Damas y caballeros, así es, estoy enamorado del Levante. Mi corazón, henchido de amor hasta el más microscópico de los capilares, late al ritmo del himno interpretado por Pastoret. No veo la vida de color de rosa, sino azul y grana. Si me gustasen los animales tendría en casa un gato a una palmera subido. Y mi amor es enteramente correspondido; el Levante, con el paso de los años, no pierde la capacidad de sorprenderme. Y es que el amor no se forja queriendo en San Valentín y el día del aniversario (si te acuerdas), el amor se trabaja día a día, detalle a detalle, partido a partido. Pico y pala en mano, el Levante ha hecho sobresaltar mi corazón cual rana buscando el amparo de los nenúfares sobre un lago en calma más que ninguno otro. Ser del Levante es divertidísimo, pero además decididamente arrebatador. Cuando se espera un tranvía se sabe que en poco más de diez minutos aparecerá el armatoste por las vías desfilando; cuando se abre huevo Kinder se sabe, primero, que el envoltorio de plástico es amarillo y que dentro habrá un juguete, con casi toda seguridad inservible, con su manual de instrucciones; cuando se juega al parchís se sabe que el dado no va a mostrar ni un siete, ni un menos uno, ni ningún tres cuartos. Pero cuando juega el Levante o cuando el Levante publica un tweet nadie sabe a qué con cojones te vas a tener que enfrentar.
Jugamos como nunca, tenemos al mejor entrenador que recuerdo (y además es valenciano), tenemos a un tío egoísta, con tatus y blanco pero que lleva más goles que Koné y Caicedo en sus respectivos meses de enero (y además es valenciano), y el año que viene, salvo que el Valencia descienda, tendremos la oportunidad de ganar en Mestalla. Pero el sábado pasado nos metieron cinco y hemos perdido la cabeza, hace una semana robamos un partido jugando bastante bien y pensamos en Europa; y hace dos semanas nos robaron un partido sin salir de nuestra área y: «por fin nos volvímos un equipo sobrío» antes de cagarnos por un penalti en nuestra victoria incontestable al puto Barcelona. Hace un mes cuando nos quedamos a una victoria de desbancar al Real Madrid de los puesto Champions se nos metió en la cabeza vender a nuestro director deportivo, hay quien cree que PacoLo ya no sirve y otro piensan que Morales sigue estando para la selección mientras Campaña debería no haber vuelto de Sevilla. Tres chavales se han ido del filial y otro tres han venido, y Fran Manzanara es ya más de Primera que de Segunda B. Persich se ha ido cedido, Ducuré se va a ir. Sasa Luquich puede que nunca venga. Y nuestro central de garantías va a ser el suplente de Diacabí.
El Levante no es un circo, ni es la última mierda que cagó pilatos y está bastante lejos de convertirse en eso. Porque para llegar a tal punto primero hay que ser Getafe, Girona y Valencia. Con cinco a cero en el marcador, acogí de buen grado posibilidad de que el Sevilla nos metiese el sexto, y que también fuese de penalti (Cabaco a Roque Mesa), por echar un poco de picante a la pizza diavolo (no la pidáis). Lo que pretendo llegar a explicar es que ante tanta noticia, según parecen, mala no podemos ponernos de morros por justificar todo lo que queremos y nos preocupamos por el Levante. Sería mejor tomar asiento en un sitio cómodo, donde se note la brisa en verano y la ola cálida del calefactor en invierno, y admirar en sin-fin de posibilidades que te presenta un Levante tan divertidísimo y decididamente arrebatador.
