domingo, 7 de abril de 2019

Ahora sí, que cunda el pánico

Vendan el coche, suban una puja de su bonometro a Ebay. Hipotequense; nunca van a tener que pagar. Descorchen el champán, bebanse el culo de CocaCola que han preferido dejar para mañana. No vayan al trabajo, no se preocupen por la calorías. Reciclen, por favor. Quiten el USB sin expulsar. Meen dentro o fuera del váter. No hace falta que se duchen. Cambie de canal cuando hagan anuncios. Apaguen el despertador pero quedense en la cama. Desayunen churros, coman pizza y cenen hamburguesa. Ponganse lo primero que encuentre en el armario, combinen rojo y rosa. Dejen la luz encendida cuando abandonen la habitación. Crucen los semáforos en rojo, no se los salten cuando alguien cruza. Ve a Mercadona, compre embutido, extienda la rista de loganiza en la encimera, ahora enrrollesela al perro y sáquelo a pasear. Rompan el pase, se lo suplico. Indignese; despotrique; aireé su pañuelo, choto oculto; aplauda o silbe Jason. Salte cual no choto o descanse sobre su incómodo asiento. Báileme como si fuera la última vez y enséñeme ese pasito que no sé; un besito bien suavecito, bebé; taki taki, taki taki, rumba. El fin del mundo se abalanza irremediablemente sobre nosotros y nos va a pillar fuera del descenso.

Que es broma, joder. Desde que el Pelao de Silla tiró la puerta abajo en Getafe, en esta casa no hemos afiliado a ese optimismo tan inocente que aún con dos camiones cisterna de goles en contra y unas goteras cual piscinas olimpicas en defensa, me permite seguir admirando ese ataque sin contemplaciones que hace entretenidísimos los partidos en los que juega el Levante. Hoy, a mediodía, mi móvil ha vibrado: «Alavés - Leganés». Que pena de partido, ni he hecho por verlo. Que lástima de aficiones que para llevarse una alegría tiene que mirar o al marcador o a la clasificación porque como miren al verde, sagran los ojos. Dos equipos más que salvados, el primero de ellos luchando por esa Champions por la que nosotros tuvimos el gusto de también luchar con JIM, pero que con el balón en los pies son tan divertidos como Morales contando un chiste. Estoy convencido de que habrá algún babazorro y algún pepinero que quiera vivir en nuestro pellejo por un domingo.

El que alcanza la esquina de una jardín y pisa las flores llega antes a sus destino, el que recorre la esquina llega más tarde pero podrá adornarse con el olor de la rosas al día siguiente. Paco López nunca pisó una sola flor. El fútbol no debería resumirse a los resultados; cierto que aquí lo que mandan son los goles, pero que Morales controle o no un balón no puede desequilibrar a uno de manera que enarbole su selección en el equipo español o se ponga negro de indignación porque el Celta encima ha ganado. Además sabemos que cada vez que pisamos la flores, nos multan porque es flora autóctona.

El Roger de esta temporada sea, con toda seguridad, el especialista más cerrado que yo he visto nunca. Puede desaparecer de un partido, meter gol, dar un pase y volver a desaparecer. Su labor en el resto del terreno de juego es testimonial; ahora bien, cuando pisa área, se transforma. Doce goles para un delantero centro puro hasta la última pulgada que bien puede pelear por el Zarra. Morales que ejecutó un acción excelente en banda le temblaron las piernas allí donde su compañero que porta el nueve con todas la de la ley no acostumbrar a titubear.

Morales, tan suyo a veces, decidió que Roger no era merecedor del doblete y apartó al especialista para jugarse el penalti a cara o cruz y poder proclamar que se echa al equipo a la espalda. Sin embargo, salió Juanpi Añor para empatar e partido con dos centros al nivel de Campaña y que no decantaron la balanza en favor de los aragoneses porque el palo estuvo de nuestro lado.
Granotes, aplegará el dia que haurem de guanyar.

miércoles, 3 de abril de 2019

Cálmense, por favor

Existe en el inabarcable mundo del futbol una ley, como la mayoría: no escrita, que proclama que en una misma temporada se reciben dos goles en el último minuto y se marcan dos goles en el último minuto. Esa ley, define último minuto como el ochenta y siete en adelante. Cuando Campaña colgó el balón de un clavo en el primer palo y Erick Cathriel Cabaco anotó su primer tanto en la liga española, el Levante ya había cubierto el cupo de goles a favor en las postrimerías del encuentro junto a de Borja Mayoral en Ipurúa; la renta de puntos obtenidos se resolvía con dos a nuestro favor por los tres que el Villarreal, tanto en Castellón como en Valencia, nos levantó. Mientras la realización del partido se regodeaba en redudantes repeticiones de una misma jugada, la del gol, el Athletic nos pilló la espalda; Aitor rebañó de la botas de Williams el tres a dos; Simon, después, chocó con no sé quien dentro de la área y el árbitro se echó el silbato a la bota; el hijo de Ettien, de nuevo, pisó a Munían, y el árbitro solo tuvo que silbar. En el momento en que Muniaín convirtió magistralmente la pena máxima, el Levante, no solo readquiría la vida que había gastado con Cabaco un minuto antes, sino que además ahora se le permite marcar un tercer gol en el último minuto.

