Existe en el inabarcable mundo del futbol una ley, como la mayoría: no escrita, que proclama que en una misma temporada se reciben dos goles en el último minuto y se marcan dos goles en el último minuto. Esa ley, define último minuto como el ochenta y siete en adelante. Cuando Campaña colgó el balón de un clavo en el primer palo y Erick Cathriel Cabaco anotó su primer tanto en la liga española, el Levante ya había cubierto el cupo de goles a favor en las postrimerías del encuentro junto a de Borja Mayoral en Ipurúa; la renta de puntos obtenidos se resolvía con dos a nuestro favor por los tres que el Villarreal, tanto en Castellón como en Valencia, nos levantó. Mientras la realización del partido se regodeaba en redudantes repeticiones de una misma jugada, la del gol, el Athletic nos pilló la espalda; Aitor rebañó de la botas de Williams el tres a dos; Simon, después, chocó con no sé quien dentro de la área y el árbitro se echó el silbato a la bota; el hijo de Ettien, de nuevo, pisó a Munían, y el árbitro solo tuvo que silbar. En el momento en que Muniaín convirtió magistralmente la pena máxima, el Levante, no solo readquiría la vida que había gastado con Cabaco un minuto antes, sino que además ahora se le permite marcar un tercer gol en el último minuto.
Ese fue el primer argumento positivo extraje del partido de anoche; el segundo fue el carácter de un equipo que aún con dos a cero en el marcador y un carro de derrotas sobre sus hombros, se sobrepuso a un partido que, en condiciones normales, hubiese terminado cuatro a cero con doblete de Williams. El equipo remó, con calidad y cojones (para Paco los cojones ahora son: «esto», mientras pone las manos en forma de círculo y las agita), para pelear el partido que un año antes dejamos escapar en El Madrigal. Ni hablar de la honestidad de un grupo que cuando se le señala un penalti en el último minuto rodea al árbitro, que cuando se el anula el dos a uno justo antes del descanso pone el grito en el cielo y que cuando acaba el partido guarda el sepulcral silencio que todos, menos gente mala de Facebook y Twitter, guardamos. Atrás queda las sonrisas volviendo de La Rosaleda con Caparrós, ese año con Alcaraz en el que nadie se inmuto con el penalti inexistente de Vyntra a Jonathas la noche en la que nos jugábamos la salvación en el Elche; y ese año con Rubí en el que si hubiese contado con este equipo comprometido habríamos superado a la mafia granadina de largo.
El tercero es el fútbol que Paco le sugiere expresar a sus jugadores. Aún en las situaciones más complicadas el equipo no deja de lado ese juego valiente que todavía nos ha dado más de lo que nos ha quitado. Seguimos jugando muy bien y eso provocó que el partido transitase a nuestro ritmo y no al de los de Bilbao. Las ocasiones se sucedían en ambas portería y eso siempre nos ha beneficiado, menos ayer. La disposición defensiva del Athletic, por otra parte, es de las mejores del campeonato e incluso negándonos el gol a cada pase que dábamos redondeamos un segundo período de mucho mérito.
El cuarto argumento es que todo ésto lo siento mientras creo que Coke hace falta en el gol, que no hay fuera de juego en el tercer gol del Athletic, que Simon hace penalti sobre Muniaín y que, sobretodo, no se debería permitir ese ataque en el último suspiro del partido.
El quinto argumento es que, salvo lesión de nuestro preciado amigo el yunque, Vezo jugará en Mestalla.
miércoles, 3 de abril de 2019
domingo, 31 de marzo de 2019
¡TRANQUILOS, JODER!
En el Ciutat están pasando cosas raras: sufrimos, como siempre, pero solo mientras no jugamos. Atrás queda aquella época, con Caparros en la banda, en la que con la permanencia en la mano desde Febrero, apelábamos a ancestral ceroacerismo «para ir sumando»; ahora jugamos como nunca y por alguna de aquellas, poco a poco, nos estamos metiendo en un brete interesante. Comprendo por fin la mente enfermiza de Alcaraz, Muñiz, Caparrós, Pellegrino, Abelardo, Escribà que a base circunstancias como la nuestra y a base de un catastrofismo desmedido se ha forjado un carácter miedica y amarrategui, que hace que así sus equipos salgan de su área lo menos posible.
