En el Ciutat están pasando cosas raras: sufrimos, como siempre, pero solo mientras no jugamos. Atrás queda aquella época, con Caparros en la banda, en la que con la permanencia en la mano desde Febrero, apelábamos a ancestral ceroacerismo «para ir sumando»; ahora jugamos como nunca y por alguna de aquellas, poco a poco, nos estamos metiendo en un brete interesante. Comprendo por fin la mente enfermiza de Alcaraz, Muñiz, Caparrós, Pellegrino, Abelardo, Escribà que a base circunstancias como la nuestra y a base de un catastrofismo desmedido se ha forjado un carácter miedica y amarrategui, que hace que así sus equipos salgan de su área lo menos posible.
Dudo mucho que PacoLo o Mendilibar caigan en algún momento sobre la lona de la prudencia exagerada; su romanticismo futbolístico atraviesa cualquier tipo de subordinación o conformismo, y sus benditos equipos alegran la vista cual panquemao de la Beata Inés. La remontada de Iago Aspas ayer por la tarde sostuvo al Celta en Primera y colmó el chupito de paciencia de los agoreros, acérrimos seguidores del helenco de entrenadores en el primer párrafo citados; los gallegos, que en el descanso se hundían en la clasificación a siete puntos del Villarreal, remontaron un cero a dos para respirarle en la nuca a los de Castellón desde una distancia de solo un punto. Nosotros ayer estábamos a tres.
Morales, mientras jugó a toque, hizo un partido excelente; cuando no, pues no. Sacó Aitor de puerta, Vezo combinó con Moses, mediando un regate de portugués, Campaña jugó para Luna y gol de Morales. Al puto primer toque. Grandísima jugada de fútbol.
Nos metieron, sin embargo, el gol que toda la vida hemos concedido y que por mucho que pase el tiempo no logramos corregir: rebotito puñetero en el área y, aunque encimasen cuatro a Escalante, la pelota pasó por donde no tenía que pasar.
Esta vez Simon se valió solito para salir del jardín que el mismo había cultivado en línea de fondo propia, Rochina tocó para Mayoral y esté en largo para Morales que amasó y amasó y amasó la pelota; dio, el chupón extremo madrileño, un mal pase a Mayoral pero que Rochina supo enmendar con un zurdazo de los que dan que pensar. Dos a uno y todo apuntaba a que aún quedaban muchos goles por ver.
Sin embargo, aparecieron los palos: primero Orellana y luego Mayoral, tras robo de Vezo en una salida de la cueva del rollo de Ballesteros. Tuvo todo el dominio del mundo el Éibar pero no conseguían generar un peligro proporcional. Nosotros, mientras tanto, activamos el ataque sin contemplaciones que llevamos empleando desde que PacoLo amolló el buga en el párquing del Ciutat, y cada balón que tocábamos creábamos peligro. Moses la falló a puerta vacía; ya es definitivo: es el hijo de Ettien.
Sergi Enrich a diez del final metió un gol que hacía justicia al balompié y que programó el patiment para que sonase cual despertador mañana lunes en cuanto el señor colegiado tuviese a bien terminar el partido.
Tenemos el descenso a cuatro punto; pero jugamos de puta madre. No estoy preocupao, todavía.
domingo, 31 de marzo de 2019
martes, 5 de febrero de 2019
Draw my life
Erase un vez un niño gallego al que no le gustaba su nombre. Un día nuestro protagonista, decididamente guapo, llegó a casa llorando; su madre, preocupada, la estrecho contra su pecho y le pregunto: «¿Qué te pasa?». Se apartó de su madre y secándose con la muñeca un lágrima que le caia del ojo izquierdo explicó: «No me gusta mi nombre». «¿Pero se ríen de ti, cariño». «No, solo es que no me gusta». «Pero, David...». «Que no me llamo David, ¿es que no te enteras?, me llamo Jason». «¿Jeison?». «No, Jason. Pero se dice Jeison, sí.». «Pues te voy a seguir llamando David». «Ah, y recuerda: mi sueño es jugar en el Fútbol Club Valencia».
