Páginas

domingo, 3 de octubre de 2021

No tengo ninguna prisa

Mi corazón es granota. La contínua palpitación que me aferra a este mundo de los vivos está acompasada al ritmo de Pastoret entonando que, en realidad, nuestros colores no son nuestros, sino Suyos. Mi sangre, en lugar de roja, es grana, pero no tengo los ojos azules... a cambio, el ratón de mi ordenador es azul, pero demasiado azul para ser del Levante; podrían confundirme con alguien del Celta si vieran mi ratón del ordenador. En mi funda del móvil no tengo el escudo del decano o a Roger exhibiendo tatus o a Morales ajustándose el brazalete, directamente no tengo funda del móvil; no voy a comprar el pan con el chándal de cuando ganamos la liga hace veinte años... ups; y no, no tengo una cuenta de twitter con la imagen de ningún jugador y en mi biografía no pone #PacoOUT. Aún así soy del Levante, ¿sí?. Hace un tiempo, cuando Rúben Vezo se unió a la causa granota ocho horas antes de posar con sus antiguos compañeros en la foto de la celebración de una eliminatoria de cuartos de final de Copa del Rey contra el Getafe, dejé en negro sobre blanco que: "Mi corazón, henchido de amor hasta el más microscópico de los capilares, late al ritmo del himno interpretado por Pastoret". Y como se puede comprobar, así sigue siendo. No ganamos un partido desde abril, dejando a un lado la vibrante segunda parte contra el Madrid, llevamos tres goles en siete partidos, en los últimos tres no hemos metido ni uno y los puntos se nos escurren entre los dedos como los pelotazos rivales entre nuestra defensa de papel. Pero aún así, queridos chotos, por mucho que crean que no es posible, se puede seguir sintiendo que mis colores, en realidad, no son mios.

Paco López también es un tío que no siente pertenencia por sus propios colores y que se sabe el himno, por cierto. Mi preocupación ayer por la mañana y mi pesar ayer por la tarde no tenían su motivo en contemplar la posibilidad de perder un partido más o en palpar la realidad de haber perdido otro partido más; sino, más bien por entender que el hecho de que un granota deje de dirigir al Levante es más probable de lo que quiero creer. Paco López es la desobendiencia por tener que jugar como un pequeño, por muy grande que sea ser pequeño; es mirarle a los ojos a los mejores y no encerrarse atrás muertos de miedo; es jugar contra los peores a base de dominar el partido. Paco López es entender que Campaña es demasiado bueno para que vaya a pelear balones por arriba; que Morales es demasiado bueno como para ser lateral. Es convencer a Roger de que no se vaya a no sé donde, pero que si se queda tiene que dejar de hacer el cabra; es matar al pollo cuando había ganas de montar el pollo con Vezo; es integrar a Jason cuando el muy capullo dijo que se iba gratis al Valencia a chupar banquillo antes de quedarse aquí. Es la nobleza por encima de la pillería, el fútbol por encima de las triquiñuelas, el proceso por encima del resultado, es el entretenimiento por encima del sufrimiento. Paco López es el orgullo de ser granota y el orgullo de ser valenciano.

La situación ejemplifica como una enorme cadena de otras situaciones más pequeñas puede dejar que el futuro de PacoLo penda de un hilo tan sumamente fino. Cuando la temporada pasada acabó, con la victoria por la mínima antes de Fallas contra los chotos, el equipo (y yo) nos pegamos unas vacaciones que no te lo crees. No pensé que una victoria en diez partidos, de lo más intranscendentes, pudiera pesar tanto. La temporada empezó, cabe no olvidar, con un recital en la primera parte de los indomables de Paco en la tacita de plata, tampoco pensé que podría ser uno de los últimos; y toda esta historia habría cambiado por completo si Morales convierte el mano a mano o si el partido termina en el 96 en lugar de en el 97. Siete días después, el tiro de Cantero a puerta vacía nos habría hecho conseguir, entonces, los puntos que tenemos ahora. En Anoeta, ni nosotros ni aquellos hicimos nada y el punto que perdimos no hubiera cambiado mucho la película y Oyarzabal falló un mano a mano. Contra el Rayo, pese a jugar horrible rozamos una victoria inmerecida, pero necesaria, si el partido hubiera terminado, otra vez, medio minuto antes o si el fuera de juego milimétrico de nuestro segundo gol, hubiera sido un milímetro más atrás. En Elche fue una desgracia el gol en contra y no ganar. Y todos sabemos que si Dani Gómez hubiera enchufado cualquiera de las que tuvo en Alicante, el tierno Celta que visitó Orriols carga con tres goles en cada pierna; prefiero dejar a un lado el penalti fallado por Roger y su disparo a las nubes en una situación más favorable a la de un penalti. El partido del Barça fue el único signo de descenso que juro haber visto este año. Y ayer... el penalti de Miramón en la primera parte podría habernos salido cara, el fuera de juego de su gol podría también habernos salido cara y me hubiera jugado el pase a que si Morales no tira el penalti del empate como un alevín, ganamos el partido. Pero claro, el partido en Cádiz terminó en el 97 y a Morales ayer le pesaron las botas desde los once metros.

El equipo no está muerto. Y no lo está si te fijas en De Frutos pegándose una carrera al sprint de 60 metros con el muslo vendado el día del Celta, en Roger desmarcándose y en Morales pidiéndola a diez del final con dos a cero en el Camp Nou o, por ejemplo, en Pepelu diciéndole a Melero: "Joder que sigo" mientras tenía los gemelos como piedras ayer después de que Morales mandara al limbo la remontada. En dos semanas, cuando recibamos al Getafe en nuestro banquillo podrá sentarse Paco, Muñiz, Alessio o el Bordalás ese, pero sea como sea PacoLo verá el partido, celebrará los goles del Levante y marchará del estadio murmurando que, en realidad, sus colores no son los suyos, sino los del Levante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario