No me gusta cómo caza la perrita, por no decir que directamente estoy preocupado. Roberto Soldado, con cara de loco, también parece estarlo o, como poco, eso dice su gesto. Sentado en el banquillo y sin jugar, con la mirada perdida, los brazos cruzados y la camiseta como collar. Antes de empezar la segunda parte él ya sabía que no iba ni a calentar. Calleja no mete un cambio hasta que solo quedan veinte minutos para el final y su primer sustituto dura un suspiro en el campo. Mientras se acaria la frente, Róber Ibáñez se marcha andando, con los ojos clavados en el césped y sin mirar al compañero que le reemplaza; una sobrecarga que no se va, dice Calleja. Lo primero que hace Wesley es retrasar un saque de esquina porque tiene que empujar a no sé quién y lo segundo que hace es abrirle la ceja a no sé cuántos con un sopapo que jura no lo haber soltado; su colega Charly, en cambio, no hizo ni una sola cosa. Con el tiempo a punto de cumplirse, Iborra se mete entre los centrales malagueños para bajar un balón que a Wesley no le sale de los cojones pelear. Y en el último ataque del Levante en el partido, Montiel se juega un disparo cubierto desde veinticinco metros porque sus alternativas eran o dársela a Moraes o dársela a Musonda. Esa misma pareja que al acabar el partido en Huesca aplaudieron dos veces desde a tomar por culo de la grada y volvieron perfectamente sincronzados por donde hubieron llegado. Tras las sustituciones de Bouldini e Ibáñez el Levante se acula sobre la portería de Cárdenas como sabiendo que solamente puede aspirar a empatar y lo conseguimos gracias a una milagrosa intervención de la Geperudeta, invalidando el gol de la derrota, que siempre cuida de nosotros hasta en las horas más bajas. Calleja sigue creyendo en el ascenso, y puntualiza de hecho, en el ascenso directo, como si la promoción fuera una opción, pero le preocupa que el equipo se deje ir, y lo repite hasta dos veces, que no quiere que el equipo se deje ir. Rara vez las cosas son para siempreee y cuando dices que te vas es que ya te has iiidooo.
viernes, 17 de marzo de 2023
domingo, 5 de marzo de 2023
Espérate
La racha de partidos sin conocer la derrota del Levante ha tocado su fin. Mi coleguita el resultadista debe estar más contento que Wesley al ver a Cárdenas soltar un pelotazo de los suyos. Aquí, mi primo mientras controla el balón con el pecho, primero se percata de que los últimos veinte partidos del Levante han acabado o bien en empate o bien en victoria de les barres blaugranes. Después se da cuenta de que ayer por la tarde el Huesca metió más goles que el Levante, con el antebrazo apoyado sobre el defensa panenquita que intenta quitarle la pelota. Y, entonces, cae en que hemos perdido por primera vez, en veinte partidos. Calleja sumó su primera derrota como entrenador granota casi seis meses después de su meditada contratación. Y esta lamentable noticia llegó seguramente en el momento más indicado, cuando las condiciones eran las más propicias.
Calleja ayer tenía más hombres lesionados que soluciones en el banquillo. Dejando en un margen la pseudo-baja de Roberto Soldado, ni Vezo ni Postigo pudieron jugar en el centro de la defensa; por no hablar de la lesión de Mustafi que lo tiene apartado de la actividad desde la tercera jornada del campeonato. La carrera de Campaña ya no solo en el Levante, sino en el mundo del fútbol hubiera sido muy diferente si no llega a ser por todas esas lesiones que le llevan haciendo la vida imposible desde hace aproximadamente cuatro años. Roger, Roger el bueno, Roger Brugué me tiene el corazón en un puño desde que hace un mes se anunciase que se perdía prácticamente lo que restaba de campeonato. Y para colmo Vicente Iborra se lesionó en el último ensayo justo antes del partido.