Mientras tanto seré fiel al ritual de encender una vela cada mañana a La Mare de Déu dels Desamparats para que la chotera no se separé su línea habitual y deje a Rubén Vezo anotar el gol de la victoria en Mestalla.
martes, 29 de enero de 2019
lunes, 14 de enero de 2019
Una línea muy fina
Entre la gloria y el abismo existe una línea muy fina; concretamente, del tamaño del cordel rojo que envuelve las galletas Maria. Tan sumamente estrecha que el Athletic Club de Bilbao, agonizando que salió del Ciutat a principio de diciembre, ahora se permite mirar hacia el viejo continente de la mano de Iñaki Williams. El vasco parece como dotado de todas la virtudes de los cuatro grandes negros de nuestro tiempo (Caicedo, Koné, Martins y la amalgama que Riga, Babá, Ettien, Kapó y Boateng forman). Tan sumamente delgada que de Oblak no haber tenido cara y de contar con un grito en la sala del VAR: <<Tiene la mano apoyada en el suelo>> en el momento oportuno, nuestro Levante ahora mismo estaría pegándose de hostias con Betis y Getafe por un puesto europeo.
Rodrigo Cascante cometió una falta tan tímida y absurda como transcendente. Vítolo soltó a los perros por banda valiéndose del boquete que su compañero había cavado por medios antirreglamentarios. Koke metió gol y el Levante rodeó al señor colegiado. El gol fue anulado sin, en ningún caso, abandonarme la sensación de que si no se monta el pollo, habríamos sacado de centro. Tan triste como cuando se necesita gritar y rodar por el suelo para que se señale una falta.
La situación empezaba a ser insostenible del 30 al 36 miré al marcador siete veces una por cada saque de puerta o parada de Oier. Pero la Virgen de los Desamparados es más granota que el tio del voy pallá y no nos abandonó cuando el Sol más apretaba.
Se detuvieron la manecillas del reloj cuando la mano de Vuchevich y el balón quisiera ocupar el mismo lugar. Los colchoneros montaron el pollo y Prieto Iglesias sucumbió a las suplicas huecas y envenenadas de los pupilos del Cholo y del propio Cholo. Oier rozó del disparo de Griezmann pero iba demasiado fuerte como para desviarlo aún tocándolo.
El psicópata de Montenegro, correcto, expeditivo y con una cuantas carteras en el zurrón cuajó su mejor partido con la camiseta de les barres blaugranes, pero el principal problema del balcánico ni tan si quiera se encuentra dentro de él o de su juego; lamentablemente para quien tenga en el Fantasy a Nicolás, cuando él posa su dos botas sobre el terreno de juego presenciamos una versión atenuada del mejor Campaña. No considero casualidad que los dos peores partidos del sevillano de los últimos quinientos catorce haya sido con las intimidatorias facciones del yugoslavo tras de él. Otra cosa para la que no sirve mucho Vuchevich es para jugar la última media hora, Rochina, una cara más amigable, salió a escena para rescatar un punto que parecía colarse por el sumidero.
A Morales le faltó el ancho del rojo cordel de las galletas Maria para terminar su jugada en gol. Apareció la jeta de Oblak para impedírselo. Cuando el madrileño disparo ni si quiera había dado un solo pase. El fin de que viene contra el Valladolid habrá que jugar con dos balones. Mayoral absorbió las virtudes de Morales pero supo saber mantener al margen sus defectos: cogió la pelota a fer la mà y corrió y corrió sin mirar atrás hasta que llegó a la portería; Oblak la paró, no nos vamos a venir arriba y el rebote le cayó a Bardhi (sigue siendo está la única forma de batir al esloveno); pero Godín acudió al rescate y la pelota que debió ser gol se estampó en el uruguayo.
El Atleti mereció ganar, y nosotros no merecido ni empatar. Y por su parte, el fútbol, ese ente metafísico al que hoy día adoramos todos los días, fue justo siendo terriblemente injusto.
Rodrigo Cascante cometió una falta tan tímida y absurda como transcendente. Vítolo soltó a los perros por banda valiéndose del boquete que su compañero había cavado por medios antirreglamentarios. Koke metió gol y el Levante rodeó al señor colegiado. El gol fue anulado sin, en ningún caso, abandonarme la sensación de que si no se monta el pollo, habríamos sacado de centro. Tan triste como cuando se necesita gritar y rodar por el suelo para que se señale una falta.