Dudo mucho que PacoLo o Mendilibar caigan en algún momento sobre la lona de la prudencia exagerada; su romanticismo futbolístico atraviesa cualquier tipo de subordinación o conformismo, y sus benditos equipos alegran la vista cual panquemao de la Beata Inés. La remontada de Iago Aspas ayer por la tarde sostuvo al Celta en Primera y colmó el chupito de paciencia de los agoreros, acérrimos seguidores del helenco de entrenadores en el primer párrafo citados; los gallegos, que en el descanso se hundían en la clasificación a siete puntos del Villarreal, remontaron un cero a dos para respirarle en la nuca a los de Castellón desde una distancia de solo un punto. Nosotros ayer estábamos a tres.
Morales, mientras jugó a toque, hizo un partido excelente; cuando no, pues no. Sacó Aitor de puerta, Vezo combinó con Moses, mediando un regate de portugués, Campaña jugó para Luna y gol de Morales. Al puto primer toque. Grandísima jugada de fútbol.
Nos metieron, sin embargo, el gol que toda la vida hemos concedido y que por mucho que pase el tiempo no logramos corregir: rebotito puñetero en el área y, aunque encimasen cuatro a Escalante, la pelota pasó por donde no tenía que pasar.
Esta vez Simon se valió solito para salir del jardín que el mismo había cultivado en línea de fondo propia, Rochina tocó para Mayoral y esté en largo para Morales que amasó y amasó y amasó la pelota; dio, el chupón extremo madrileño, un mal pase a Mayoral pero que Rochina supo enmendar con un zurdazo de los que dan que pensar. Dos a uno y todo apuntaba a que aún quedaban muchos goles por ver.
Sin embargo, aparecieron los palos: primero Orellana y luego Mayoral, tras robo de Vezo en una salida de la cueva del rollo de Ballesteros. Tuvo todo el dominio del mundo el Éibar pero no conseguían generar un peligro proporcional. Nosotros, mientras tanto, activamos el ataque sin contemplaciones que llevamos empleando desde que PacoLo amolló el buga en el párquing del Ciutat, y cada balón que tocábamos creábamos peligro. Moses la falló a puerta vacía; ya es definitivo: es el hijo de Ettien.
Sergi Enrich a diez del final metió un gol que hacía justicia al balompié y que programó el patiment para que sonase cual despertador mañana lunes en cuanto el señor colegiado tuviese a bien terminar el partido.
Tenemos el descenso a cuatro punto; pero jugamos de puta madre. No estoy preocupao, todavía.
Dudo mucho que PacoLo o Mendilibar caigan en algún momento sobre la lona de la prudencia exagerada; su romanticismo futbolístico atraviesa cualquier tipo de subordinación o conformismo, y sus benditos equipos alegran la vista cual panquemao de la Beata Inés. La remontada de Iago Aspas ayer por la tarde sostuvo al Celta en Primera y colmó el chupito de paciencia de los agoreros, acérrimos seguidores del helenco de entrenadores en el primer párrafo citados; los gallegos, que en el descanso se hundían en la clasificación a siete puntos del Villarreal, remontaron un cero a dos para respirarle en la nuca a los de Castellón desde una distancia de solo un punto. Nosotros ayer estábamos a tres.
Morales, mientras jugó a toque, hizo un partido excelente; cuando no, pues no. Sacó Aitor de puerta, Vezo combinó con Moses, mediando un regate de portugués, Campaña jugó para Luna y gol de Morales. Al puto primer toque. Grandísima jugada de fútbol.
Nos metieron, sin embargo, el gol que toda la vida hemos concedido y que por mucho que pase el tiempo no logramos corregir: rebotito puñetero en el área y, aunque encimasen cuatro a Escalante, la pelota pasó por donde no tenía que pasar.
Esta vez Simon se valió solito para salir del jardín que el mismo había cultivado en línea de fondo propia, Rochina tocó para Mayoral y esté en largo para Morales que amasó y amasó y amasó la pelota; dio, el chupón extremo madrileño, un mal pase a Mayoral pero que Rochina supo enmendar con un zurdazo de los que dan que pensar. Dos a uno y todo apuntaba a que aún quedaban muchos goles por ver.