Además ayer el Huesca a balón parado funcionó como un buen reloj que marca siempre bien la hora y durante mucho tiempo. De las cinco acciones que recuerdo solamente en una Mohamed Bouldini pudo despejar el peligro con relativa facilidad. El resto fueron ocasiones claras de gol y, de hecho, dos de ellas obligaron al Levante a sacar de nuevo desde el centro del campo.
Cuando acabó el partido Javi Calleja, que agarró de las solapas a Wesley y a Musonda para ponerlos otra vez delante de la afición, aplaudió a la zona visitante de la grada . Los naturales de la zona me reconocieron que la representación valenciana en El Alcoraz era mucho más bulliciosa que los seguidores locales. El técnico madrileño, que combina elegancia y desenfado en sus atuendos, aplaudía sabiendo, o al menos eso quiero pensar yo, que si el Levante es capaz de desarrollar este fútbol con regularidad la derrota no será la norma y el empate tampoco. Los protagonistas de un nuevo desplazamiento masivo, afincados en una esquina de la grada, supieron entender las circunstancias y sobre todo reconocer el esfuerzo de un equipo que nunca mereció perder.
La Geperudeta le guarde la salud a Montiel y a De Frutos, especialmente a este último. Ninguno de los dos son más altos que Paquito Fenollosa, pero si son rápidos como el Aston Martin de Fernando Alonso y habilidosos como el mejor Ronaldinho de todos los tiempos. El partido que hicieron ayer bien vale el dinero de la entrada y el trayecto hasta llegar a Huesca. De Frutos, con cal en las botas y Montiel sin ninguna otra obligación que la de meter gol, bien pueden ser dos argumentos sólidos para ganar el partido. Tanto es así que ayer lo fueron a pesar del resultado. Por otra parte tener a Son haciendo labores artemaniacas en campo propio también puede ser un argumento para perder el partido, que a Cárdenas se le escape el balón entre sus guantes y que no haya un tío en el primer palo que despeje ese córner, por el amor de Dios, también son argumentos para perder el partido. De Frutos volvió a estar brillante y Montiel, descomunal. La única pega es que no tuvieron premio.
Y no lo tuvieron por dos acciones concretas. Quitando los goles y el disparo al larguero de Bouldini que retumbó en el estadio, hubo dos momentos claves en el resultado final. Hacia el final de la primera parte el Levante tuvo un ataque larguísimo muy bien conducido y con varias alternativas para conseguir el gol pero que el Huesca defendió todavía mejor. Y luego, al poco de comenzar la segunda mitad, con el Levante bordando el fútbol, David Timor fingió una falta lamentable. Conocido ya en este sucedáneo de portal web, Timor es motivo suficiente como para ahorrarse el dinero de la entrada y el trayecto hasta Huesca. El muy capullo estuvo tres minutos tirado en el suelo manoteando, gritando, llorando cuando más apretado tenía el culo. Después de que los servicios médicos lo resucitaran, lo único que impidió que tirase esa misma falta fue el consejo de Marc Mateu que le vino a decir algo así como: "Pa que le pegues tú con ese palo de golf que tienes, mejor saco yo que sé darle a la pelota". La jugada, que terminó con una parada portentosa de Dani Cárdenas, fue invalidada por fuera de juego. Sin embargo, el partido, en ese momento, cambió y el gol de Huesca no tardó en llegar. Una victoria más del fútbol de mierda de David Timor con la permisividad de quien tu ya sabes.