La situación empezaba a ser insostenible del 30 al 36 miré al marcador siete veces una por cada saque de puerta o parada de Oier. Pero la Virgen de los Desamparados es más granota que el tio del voy pallá y no nos abandonó cuando el Sol más apretaba.
Se detuvieron la manecillas del reloj cuando la mano de Vuchevich y el balón quisiera ocupar el mismo lugar. Los colchoneros montaron el pollo y Prieto Iglesias sucumbió a las suplicas huecas y envenenadas de los pupilos del Cholo y del propio Cholo. Oier rozó del disparo de Griezmann pero iba demasiado fuerte como para desviarlo aún tocándolo.
El psicópata de Montenegro, correcto, expeditivo y con una cuantas carteras en el zurrón cuajó su mejor partido con la camiseta de les barres blaugranes, pero el principal problema del balcánico ni tan si quiera se encuentra dentro de él o de su juego; lamentablemente para quien tenga en el Fantasy a Nicolás, cuando él posa su dos botas sobre el terreno de juego presenciamos una versión atenuada del mejor Campaña. No considero casualidad que los dos peores partidos del sevillano de los últimos quinientos catorce haya sido con las intimidatorias facciones del yugoslavo tras de él. Otra cosa para la que no sirve mucho Vuchevich es para jugar la última media hora, Rochina, una cara más amigable, salió a escena para rescatar un punto que parecía colarse por el sumidero.
A Morales le faltó el ancho del rojo cordel de las galletas Maria para terminar su jugada en gol. Apareció la jeta de Oblak para impedírselo. Cuando el madrileño disparo ni si quiera había dado un solo pase. El fin de que viene contra el Valladolid habrá que jugar con dos balones. Mayoral absorbió las virtudes de Morales pero supo saber mantener al margen sus defectos: cogió la pelota a fer la mà y corrió y corrió sin mirar atrás hasta que llegó a la portería; Oblak la paró, no nos vamos a venir arriba y el rebote le cayó a Bardhi (sigue siendo está la única forma de batir al esloveno); pero Godín acudió al rescate y la pelota que debió ser gol se estampó en el uruguayo.
El Atleti mereció ganar, y nosotros no merecido ni empatar. Y por su parte, el fútbol, ese ente metafísico al que hoy día adoramos todos los días, fue justo siendo terriblemente injusto.
lunes, 24 de diciembre de 2018
El día de la niebla
Ser del Levante es divertidísimo; no cosa distinta te mantiene en vilo la víspera a nochebuena. En la montaña rusa de emociones que todo granota cabalga hoy nos ha tocado ver como un partido se nos escurría como arena entre los dedos. La semana pasada, dicha montaña rusa, conectó el larguero de Boateng con una exhibición de Messi y hace dos remontó un cuatro a dos, cardenal del palo en el muslo de Mayoral incluido. Si se pusiese en una balanza el tarro de lágrimas vertidas por todos los madridstas este fin de semana y, al otro lado, el brevísimo instante en el que te das cuenta el gol de Coke es fuera de juego, lo nuestro gana, y por más de un gol.
Vallecas se está convirtiendo en un agujero negro para los granotas; atrás queda el cabezazo de Aganzo, el gol de Ivanschitz en el último minuto o el de Ballesteros en la segunda de las siete victoras seguidas; ahora son los tiempos del póquer de Bueno y el día de la niebla. Vallecas no nos sienta bien (insertese la gastroenteritis colectiva el año que Muñiz secuestró Segunda).
Paquito López ha conseguido que vayamos al estadio de las tres gradas a ganar pero sin la necesidad de ganar (he dicho ganar dos veces en una misma frase y Lucas Alc-atrás se ha perdido). Pero todas esta estas milongas de las necesidades, la posición en la tabla o Europa League se difuminaron cuando el cabrón de Morales le metió un pase con el exterior a Roger, que corría como un poseso cara al gol. El gen ganador que existe en mi, que en comparación con el perdedor es como un ácaro bajo un colchón, despertó y lanzó por los aires el almohadón, las sábanas y el edredón en el momento en que Roger estaba a un L1 + O de ponernos por delante. Dimitriesqui le sacó el pie de Casillas a Robben en la final del mundial y el marcador se quedó como estaba.
