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lunes, 1 de septiembre de 2025

Las sombras

Estas serán las tardes que recordaré en invierno, cuando el campeonato de Fórmula 1 haya terminado, y eche de menos las carreras. Y ésta empieza a ser una sensación habitual tras el cierre de los Grandes Premios, para mayor prosperidad de mi relación con la setentaycincoañera que, para los interesados, sigue en vias de reconciliación. No es casualidad que suceda en el epílogo de la gira europea. Recuerdo cuando mi relación volvió a pender de un hilo tras el insulso Gran Premio de Baréin y me pregunto qué hubiera pasado de apuntarme a los Grandes Premios de Arabia Saudí y Miami. Este domingo, durante la misma vuelta de calentamiento, con un plano aéreo emitido por la maltrecha tele eslovaca que me regaló mi hermano, no pude evitar que se me escapase un "Joder, ¡vaya circuito!", y esto es justo lo que quiero cuando veo una carrera de Fórmula 1. Un circuito con peraltes imposibles, sin espacio para las rectas entre la primera y la última curva, en el que cada cámara onboard haya sea una joya.

Acabo la carrera contento, mirando a la Fórmula 1 con los ojos entornados, despidiendo amor, con la cabeza dulcemente apoyada sobre el puño de la mano; y todo a pesar de la oportunidad desperdiciada en un Gran Premio que ninguno de los Ferrari ha acabado, en el que los dos Mercedes iban tocados y en el que a Norris el coche le ha dejado tirado; todo a pesar del meteórico podio de Hadjar y del instinto felino de Albon para acabar quinto en cualquier circunstancia. En definitiva, contento a pesar de la sombra que persigue al automovilismo español desde, que sé yo, la invención misma de la rueda, es decir, desde el fatal accidente en la Mille Miglia del marqués de Portago, primer podio patrio en la Fórmula 1. Que fuese un motivao, capaz de, por ejemplo, volar una avioneta por debajo de un puente para ganar una apuesta, no tiene nada que ver; que dos talentos descomunales al volante se estén jugando la carrera deportiva contra taxistas y pilotando coches que parecen la furgoneta de reparto de Mercadona, tampoco tiene que ver con que esta sombra se haya encariñado con nosotros y no pase a incordiar, por citar dos nacionalidades puramente al azar, a franceses o ingleses. Si, en el hungaroring, llega a ser Hadjar el quinto, y no Alonso, nadie duda que los dos McLaren se hubieran chocado entre ellos en la última vuelta. ¿Qué hay más satisfactorio que echarle la culpa a la mala suerte?, te lo digo yo: hacerlo con razón, y, en esta casa, estamos muy satisfechos desde ayer por la tarde.

Si bien mis gustos encajan mejor con carreras más pausadas, y no me llevo demasiado bien con los golpes de guion que suelta el Safety Car, sí debo reconocer que fue una muy buena carrera. El circuito, causa principal del espectáculo de ayer, acompañaba, el ver dos accidentes retransmitidos en directo siempre suma mucho y el que también entre en el directo el mejor adelantamiento de la temporada, además entre Leclerc y Russell, los dos mejores pilotos de este año solo por detrás de Verstappen, lo convierte en un Gran Premio memorable. Cuando solo quedan tres carreras para que termine mi calendario particular [Doble calendario, Detrás de la nariz], vuelvo a sentir nostalgia, al fin, porque la temporada se acaba. Ay, querida setentaycincoañera, en ocasiones, tengo el impulso de perdonar todos tus pecados e iniciar una nueva vida. Pero luego hago balance, y que lo haga no te conviene, y recuerdo que la parrilla, antes de empezar la carrera, parece el puerto deportivo de Dènia, con monoplazas que tienen eslora y no batalla, recuerdo las carreras sprint, el desagradable zumbido de los motores, a Pirelli como único suministrador, que no sancionen a Lawson, que sí sancionen a Carlos y que solo me has dejado un Gran Premio en Zandvoort antes de que una obra prefabricada de cemento y hormigón ocupe su lugar... y entonces prometo dejar de verte... pero siempre después de la siguente carrera.



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