El descanso del partido no solo bastó para conocer que una parte de la afición en El Alcoraz, cuando quieren playa, prefieren ir a Vinaroz o a Oropesa antes que cruzar a Cataluña. Merendando un señor bocadillo de jamón ibérico comprado en la mayor cooperativa valenciana, colegí que sería fácil que el Levante anotase dos tantos de replicar el nivel de juego que había presentado. Todo eso, justo antes que me comentaran, con acento en todas las silabas, que: «A 130... por la autovía de Teruel y en línea recta, en seguida estás en Castellón». El nivel en la segunda parte se mantuvo, pero los goles lamentablemente no llegaron. No sé cuántos partidos restan, pero toda victoria que no consigan les barres blaugranes de aquí a junio, será una oportunidad perdida. Como lo fue el empate a nada en Ponferrada y como también lo fue, en menor medida, la derrota ayer. En noventa días nuestro destino quedará sellado para, por lo pronto, un año más. Y en ese breve lapso de tiempo, nos veremos las caras contra el Éibar, Las Palmas y el Alavés, tres de los cinco equipos , junto a Granada y nosotros, de entre los que parece que saldrá el trio del ascenso. El tiro al larguero de Pablo Martínez en El Molinón, nos puede dejar en Segunda; el tiro al larguero ayer de Bouldini, nos puede dejar en Segunda; jugar bien y no marcar gol, también.
Escrito volviendo de Huesca, no vaya a ser que Fernando lie el taco esta tarde y se me acumule la faena.
La Geperudeta le guarde la salud a Montiel y a De Frutos, especialmente a este último. Ninguno de los dos son más altos que Paquito Fenollosa, pero si son rápidos como el Aston Martin de Fernando Alonso y habilidosos como el mejor Ronaldinho de todos los tiempos. El partido que hicieron ayer bien vale el dinero de la entrada y el trayecto hasta llegar a Huesca. De Frutos, con cal en las botas y Montiel sin ninguna otra obligación que la de meter gol, bien pueden ser dos argumentos sólidos para ganar el partido. Tanto es así que ayer lo fueron a pesar del resultado. Por otra parte tener a Son haciendo labores artemaniacas en campo propio también puede ser un argumento para perder el partido, que a Cárdenas se le escape el balón entre sus guantes y que no haya un tío en el primer palo que despeje ese córner, por el amor de Dios, también son argumentos para perder el partido. De Frutos volvió a estar brillante y Montiel, descomunal. La única pega es que no tuvieron premio.
Y no lo tuvieron por dos acciones concretas. Quitando los goles y el disparo al larguero de Bouldini que retumbó en el estadio, hubo dos momentos claves en el resultado final. Hacia el final de la primera parte el Levante tuvo un ataque larguísimo muy bien conducido y con varias alternativas para conseguir el gol pero que el Huesca defendió todavía mejor. Y luego, al poco de comenzar la segunda mitad, con el Levante bordando el fútbol, David Timor fingió una falta lamentable. Conocido ya en este sucedáneo de portal web, Timor es motivo suficiente como para ahorrarse el dinero de la entrada y el trayecto hasta Huesca. El muy capullo estuvo tres minutos tirado en el suelo manoteando, gritando, llorando cuando más apretado tenía el culo. Después de que los servicios médicos lo resucitaran, lo único que impidió que tirase esa misma falta fue el consejo de Marc Mateu que le vino a decir algo así como: "Pa que le pegues tú con ese palo de golf que tienes, mejor saco yo que sé darle a la pelota". La jugada, que terminó con una parada portentosa de Dani Cárdenas, fue invalidada por fuera de juego. Sin embargo, el partido, en ese momento, cambió y el gol de Huesca no tardó en llegar. Una victoria más del fútbol de mierda de David Timor con la permisividad de quien tu ya sabes.