Sin embargo, aparecieron los palos: primero Orellana y luego Mayoral, tras robo de Vezo en una salida de la cueva del rollo de Ballesteros. Tuvo todo el dominio del mundo el Éibar pero no conseguían generar un peligro proporcional. Nosotros, mientras tanto, activamos el ataque sin contemplaciones que llevamos empleando desde que PacoLo amolló el buga en el párquing del Ciutat, y cada balón que tocábamos creábamos peligro. Moses la falló a puerta vacía; ya es definitivo: es el hijo de Ettien.
Sergi Enrich a diez del final metió un gol que hacía justicia al balompié y que programó el patiment para que sonase cual despertador mañana lunes en cuanto el señor colegiado tuviese a bien terminar el partido.
Tenemos el descenso a cuatro punto; pero jugamos de puta madre. No estoy preocupao, todavía.
martes, 5 de febrero de 2019
Draw my life
Erase un vez un niño gallego al que no le gustaba su nombre. Un día nuestro protagonista, decididamente guapo, llegó a casa llorando; su madre, preocupada, la estrecho contra su pecho y le pregunto: «¿Qué te pasa?». Se apartó de su madre y secándose con la muñeca un lágrima que le caia del ojo izquierdo explicó: «No me gusta mi nombre». «¿Pero se ríen de ti, cariño». «No, solo es que no me gusta». «Pero, David...». «Que no me llamo David, ¿es que no te enteras?, me llamo Jason». «¿Jeison?». «No, Jason. Pero se dice Jeison, sí.». «Pues te voy a seguir llamando David». «Ah, y recuerda: mi sueño es jugar en el Fútbol Club Valencia».
David se «formó» en las categorías inferiores del Deportivo de la A Coruña, pero le echaron. «Será porque el primer día que me presenté dije que me llamaba David», pensó David. Pasó por el Montañero, pero era poco para él, y se fue al Racing de Ferrol, donde se presentó como Jason. Un Levante europeo puso la lupa encima de él. Un miembro del equipo de ojeadores echó la puerta abajo del despacho de Manolo Salvador: «Hay un chaval en la División de Honor de Galicia que está buenísimo, quiero decir, que es buenísmo» (era inglés). Manolo Salvador sin apartar la vista del Candy Crash (era lo que se estilaba) dijo: «¿Y cómo se llama ese gallego?». «Jason». «¡Coño!, pues será bueno... ¿Y seguro que es gallego?». «Sí».
Estampó su firma junto a la de Quico Catalán en el contrato y pasó a formar parte del mismo club que Blau y Grana. Debutó en Segunda B con dieciocho años, pero volvió al juvenil. Caparrós lo sacó, un año después, en el tiempo de descuento de un Levante, 0 - Sevilla, 0 antes de mandarlo, ahora de verdad, al filial. El filial bajó y lo cedimos al Villarreal. Pero Alcaraz cortó su progresión en el Villarreal B, a cambio de hacerlo debutar en el Camp Nou y hacerlo participar, con un regate en línea de banda, de la remontada de todos (Levante, 2 - Granada, 1). Volvió a Tercera Divisón con el B y en el partido de promoción de ascenso a la categoría de bronce, se conoce que se le olvidó ponerse la chorra dentro del pantalón. «Pero es un sobrao», llegaron a decirme. «Mejor», pensé.
Temporada discretita a cien kilómetros de aquí (en Albacete) con solo dos goles y sin ser titular.
Fue uno de los que se vieron beneficiados con que el Levante bajara a Segunda en el año de Rubí, ya que él, como Roger, como Lerma o comoCamarasa tenían la oportunidad de hacerse un hueco en la élite y, si subían al Levante, se llenarse los bolsillos de billetes, comprarse una casa, un coche y apañarse la vida en dos o tres años. Y Jason aprovechó la oportunidad: titular inamovible y 10 goles, marcando, quizás, el segundo más importante en la jornada 1 (cero a uno en Soria). Marcó también un golazo con el Córdoba (Yo vi el gol de Jason) y por un momento fue el ojito derecho del Ciutat.
Llegó una oferta de Alemania que hubiesémos aceptado en cualquier otro momento de la historia anterior del nostre Llevant, pero creíamos realmente que sería un pilar de la permanencia en la vuelta a primera. Un año atrás un amigo suyo prefirió el dinero a seguir con el equipo que le está dando ahora la oportunidad cobrar la pasta que está cobrando; y Jason se puso de parte de su amigo cuando la afición anexionó «rata» a «Camarasa». La Primera División fue una ola demasiado grande para Jason que acabando sacando la cabeza muy al tiempo y ello unido a que no le apetecía renovar provocó el murmullo en cada balón que tocaba (En este portal siempre hemos sido acérrimos defensores de la causa por Jason).