David se «formó» en las categorías inferiores del Deportivo de la A Coruña, pero le echaron. «Será porque el primer día que me presenté dije que me llamaba David», pensó David. Pasó por el Montañero, pero era poco para él, y se fue al Racing de Ferrol, donde se presentó como Jason. Un Levante europeo puso la lupa encima de él. Un miembro del equipo de ojeadores echó la puerta abajo del despacho de Manolo Salvador: «Hay un chaval en la División de Honor de Galicia que está buenísimo, quiero decir, que es buenísmo» (era inglés). Manolo Salvador sin apartar la vista del Candy Crash (era lo que se estilaba) dijo: «¿Y cómo se llama ese gallego?». «Jason». «¡Coño!, pues será bueno... ¿Y seguro que es gallego?». «Sí».
Estampó su firma junto a la de Quico Catalán en el contrato y pasó a formar parte del mismo club que Blau y Grana. Debutó en Segunda B con dieciocho años, pero volvió al juvenil. Caparrós lo sacó, un año después, en el tiempo de descuento de un Levante, 0 - Sevilla, 0 antes de mandarlo, ahora de verdad, al filial. El filial bajó y lo cedimos al Villarreal. Pero Alcaraz cortó su progresión en el Villarreal B, a cambio de hacerlo debutar en el Camp Nou y hacerlo participar, con un regate en línea de banda, de la remontada de todos (Levante, 2 - Granada, 1). Volvió a Tercera Divisón con el B y en el partido de promoción de ascenso a la categoría de bronce, se conoce que se le olvidó ponerse la chorra dentro del pantalón. «Pero es un sobrao», llegaron a decirme. «Mejor», pensé.
Temporada discretita a cien kilómetros de aquí (en Albacete) con solo dos goles y sin ser titular.
Fue uno de los que se vieron beneficiados con que el Levante bajara a Segunda en el año de Rubí, ya que él, como Roger, como Lerma o comoCamarasa tenían la oportunidad de hacerse un hueco en la élite y, si subían al Levante, se llenarse los bolsillos de billetes, comprarse una casa, un coche y apañarse la vida en dos o tres años. Y Jason aprovechó la oportunidad: titular inamovible y 10 goles, marcando, quizás, el segundo más importante en la jornada 1 (cero a uno en Soria). Marcó también un golazo con el Córdoba (Yo vi el gol de Jason) y por un momento fue el ojito derecho del Ciutat.
Llegó una oferta de Alemania que hubiesémos aceptado en cualquier otro momento de la historia anterior del nostre Llevant, pero creíamos realmente que sería un pilar de la permanencia en la vuelta a primera. Un año atrás un amigo suyo prefirió el dinero a seguir con el equipo que le está dando ahora la oportunidad cobrar la pasta que está cobrando; y Jason se puso de parte de su amigo cuando la afición anexionó «rata» a «Camarasa». La Primera División fue una ola demasiado grande para Jason que acabando sacando la cabeza muy al tiempo y ello unido a que no le apetecía renovar provocó el murmullo en cada balón que tocaba (En este portal siempre hemos sido acérrimos defensores de la causa por Jason).
PacoLo el día del Alavés lo puso de carrilero y fue ahí, con toda la banda para él, donde hemos visto una de sus mejores versiones (Antonio y David). Y a pesar de que no ganamos contra el Girona porque la lió y volvió andando, ya defiende mejor que Toño.
Hace unos meses el Levante dejó marchar a Jason; ni quiso ni quería renovar. David llegó a su casa y le envió un whatsapp a su madre: «Mamiña, por fin voy a cumplir mi sueño. Voy a jugar en el Fútbol Club Valencia».
Y este eres tú que un día te estás pegando de hostias con los del Getafe y al día siguiente le pides consejo a tu hermano pequeño para traerte a un rebotao y darle profundidad a una banda que ni sesenta millones, ni los tres mejores jugadores de tu cantera han sabido darle.
David se «formó» en las categorías inferiores del Deportivo de la A Coruña, pero le echaron. «Será porque el primer día que me presenté dije que me llamaba David», pensó David. Pasó por el Montañero, pero era poco para él, y se fue al Racing de Ferrol, donde se presentó como Jason. Un Levante europeo puso la lupa encima de él. Un miembro del equipo de ojeadores echó la puerta abajo del despacho de Manolo Salvador: «Hay un chaval en la División de Honor de Galicia que está buenísimo, quiero decir, que es buenísmo» (era inglés). Manolo Salvador sin apartar la vista del Candy Crash (era lo que se estilaba) dijo: «¿Y cómo se llama ese gallego?». «Jason». «¡Coño!, pues será bueno... ¿Y seguro que es gallego?». «Sí».