El descanso del partido no solo bastó para conocer que una parte de la afición en El Alcoraz, cuando quieren playa, prefieren ir a Vinaroz o a Oropesa antes que cruzar a Cataluña. Merendando un señor bocadillo de jamón ibérico comprado en la mayor cooperativa valenciana, colegí que sería fácil que el Levante anotase dos tantos de replicar el nivel de juego que había presentado. Todo eso, justo antes que me comentaran, con acento en todas las silabas, que: «A 130... por la autovía de Teruel y en línea recta, en seguida estás en Castellón». El nivel en la segunda parte se mantuvo, pero los goles lamentablemente no llegaron. No sé cuántos partidos restan, pero toda victoria que no consigan les barres blaugranes de aquí a junio, será una oportunidad perdida. Como lo fue el empate a nada en Ponferrada y como también lo fue, en menor medida, la derrota ayer. En noventa días nuestro destino quedará sellado para, por lo pronto, un año más. Y en ese breve lapso de tiempo, nos veremos las caras
Escrito volviendo de Huesca, no vaya a ser que Fernando lie el taco esta tarde y se me acumule la faena.
martes, 7 de febrero de 2023
Creo que De Frutos es el mejor jugador de la historia del fútbol
No sé si vamos a ascender. De verdad, no lo sé. Si lo supiera, si realmente pensara que fuéramos a ascender, lo diría. Igualmente, si supiera que nos íbamos a quedar en segunda, también lo diría. Pero como no lo sé; no lo sé. El sábado al acabar el partido la mayoritaria representación valenciana desplazada a Carthago Nova cantaba a grito pelao que sí, que lo tenían claro y decir joder hacía que quedase todavía más claro, que vamos a ascender. Pepelu, acompañado de Rúben Vezo y, el goleador, Róber Ibáñez saltaban abrazados y mirando a la grada. Ellos también parecían estar convencidos, incluso, juraría que también cantaron que iban a ascender. El partido terminó con el Levante empotrado en el área temiendo perder en el último tramo del tiempo añadido una ventaja de dos goles. Y allí mismo, al otro lado de la línea de fondo, solo unos segundos después, se gestó la celebración en la que Pepelu, Rúben y Róber no estaban solos sino más bien acompañados por todo el equipo. El fotógrafo que seguía a la expedición granota reunió a la plantilla delante de la misma portería que minutos atrás habíamos defendido con la respiración contenida. Viéndolo todo desde exactamente la otra punta del estadio, yo estaba contento, claro que sí, no somos gilipollas; pero también puedo asegurar que no estaba tan convencido del ascenso a final de temporada como lo parecía la masa principal de la grada y el conjunto de los jugadores, que es lo que importa.
Tras un largo recorrido desde principios de Agosto hasta aquí, el Levante por fin se ha alojado en la zona que da la promoción directa a la máxima competición del fútbol nacional. Y lo ha hecho un mes y medio antes que la penúltima vez que subimos, última temporada en la que solo ascendían los tres primeros clasificados directamente, cuando Juanlu anunció el «cagazo» que se iban a llevar nuestro más inmediatos rivales en la clasificación al día siguiente al vernos ahí arriba. Incomprensiblemente, tal vez, en aquella ocasión estaba mucho más convencido de nuestro ascenso de lo que lo estoy ahora. El caso es que, ahora mismo, al Levante solo lo supera Las Palmas y eso, en la categoría de plata, equivale a la gloria más absoluta. Y, por mucho que sea momentáneo, que quede camino por andar y que sea fácil decir que aún no hemos hecho nada, el Levante, grada y equipo, lo celebraron como la oportunidad lo merece.
Y el escenario era inmejorable. Hasta el domingo, para lo que la memoria me permite recordar, el Levante solo había jugado una vez en aquel estadio pero siendo esa vez del todo insuperable. Conduciendo de camino al Cartagena, resulta imposible no pensar en aquel partido, a todo o nada para ascender a Primera División, que el Levante decantó a su favor con un marcador completamente desproporcionado de tres a cinco. Por cierto, unas semanas después de que Juanlu anunciase que a equipos, como al Cartagena, les iba a entrar el «cagazo» cuando nos vieran ahí arriba. No tienen, sin embargo, tan buen recuerdo de aquella tarde quienes nos hospedaron el domingo. Un agradable caballero se lamentaba de la oportunidad perdida mientras Cárdenas y Femenías peloteaban antes del partido y la facción más aguda de la grada local puso en relieve la actuación arbitral de hace diez años cuando se juzgaron erroneamente una serie de faltas a nuestro favor durante el transcurso del encuentro de hoy. Tal fue la magnitud de aquel partido que en Orriols, para referirse a él, solo hace falta decir «el tres a cinco», con esas pocas palabras uno ya sabe a lo que se refiere. De igual manera, en el fragor del momento, al buen granota le apetece establecer el paralelismo entre aquella victoria gloriosa y el hito dentro de esta temporada que supone pasar una semana, por fin, en Primera División.