Ese fue el primer argumento positivo extraje del partido de anoche; el segundo fue el carácter de un equipo que aún con dos a cero en el marcador y un carro de derrotas sobre sus hombros, se sobrepuso a un partido que, en condiciones normales, hubiese terminado cuatro a cero con doblete de Williams. El equipo remó, con calidad y cojones (para Paco los cojones ahora son: «esto», mientras pone las manos en forma de círculo y las agita), para pelear el partido que un año antes dejamos escapar en El Madrigal. Ni hablar de la honestidad de un grupo que cuando se le señala un penalti en el último minuto rodea al árbitro, que cuando se el anula el dos a uno justo antes del descanso pone el grito en el cielo y que cuando acaba el partido guarda el sepulcral silencio que todos, menos gente mala de Facebook y Twitter, guardamos. Atrás queda las sonrisas volviendo de La Rosaleda con Caparrós, ese año con Alcaraz en el que nadie se inmuto con el penalti inexistente de Vyntra a Jonathas la noche en la que nos jugábamos la salvación en el Elche; y ese año con Rubí en el que si hubiese contado con este equipo comprometido habríamos superado a la mafia granadina de largo.

El tercero es el fútbol que Paco le sugiere expresar a sus jugadores. Aún en las situaciones más complicadas el equipo no deja de lado ese juego valiente que todavía nos ha dado más de lo que nos ha quitado. Seguimos jugando muy bien y eso provocó que el partido transitase a nuestro ritmo y no al de los de Bilbao. Las ocasiones se sucedían en ambas portería y eso siempre nos ha beneficiado, menos ayer. La disposición defensiva del Athletic, por otra parte, es de las mejores del campeonato e incluso negándonos el gol a cada pase que dábamos redondeamos un segundo período de mucho mérito.

El cuarto argumento es que todo ésto lo siento mientras creo que Coke hace falta en el gol, que no hay fuera de juego en el tercer gol del Athletic, que Simon hace penalti sobre Muniaín y que, sobretodo, no se debería permitir ese ataque en el último suspiro del partido.

El quinto argumento es que, salvo lesión de nuestro preciado amigo el yunque, Vezo jugará en Mestalla.

domingo, 31 de marzo de 2019

¡TRANQUILOS, JODER!

En el Ciutat están pasando cosas raras: sufrimos, como siempre, pero solo mientras no jugamos. Atrás queda aquella época, con Caparros en la banda, en la que con la permanencia en la mano desde Febrero, apelábamos a ancestral ceroacerismo «para ir sumando»; ahora jugamos como nunca y por alguna de aquellas, poco a poco, nos estamos metiendo en un brete interesante. Comprendo por fin la mente enfermiza de Alcaraz, Muñiz, Caparrós, Pellegrino, Abelardo, Escribà que a base circunstancias como la nuestra y a base de un catastrofismo desmedido se ha forjado un carácter miedica y amarrategui, que hace que así sus equipos salgan de su área lo menos posible.

Dudo mucho que PacoLo o Mendilibar caigan en algún momento sobre la lona de la prudencia exagerada; su romanticismo futbolístico atraviesa cualquier tipo de subordinación o conformismo, y sus benditos equipos alegran la vista cual panquemao de la Beata Inés. La remontada de Iago Aspas ayer por la tarde sostuvo al Celta en Primera y colmó el chupito de paciencia de los agoreros, acérrimos seguidores del helenco de entrenadores en el primer párrafo citados; los gallegos, que en el descanso se hundían en la clasificación a siete puntos del Villarreal, remontaron un cero a dos para respirarle en la nuca a los de Castellón desde una distancia de solo un punto. Nosotros ayer estábamos a tres.

Morales, mientras jugó a toque, hizo un partido excelente; cuando no, pues no. Sacó Aitor de puerta, Vezo combinó con Moses, mediando un regate de portugués, Campaña jugó para Luna y gol de Morales. Al puto primer toque. Grandísima jugada de fútbol.

Nos metieron, sin embargo, el gol que toda la vida hemos concedido y que por mucho que pase el tiempo no logramos corregir: rebotito puñetero en el área y, aunque encimasen cuatro a Escalante, la pelota pasó por donde no tenía que pasar.

Esta vez Simon se valió solito para salir del jardín que el mismo había cultivado en línea de fondo propia, Rochina tocó para Mayoral y esté en largo para Morales que amasó y amasó y amasó la pelota; dio, el chupón extremo madrileño, un mal pase a Mayoral pero que Rochina supo enmendar con un zurdazo de los que dan que pensar. Dos a uno y todo apuntaba a que aún quedaban muchos goles por ver.

Sin embargo, aparecieron los palos: primero Orellana y luego Mayoral, tras robo de Vezo en una salida de la cueva del rollo de Ballesteros. Tuvo todo el dominio del mundo el Éibar pero no conseguían generar un peligro proporcional. Nosotros, mientras tanto, activamos el ataque sin contemplaciones que llevamos empleando desde que PacoLo amolló el buga en el párquing del Ciutat, y cada balón que tocábamos creábamos peligro. Moses la falló a puerta vacía; ya es definitivo: es el hijo de Ettien.

Sergi Enrich a diez del final metió un gol que hacía justicia al balompié y que programó el patiment para que sonase cual despertador mañana lunes en cuanto el señor colegiado tuviese a bien terminar el partido.

Tenemos el descenso a cuatro punto; pero jugamos de puta madre. No estoy preocupao, todavía.