Como si los adelantamientos fueran la base del entretenimiento de la Fórmula 1. El viernes por la tarde, durante los entrenamientos libres, en los que no hay adelantamientos, tuvo lugar el mejor momento del fin de semana. Mientras todos los pilotos mejoraban el tiempo que habían hecho por la mañana en dos o tres décimas, Stroll, que lideró la clasificación provisionalmente, rodó casi un segundo más rápido; Alonso, recluido en el garaje hasta unos minutos después, salió y repitió el tiempo de Stroll dejando a Aston Martin tercero y quinto para gloria y regocijo del aficionado promedio a los coches rápidos con pegatinas en esta piel de toro extendida. Sumando el suave descenso del rendimiento de Mercedes junto a los malos entrenamientos de Red Bull, de repente, asumiendo el doblete de McLaren, solo Leclerc tenía más opciones de podio que Alonso: una sensación muy agradable que no abandonó el corazón de los alonsistas durante el viernes por la noche y el sábado por la mañana, hasta que George Russell bordó su vuelta en la última ronda clasificatoria y arrebató el cuarto puesto a España entera. El tricampeonato sería lo mejor que le ha pasado a este país.
Con dos tercios de la carrera superados, Leclerc arriesga su pole position conseguida el sábado contra pronóstico pasando por boxes para seguir una estrategia de dos paradas. Piastri y Russell hacen lo mismo y Norris se convierte en el máximo beneficiado, ganando la carrera previa defensa de la primera posición en las últimas vueltas, con un planteamiento a una sola parada, que me parecía, desde la comodidad del sofá y el silencio del televisor, el más lógico. Bortoleto queda sexto detrás de Alonso, Verstappen perdido en novena posición detrás de Lawson y Hamilton decimosegundo mientras su compañero había rozado la victoria. La Fórmula 1, en la que la posición es un estatus, en estado puro. El fin de semana termina con unas declaraciones de Fernando Alonso a los medios de comunicación, feliz como yo, pero por su quinto puesto; dice que espera correr la misma suerte en tres o cuatro carreras más de las diez que quedan. Mi relación con la setentaycincoañera sufre altos y bajos contínuamente, me lleva del enfado a la euforia con mucha facilidad, pero lo que me resulta más frustrante es lo cerca que estamos de ser grandes amigos y su férreo empeño en que no lo seamos. Monza, Holanda, México, Brasil y que se acabe esto ya en octubre.

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