Sigo pensando que la contundente victoria en Mendizorroza, con una pizca de suerte, supuso un punto de inflexión en la forma en la que el Levante ha venido jugando. Desde entonces, contamos con un bon cabàs de ocasiones de gol a nuestro favor. Los partidos de un tiro a puerta y rezar por que entre parecen cosa del pasado. Tras esa victoria por dos goles en Álava, el Levante parece haber encontrado el ritmo correcto en la circulación del balón que permite a De Frutos pisar el área con mayor regularidad. Ya no se ven esas posesiones de balonmano que acababan con un mal centro de Son a la desesperada y sí a las defensas rivales meciéndose hasta que conceden una ocasión. Por otra parte, la del domingo fue la segunda visita consecutiva consintiendo al rival más de la cuenta. Calleja plantó cuatro tallos delante de Dani Cárdenas que, sin embargo, no encajaron tres goles tras balones aéreos al área porque de todos es sabido que la Geperudeta está del lado de los Desamparados. Jairo, un pobre chaval que en Primera División con el Cádiz sufría como un animal jugando de lateral, resulta ser «Messi», como proclamaban en la grada, encarando desde el extremo de ataque. Los entrenadores y esas manías tan suyas de poner a sus jugadores fuera de posición. Jairo perdió la categoría después de que su periodo de cesión en Cádiz no prosperase, ponerlo de lateral hace dos días fue el mayor favor que le pudieron hacer al Levante: nos regaló el segundo gol. Joni Montiel, atornillado a la cal y desaparecido en el partido, se cruzó la banda, combinó con De Frutos en el borde del área y nos regaló el primero.
No es descartable que el cuarto disparo al larguero en cuatro partidos consecutivos de Pablo Martínez sea lo que más llame la atención de todo. El del domingo era un golazo que, de nuevo, se le negó. El cabrón, que parecía incapaz estas últimas temporadas, provocó un penalti en Mestalla en el último minuto con uno a cero y podría haber metido, fácilmente, cinco golazos este año sin despeinarse ese tupé vacilón que lleva. No obstante, esa frustrante racha de balones enviados a la madera no eclipsa el partidazo que jugó De Frutos. Hubo un tiempo que dije de él que «empieza a ser una losa demasiado pesada en el ataque del Llevant» (No somos tan malos). No me escondo, era lo que pensaba. Pero siete días después, abrió en canal a la defensa del Alavés con un slalom que me hizo cambiar, por completo, la opinión que tenía de este buen hombre. Hace un mes, en el día de Reyes, me pareció que hizo el mejor partido de la temporada, pero es que el domingo se superó. Y, si no fuera por la tormenta faraónica que el Elche tuvo que soportar en Febrero del año pasado, no habría visto un mejor partido del chaval con la camiseta del decano del fútbol valenciano. Ya no queda ni rastro de aquel extremo alejado del equipo, intranscendente, suplente que nos dejó Nafti. Calleja ha hecho brillar la mejor versión de De Frutos que solo Nafti consiguió apagar. El domingo todos los balones iban a él y el chaval le echaba un par de huevos y, además, ganaba. Como asumiendo la responsabilidad de que el equipo recuperaba balones solo para dárselos a él, se empleó a fondo y no hizo ningún mal gesto. Se enfrentó a situaciones imposibles con atrevimiento y descaro, a pesar de que sabía que iba a perder la posesión. Y solo cometió un error, en la última jugada de la primera parte, que casi nos costó un gol tras el saque de la falta que provocó equivocadamente. El chaval es rápido, fuerte, habilidoso, generoso... El Levante le negó dos salidas, una a la liga francesa y otra a Primera División tras el descenso, que seguramente hayan limitado su carrera deportiva y, a esa situación, su respuesta ha sido cargarse el equipo a la espalda para conseguir el ascenso. No se tira al suelo, no protesta, no pierde tiempo, no lleva tatús, ni degradado, no tiene la típica película de poligonero con la que viene cualquier futbolista profesional. No es tan intensito como el suplente del submarino amarillo y no lleva el brazalete. Su mujer no está operada, no es supermodelo, desentonaría en la Isla de las Tentaciones, es una chica normal. Él es un chaval normal que seguramente cuando vuelva después de entrenar arregle la casa, haga la cena y acueste a su hijo. Ay, Casade... En una época dificil para tener ídolos en el mundo del fútbol, De Frutos es quien me hace mantener la esperanza.
