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martes, 21 de febrero de 2017

Yo vi el gol de Jason


En el ocaso de una contienda de resultado desnivelado por la mínima expresión, desde un rincón del verde pasto del Ciutat de València, emergió una estrella fulgurante, una estrella con botas flourescentes, medias azulgranas y pantalón corto, una estrella unida a un balón y de él inseparable. Creo recordar que habían ventiún jugadores más sobre el rectángulo de juego, pero no estoy seguro de ello. Creo que el estadio también estaba iluminado y no solo él, pero tampoco estoy muy seguro de ello. De amplia zancada y porte elegante, avanzaba como si nada lo perturbara, como si nada lo pudiera herir. Invencible, intocable. Ungido de cualidades celestiales, sobrehumanas. Jason ideó el camino más corto entre dos puntos: él y la portería, y proyectó su carrera sobre sus cálculos de forma precisa y acertada.



La acción del extremo gallego condena con crueldad cualquier tipo de debilidad defensiva y castiga todo intento de expropiación por medio de una velocidad endiablada. Jasón capitalizó el dominio del bien más preciado en el mundo del fútbol y no permitió que ningún otro gobernara entre sus botas el destino de este. El final del partido se precipitaba sobre el tiempo de descuento, el Córdoba volcó todas sus opciones bajo el efecto inmediato del balón parado y los envíos aereos, los verdiblancos presionaban a la sociedad granota contra gol Orriols, por todo ello, quizás el partido exigia el uso de un juego más conservador basado en pases cortos, posesiones largas, calma, sosiego y dejar que el transcurso de los segundos hiciera el resto, pero ni la lógica puede sujetar a los genios en un momento de lucidez.

No todos vieron el momento en que Jason se disfrazó de Jason. El partido frisaba ya la muerte cuando desde la latitud del banquillo visitante David Remeseiro inició su carrera infinita con dirección y sentido gol Alboraya. Regeneró sus castigadas piernas, por el efecto de noventa minutos de frenética actividad, con el veneno que corre al manejar el cuero entre las botas. Alcanzó el área como un rayo que baja de los cielos y toca tierra firme, momento en el cual, cedió el esférico a Víctor Casadesús. Porque el fútbol en su deporte en equipo, donde mete uno y ganan once sobre el campo, y donde nadie es alguien sin la colaboración del resto. Entre las virtudes del mallorquín, afortunadamente, se encuentra el fútbol a un toque. Casadesús otorgó con un ligero movimiento de pie, un mano a mano definitivo, un pulso sin brazo ni músculo, un conflicto de seguro perdedor y probable ganador. Jason, acabó la jugada que tenia el derecho a acabar, elevó el cuero con el exterior de su bota derecha para colocar el broche final a una acción de ensueño. El niño que pasó a ser hombre en Soria, dejó boquiabierto y con las manos en la cabeza a los aficionados que sí permanecieron en el Ciutat.

Allá donde vaya y esté donde esté, siempre podré decir, yo vi el gol de Jason.

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