Hace menos de un mes, Fernando Alonso seguramente protagonizó una de las mejores carreras de las más de 350 que ha disputado. En México estaba dando un recital hasta que la mecánica francesa pasó de hacer sus típicos movimientos mecánicos a otros, cada vez más típicos, pero explosivos. Te venden un Renault cuando acaban las carreras: "Hablemos del motor", dicen. En Interlagos, Fernando también ha dado un repasito. Un repasito a Ocon, que ahora mismo parece Hamilton en 2008, y a su señor jefe, que prefirió a Ocon antes que a Alonso, a Piastri antes que a Alonso y a Gasly antes que Alonso. Con 41 años y una caja de cerillas con volante, Alonso está pilotando a un nivel que chavales en su justo punto de madurez no podrían alcanzar ni por una sola carrera. Si El Nano hubiera pilotado en el lugar de cierto heptacampeón, para empezar, Mercedes no hubiera tenido que esperar a la vigésimo primera y penúltima oportunidad de la temporada para que su piloto novato evitase un año en blanco con una máquina digna para ganar carreras.
Por un momento me planteo que la españolidad se me va a desbordar por los poros antes de que me dé cuenta, después pienso que tal vez ya haya impregnado a estas palabras de ese tan apetitoso sabor ibérico. Finalmente, pienso que, junto con mi coleguita mister consistencia, los dos representantes de la piel de toro en el paddock de la Fórmula 1 han puesto el mundillo patas arriba. Carlos Sainz, ayer sábado, le metió un hachazo a Magnussen, otro a Verstappen y otro al heptacampeón de los que te hacen pensar que en realidad estás viendo jugar a tu hermano con la play. Y hoy, a pesar de que el plástico que protege la visera del casco le ha descosido la estrategia, antes del Safety Car estaba peleando directamente por ser segundo y ha acabado la carrera holgadamente en posición de podio. Carlos ha vuelto al nivel de pilotaje que lo hizo fichar por Ferrari y ya lleva unos cuantos meses así.
Además, Magnussen es un rallao, Ricciardo es un motivao y Verstappen parece tonto, el mismo tonto de hace cuatro años. Son las diez: me piro a dormir.

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