Morales, fallón, desparecido y perdido entre la niebla, fue transcendente en los dos momentos más importantes del Levante ayer por la tarde. Firmo arrancarme un par de pestañas a cambio que dé siempre los dos PASES que dio ayer. Sin embargo, no nos olvidemos que es Morales; le entró a Álex Moreno como jamás hay que entrarle a un jugón (y Morales lo sabe) de frente y con las piernas abiertas; el lateral zurdo que hizo estragos por la banda de Coke (ahora iremos a él) le coló un caño a Morales de los que hacen época. Toño terminó por meterse el centro raso de Moreno en su propia portería; si no lo hubiera hecho él, lo habría hecho R.D.T. (Jajajajajajajaja).
Morales salió al rescate y Rochina no desperdició su ASISTENCIA (Morales pásala); su gol, si no hubiese habido niebla es para verlo una y otra vez hasta caer dormido. Dos minutos después uno de la franjita roja arrolló a Rochina dentro del área; en principio, penalti. Pero ni el árbitro, ni el VARman lo vieron.
A Coke parece que los malos de la pelicula en la que Michael Jordan monta un equipo con Bugs Bunny, se le hayan metido por la nariz y le hayan robado el genio que el año pasado demostró tener. No estoy diciendo que Arbeloa lo hubiese hecho mejor, solo digo que, al menos, hubiese estorbado. Ganar sin lateral derecho es un poco dificil, ya se demostró en Huesca. En las páginas del Hola... ay, no... de Marca, se recoge que Álex Moreno no va a escribir carta ni a Papá Noel, ni a los Reyes Magos, ni a lo quien quiera a quien los italiano les escriban porque ya está «saciado» con el regalo de Coke. R.D.T. se aprovechó de Álex Moreno y de Oier para dar la victoria definitva al Rayo.
El propio R.D.T. metió el tres a uno, pero su gol quedó anulado porque a Ignacio Iglesias Villanueva le dio por soplarle a su silbato. Sería verdad cuando toda representación vallecana en nuestro área volvía ya a suposición mientras R.D.T. engrosaba esas estadísticas que solo a él le importan.
Coke siempre fue de enmendar errores. En Éibar ya forzó un falta desde el costado diestro antes de que Mayoral nos diese el empate y hoy en Madrid rozó la copia. Rochina, asistente en casa de Mendilibar, le envió un pase que oposita a Balón de Oro y el mismo Coke remató al fondo de las mallas, su posición de partida, sin embargo, infringía el fuera de juego.
Que PacoLo conoce al yunque es más que evidente, pero ahora el yunque ya conoce a Paco y la cosa se empieza a poner interesante. El Levante perdió en Vallecas y con ello empieza a ser un fijo en los triples de la quiniela; detrás de cada partido nos espera una sorpresa. Anoche perdimos y el Levante ahora es décimo con los mismos puntos que el octavo y lo que más me duele no es el resquemor que se te queda al salir de vacío de un partido facilón, ni tampoco el penalti no pitado a Rochina, ni tan si quiera que Pichini les cerrase la boca en el último suspiro a medio Mestalla mientras nos superaban en la clasificación; lo que más me duele es que Roger ya no marca uno de cada tres. El mundo se va a la mierda.
Vallecas se está convirtiendo en un agujero negro para los granotas; atrás queda el cabezazo de Aganzo, el gol de Ivanschitz en el último minuto o el de Ballesteros en la segunda de las siete victoras seguidas; ahora son los tiempos del póquer de Bueno y el día de la niebla. Vallecas no nos sienta bien (insertese la gastroenteritis colectiva el año que Muñiz secuestró Segunda).