PacoLo el día del Alavés lo puso de carrilero y fue ahí, con toda la banda para él, donde hemos visto una de sus mejores versiones (Antonio y David). Y a pesar de que no ganamos contra el Girona porque la lió y volvió andando, ya defiende mejor que Toño.
Hace unos meses el Levante dejó marchar a Jason; ni quiso ni quería renovar. David llegó a su casa y le envió un whatsapp a su madre: «Mamiña, por fin voy a cumplir mi sueño. Voy a jugar en el Fútbol Club Valencia».
Y este eres tú que un día te estás pegando de hostias con los del Getafe y al día siguiente le pides consejo a tu hermano pequeño para traerte a un rebotao y darle profundidad a una banda que ni sesenta millones, ni los tres mejores jugadores de tu cantera han sabido darle.
David se «formó» en las categorías inferiores del Deportivo de la A Coruña, pero le echaron. «Será porque el primer día que me presenté dije que me llamaba David», pensó David. Pasó por el Montañero, pero era poco para él, y se fue al Racing de Ferrol, donde se presentó como Jason. Un Levante europeo puso la lupa encima de él. Un miembro del equipo de ojeadores echó la puerta abajo del despacho de Manolo Salvador: «Hay un chaval en la División de Honor de Galicia que está buenísimo, quiero decir, que es buenísmo» (era inglés). Manolo Salvador sin apartar la vista del Candy Crash (era lo que se estilaba) dijo: «¿Y cómo se llama ese gallego?». «Jason». «¡Coño!, pues será bueno... ¿Y seguro que es gallego?». «Sí».
Estampó su firma junto a la de Quico Catalán en el contrato y pasó a formar parte del mismo club que Blau y Grana. Debutó en Segunda B con dieciocho años, pero volvió al juvenil. Caparrós lo sacó, un año después, en el tiempo de descuento de un Levante, 0 - Sevilla, 0 antes de mandarlo, ahora de verdad, al filial. El filial bajó y lo cedimos al Villarreal. Pero Alcaraz cortó su progresión en el Villarreal B, a cambio de hacerlo debutar en el Camp Nou y hacerlo participar, con un regate en línea de banda, de la remontada de todos (Levante, 2 - Granada, 1). Volvió a Tercera Divisón con el B y en el partido de promoción de ascenso a la categoría de bronce, se conoce que se le olvidó ponerse la chorra dentro del pantalón. «Pero es un sobrao», llegaron a decirme. «Mejor», pensé.
Temporada discretita a cien kilómetros de aquí (en Albacete) con solo dos goles y sin ser titular.
Fue uno de los que se vieron beneficiados con que el Levante bajara a Segunda en el año de Rubí, ya que él, como Roger, como Lerma o como
Llegó una oferta de Alemania que hubiesémos aceptado en cualquier otro momento de la historia anterior del nostre Llevant, pero creíamos realmente que sería un pilar de la permanencia en la vuelta a primera. Un año atrás un amigo suyo prefirió el dinero a seguir con el equipo que le está dando ahora la oportunidad cobrar la pasta que está cobrando; y Jason se puso de parte de su amigo cuando la afición anexionó «rata» a «Camarasa». La Primera División fue una ola demasiado grande para Jason que acabando sacando la cabeza muy al tiempo y ello unido a que no le apetecía renovar provocó el murmullo en cada balón que tocaba (En este portal siempre hemos sido acérrimos defensores de la causa por Jason).
PacoLo el día del Alavés lo puso de carrilero y fue ahí, con toda la banda para él, donde hemos visto una de sus mejores versiones (Antonio y David). Y a pesar de que no ganamos contra el Girona porque la lió y volvió andando, ya defiende mejor que Toño.
Hace unos meses el Levante dejó marchar a Jason; ni quiso ni quería renovar. David llegó a su casa y le envió un whatsapp a su madre: «Mamiña, por fin voy a cumplir mi sueño. Voy a jugar en el Fútbol Club Valencia».
Y este eres tú que un día te estás pegando de hostias con los del Getafe y al día siguiente le pides consejo a tu hermano pequeño para traerte a un rebotao y darle profundidad a una banda que ni sesenta millones, ni los tres mejores jugadores de tu cantera han sabido darle.
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