezó a rodar cada vez más rápido. Y la pareja de coches negros, liderada por Valtteri Bottas, perdía tiempo a pesar de contar con juego de neumáticos a estrenar. Cuando MadMax decidió que ya había tenido suficiente, enfiló la calle de boxes, emergió segundo y tres curvas después adelantó a recién renovado piloto de Mercedes para ponerse líder con el mismo número de paradas que sus rivales. Desnortados al ver como un buen piloto podía reducir a nada la diferencia entre su coche y el resto, en Mercedes empezaron a competir con prisas. "Parad a Bottas y haced algo, ¡coño!" -este sucedáneo de portal web ha conseguido colocar un micrófono en el muro de Mercedes y estas fueron las palabras exactas, aunque en inglés, que quién quiera que estuviese al mando le dijo al ingeniero de Vál-terí. RedBull, que sabe más por ser RedBull que por viejo, respondió parando a Verstappen inmediatamente antes que Bottas, aunque el stint del neerlandés solo fuera de seis vueltas. El Jaque Mate fue de libro, y tú pensando que todo el mundo hacía estrategias como Ferrari (o Mercedes).
Pero claro, la Fórmula 1 no son solo los primeros puestos. Desde que esta temporada corrió el telón entre las laderas centro-europeas se lleva disputando una pelea con cuchillos de plástico; y cuatro de estos seis señores van propulsados (si es que eso propulsa) con un motor Ferrari. Contra todo pronóstico, el taxista más rápido de lado izquierdo del box de Haas fue ayer el tuerto en el mundo de los ciegos colando su coche en Q2, junto al de George Russell. Pero hoy, Kimi Räikkönen, a pesar de partir desde la última posición, le ha quitado la condición de tuerto al gabacho ese gracias a una estrategia de una solo parada que le ha valido la decimoquinta plaza.
Y sin dejar de lado el mundo de los ciegos, el amigo Magnussen ha demostrado, de nuevo, que té cosetes que no pertenecen a un taxista: en tan solo tres curvas ha llevado su coche de la decimoséptima plaza a la decimotercera, después ha empezado a caer en la clasificación, ha usado artes intimidatorias ilegales con el pobre Latifi que le ha costado una losa de cinco segundos y, por último, ha acabado la carrera aparcando su coche en el garaje siendo este el único abandono del Gran Premio; si la realización no nos lo enseña, ni nos damos cuenta. La carrera ha terminado con el mismo número de pilotos con el que ha empezado.
Quien sí usó artes intimidatorias legales fue Carlos Sainz, que intentó adelantar por el exterior a Ricciardo y este trompeó cometiendo un error impropio de uno de los hombres más rápido del mundo con un volante en las manos. No fue el único trompo que evitó el hijo de El Matador en la tarde del domingo, pues Vettel la lio en la primera curva del Gran Premio; sí, esa que es a fondo. Se puso Carletes cuarto dejando que todos parasen y adelantó, virtualmente, a Gasly y Albon (que fueron los primeros en parar). Hubiese salido noveno, pero a sus mecánicos les dio por hacer manualidades de Art Attack, otra vez. Perdió seis segundos, cuatro posiciones y, lo peor, una ventana sin tráfico en donde poder exprimir sus nuevos neumáticos medios. Atrapado entre el resto de coches de la clase media, tampoco es que el madrileño hoy haya estado especialmente inspirado en el adelantar.
El hombre del día en los últimos diez días vio apagarse los semáforos desde la tercera posición y con un coche que sí le permitía optar a subirse al cajón de una puta vez. A un ratito para terminar el Gran Premio, Nico iba quinto y solo se había visto superado por los dos mejores pilotos de la parrilla (a mucha distancia del tercero y a mucha más distancia de futuro heptacampeón). Verstappen lo había dejado seco en la salida, a pesar de partir con un juego de neumáticos menos adherente; y la cerebral conducción de Leclerc, a una sola parada, había propiciado el adelantamiento en la calle de boxes. Sin embargo, a todos se nos cayó el alma al suelo cuando Hülkenberg entró a boxes con una decena de vueltas por delante; unas vibraciones en los neumáticos convirtieron aquel quinto puesto en este séptimo.
El hijo del dueño lleva dos Grandes Premios escondiendo los motivos que le llevaron a la Fórmula 1 y ha quedado sexto; Albon remontó hasta la quinta plaza; Ocon, que ha representado lo que podía haber sido la carrera de Sainz, fue octavo; Norris, noveno, sin más; Kvyat no se ha equivocado y ha sumado un punto quedando por delante del atropello de su compañero Gasly, Trompettel, los mecánicos de McLaren liando la marrana y Daniel Ricciardo haciendo de taxista. Valtteri Bottas no abrió la brecha de tiempo que Max Verstappen sí consiguió con respecto a Hamilton; y el seis veces campeón adelantó, a dos vueltas del final, a Bottas que no dio si un solo problema. Con este resultado, Verstappen supera al finlandés y se convierte en la alternativa al heptacampeonato hasta, por lo menos, la semana que viene. Montmeló nos espera.

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