Tras un largo recorrido desde principios de Agosto hasta aquí, el Levante por fin se ha alojado en la zona que da la promoción directa a la máxima competición del fútbol nacional. Y lo ha hecho un mes y medio antes que la penúltima vez que subimos, última temporada en la que solo ascendían los tres primeros clasificados directamente, cuando Juanlu anunció el «cagazo» que se iban a llevar nuestro más inmediatos rivales en la clasificación al día siguiente al vernos ahí arriba. Incomprensiblemente, tal vez, en aquella ocasión estaba mucho más convencido de nuestro ascenso de lo que lo estoy ahora. El caso es que, ahora mismo, al Levante solo lo supera Las Palmas y eso, en la categoría de plata, equivale a la gloria más absoluta. Y, por mucho que sea momentáneo, que quede camino por andar y que sea fácil decir que aún no hemos hecho nada, el Levante, grada y equipo, lo celebraron como la oportunidad lo merece.
Y el escenario era inmejorable. Hasta el domingo, para lo que la memoria me permite recordar, el Levante solo había jugado una vez en aquel estadio pero siendo esa vez del todo insuperable. Conduciendo de camino al Cartagena, resulta imposible no pensar en aquel partido, a todo o nada para ascender a Primera División, que el Levante decantó a su favor con un marcador completamente desproporcionado de tres a cinco. Por cierto, unas semanas después de que Juanlu anunciase que a equipos, como al Cartagena, les iba a entrar el «cagazo» cuando nos vieran ahí arriba. No tienen, sin embargo, tan buen recuerdo de aquella tarde quienes nos hospedaron el domingo. Un agradable caballero se lamentaba de la oportunidad perdida mientras Cárdenas y Femenías peloteaban antes del partido y la facción más aguda de la grada local puso en relieve la actuación arbitral de hace diez años cuando se juzgaron erroneamente una serie de faltas a nuestro favor durante el transcurso del encuentro de hoy. Tal fue la magnitud de aquel partido que en Orriols, para referirse a él, solo hace falta decir «el tres a cinco», con esas pocas palabras uno ya sabe a lo que se refiere. De igual manera, en el fragor del momento, al buen granota le apetece establecer el paralelismo entre aquella victoria gloriosa y el hito dentro de esta temporada que supone pasar una semana, por fin, en Primera División.