Paquito López ha conseguido que vayamos al estadio de las tres gradas a ganar pero sin la necesidad de ganar (he dicho ganar dos veces en una misma frase y Lucas Alc-atrás se ha perdido). Pero todas esta estas milongas de las necesidades, la posición en la tabla o Europa League se difuminaron cuando el cabrón de Morales le metió un pase con el exterior a Roger, que corría como un poseso cara al gol. El gen ganador que existe en mi, que en comparación con el perdedor es como un ácaro bajo un colchón, despertó y lanzó por los aires el almohadón, las sábanas y el edredón en el momento en que Roger estaba a un L1 + O de ponernos por delante. Dimitriesqui le sacó el pie de Casillas a Robben en la final del mundial y el marcador se quedó como estaba.
Morales, fallón, desparecido y perdido entre la niebla, fue transcendente en los dos momentos más importantes del Levante ayer por la tarde. Firmo arrancarme un par de pestañas a cambio que dé siempre los dos PASES que dio ayer. Sin embargo, no nos olvidemos que es Morales; le entró a Álex Moreno como jamás hay que entrarle a un jugón (y Morales lo sabe) de frente y con las piernas abiertas; el lateral zurdo que hizo estragos por la banda de Coke (ahora iremos a él) le coló un caño a Morales de los que hacen época. Toño terminó por meterse el centro raso de Moreno en su propia portería; si no lo hubiera hecho él, lo habría hecho R.D.T. (Jajajajajajajaja).
Morales salió al rescate y Rochina no desperdició su ASISTENCIA (Morales pásala); su gol, si no hubiese habido niebla es para verlo una y otra vez hasta caer dormido. Dos minutos después uno de la franjita roja arrolló a Rochina dentro del área; en principio, penalti. Pero ni el árbitro, ni el VARman lo vieron.
A Coke parece que los malos de la pelicula en la que Michael Jordan monta un equipo con Bugs Bunny, se le hayan metido por la nariz y le hayan robado el genio que el año pasado demostró tener. No estoy diciendo que Arbeloa lo hubiese hecho mejor, solo digo que, al menos, hubiese estorbado. Ganar sin lateral derecho es un poco dificil, ya se demostró en Huesca. En las páginas del Hola... ay, no... de Marca, se recoge que Álex Moreno no va a escribir carta ni a Papá Noel, ni a los Reyes Magos, ni a lo quien quiera a quien los italiano les escriban porque ya está «saciado» con el regalo de Coke. R.D.T. se aprovechó de Álex Moreno y de Oier para dar la victoria definitva al Rayo.
El propio R.D.T. metió el tres a uno, pero su gol quedó anulado porque a Ignacio Iglesias Villanueva le dio por soplarle a su silbato. Sería verdad cuando toda representación vallecana en nuestro área volvía ya a suposición mientras R.D.T. engrosaba esas estadísticas que solo a él le importan.
Coke siempre fue de enmendar errores. En Éibar ya forzó un falta desde el costado diestro antes de que Mayoral nos diese el empate y hoy en Madrid rozó la copia. Rochina, asistente en casa de Mendilibar, le envió un pase que oposita a Balón de Oro y el mismo Coke remató al fondo de las mallas, su posición de partida, sin embargo, infringía el fuera de juego.
Que PacoLo conoce al yunque es más que evidente, pero ahora el yunque ya conoce a Paco y la cosa se empieza a poner interesante. El Levante perdió en Vallecas y con ello empieza a ser un fijo en los triples de la quiniela; detrás de cada partido nos espera una sorpresa. Anoche perdimos y el Levante ahora es décimo con los mismos puntos que el octavo y lo que más me duele no es el resquemor que se te queda al salir de vacío de un partido facilón, ni tampoco el penalti no pitado a Rochina, ni tan si quiera que Pichini les cerrase la boca en el último suspiro a medio Mestalla mientras nos superaban en la clasificación; lo que más me duele es que Roger ya no marca uno de cada tres. El mundo se va a la mierda.
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