Sigo pensando que la contundente victoria en Mendizorroza, con una pizca de suerte, supuso un punto de inflexión en la forma en la que el Levante ha venido jugando. Desde entonces, contamos con un bon cabàs de ocasiones de gol a nuestro favor. Los partidos de un tiro a puerta y rezar por que entre parecen cosa del pasado. Tras esa victoria por dos goles en Álava, el Levante parece haber encontrado el ritmo correcto en la circulación del balón que permite a De Frutos pisar el área con mayor regularidad. Ya no se ven esas posesiones de balonmano que acababan con un mal centro de Son a la desesperada y sí a las defensas rivales meciéndose hasta que conceden una ocasión. Por otra parte, la del domingo fue la segunda visita consecutiva consintiendo al rival más de la cuenta. Calleja plantó cuatro tallos delante de Dani Cárdenas que, sin embargo, no encajaron tres goles tras balones aéreos al área porque de todos es sabido que la Geperudeta está del lado de los Desamparados. Jairo, un pobre chaval que en Primera División con el Cádiz sufría como un animal jugando de lateral, resulta ser «Messi», como proclamaban en la grada, encarando desde el extremo de ataque. Los entrenadores y esas manías tan suyas de poner a sus jugadores fuera de posición. Jairo perdió la categoría después de que su periodo de cesión en Cádiz no prosperase, ponerlo de lateral hace dos días fue el mayor favor que le pudieron hacer al Levante: nos regaló el segundo gol. Joni Montiel, atornillado a la cal y desaparecido en el partido, se cruzó la banda, combinó con De Frutos en el borde del área y nos regaló el primero.
No es descartable que el cuarto disparo al larguero en cuatro partidos consecutivos de Pablo Martínez sea lo que más llame la atención de todo. El del domingo era un golazo que, de nuevo, se le negó. El cabrón, que parecía incapaz estas últimas temporadas, provocó un penalti en Mestalla en el último minuto con uno a cero y podría haber metido, fácilmente, cinco golazos este año sin despeinarse ese tupé vacilón que lleva. No obstante, esa frustrante racha de balones enviados a la madera no eclipsa el partidazo que jugó De Frutos. Hubo un tiempo que dije de él que «empieza a ser una losa demasiado pesada en el ataque del Llevant» (No somos tan malos). No me escondo, era lo que pensaba. Pero siete días después, abrió en canal a la defensa del Alavés con un slalom que me hizo cambiar, por completo, la opinión que tenía de este buen hombre. Hace un mes, en el día de Reyes, me pareció que hizo el mejor partido de la temporada, pero es que el domingo se superó. Y, si no fuera por la tormenta faraónica que el Elche tuvo que soportar en Febrero del año pasado, no habría visto un mejor partido del chaval con la camiseta del decano del fútbol valenciano. Ya no queda ni rastro de aquel extremo alejado del equipo, intranscendente, suplente que nos dejó Nafti. Calleja ha hecho brillar la mejor versión de De Frutos que solo Nafti consiguió apagar. El domingo todos los balones iban a él y el chaval le echaba un par de huevos y, además, ganaba. Como asumiendo la responsabilidad de que el equipo recuperaba balones solo para dárselos a él, se empleó a fondo y no hizo ningún mal gesto. Se enfrentó a situaciones imposibles con atrevimiento y descaro, a pesar de que sabía que iba a perder la posesión. Y solo cometió un error, en la última jugada de la primera parte, que casi nos costó un gol tras el saque de la falta que provocó equivocadamente. El chaval es rápido, fuerte, habilidoso, generoso... El Levante le negó dos salidas, una a la liga francesa y otra a Primera División tras el descenso, que seguramente hayan limitado su carrera deportiva y, a esa situación, su respuesta ha sido cargarse el equipo a la espalda para conseguir el ascenso. No se tira al suelo, no protesta, no pierde tiempo, no lleva tatús, ni degradado, no tiene la típica película de poligonero con la que viene cualquier futbolista profesional. No es tan intensito como el suplente del submarino amarillo y no lleva el brazalete. Su mujer no está operada, no es supermodelo, desentonaría en la Isla de las Tentaciones, es una chica normal. Él es un chaval normal que seguramente cuando vuelva después de entrenar arregle la casa, haga la cena y acueste a su hijo. Ay, Casade... En una época dificil para tener ídolos en el mundo del fútbol, De Frutos es quien me hace mantener la esperanza.
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