Estampó su firma junto a la de Quico Catalán en el contrato y pasó a formar parte del mismo club que Blau y Grana. Debutó en Segunda B con dieciocho años, pero volvió al juvenil. Caparrós lo sacó, un año después, en el tiempo de descuento de un Levante, 0 - Sevilla, 0 antes de mandarlo, ahora de verdad, al filial. El filial bajó y lo cedimos al Villarreal. Pero Alcaraz cortó su progresión en el Villarreal B, a cambio de hacerlo debutar en el Camp Nou y hacerlo participar, con un regate en línea de banda, de la remontada de todos (Levante, 2 - Granada, 1). Volvió a Tercera Divisón con el B y en el partido de promoción de ascenso a la categoría de bronce, se conoce que se le olvidó ponerse la chorra dentro del pantalón. «Pero es un sobrao», llegaron a decirme. «Mejor», pensé.
Temporada discretita a cien kilómetros de aquí (en Albacete) con solo dos goles y sin ser titular.
Fue uno de los que se vieron beneficiados con que el Levante bajara a Segunda en el año de Rubí, ya que él, como Roger, como Lerma o como
Llegó una oferta de Alemania que hubiesémos aceptado en cualquier otro momento de la historia anterior del nostre Llevant, pero creíamos realmente que sería un pilar de la permanencia en la vuelta a primera. Un año atrás un amigo suyo prefirió el dinero a seguir con el equipo que le está dando ahora la oportunidad cobrar la pasta que está cobrando; y Jason se puso de parte de su amigo cuando la afición anexionó «rata» a «Camarasa». La Primera División fue una ola demasiado grande para Jason que acabando sacando la cabeza muy al tiempo y ello unido a que no le apetecía renovar provocó el murmullo en cada balón que tocaba (En este portal siempre hemos sido acérrimos defensores de la causa por Jason).
PacoLo el día del Alavés lo puso de carrilero y fue ahí, con toda la banda para él, donde hemos visto una de sus mejores versiones (Antonio y David). Y a pesar de que no ganamos contra el Girona porque la lió y volvió andando, ya defiende mejor que Toño.
Hace unos meses el Levante dejó marchar a Jason; ni quiso ni quería renovar. David llegó a su casa y le envió un whatsapp a su madre: «Mamiña, por fin voy a cumplir mi sueño. Voy a jugar en el Fútbol Club Valencia».
Y este eres tú que un día te estás pegando de hostias con los del Getafe y al día siguiente le pides consejo a tu hermano pequeño para traerte a un rebotao y darle profundidad a una banda que ni sesenta millones, ni los tres mejores jugadores de tu cantera han sabido darle.
martes, 29 de enero de 2019
Estoy enamorado del Levante
Damas y caballeros, así es, estoy enamorado del Levante. Mi corazón, henchido de amor hasta el más microscópico de los capilares, late al ritmo del himno interpretado por Pastoret. No veo la vida de color de rosa, sino azul y grana. Si me gustasen los animales tendría en casa un gato a una palmera subido. Y mi amor es enteramente correspondido; el Levante, con el paso de los años, no pierde la capacidad de sorprenderme. Y es que el amor no se forja queriendo en San Valentín y el día del aniversario (si te acuerdas), el amor se trabaja día a día, detalle a detalle, partido a partido. Pico y pala en mano, el Levante ha hecho sobresaltar mi corazón cual rana buscando el amparo de los nenúfares sobre un lago en calma más que ninguno otro. Ser del Levante es divertidísimo, pero además decididamente arrebatador. Cuando se espera un tranvía se sabe que en poco más de diez minutos aparecerá el armatoste por las vías desfilando; cuando se abre huevo Kinder se sabe, primero, que el envoltorio de plástico es amarillo y que dentro habrá un juguete, con casi toda seguridad inservible, con su manual de instrucciones; cuando se juega al parchís se sabe que el dado no va a mostrar ni un siete, ni un menos uno, ni ningún tres cuartos. Pero cuando juega el Levante o cuando el Levante publica un tweet nadie sabe a qué con cojones te vas a tener que enfrentar.
Jugamos como nunca, tenemos al mejor entrenador que recuerdo (y además es valenciano), tenemos a un tío egoísta, con tatus y blanco pero que lleva más goles que Koné y Caicedo en sus respectivos meses de enero (y además es valenciano), y el año que viene, salvo que el Valencia descienda, tendremos la oportunidad de ganar en Mestalla. Pero el sábado pasado nos metieron cinco y hemos perdido la cabeza, hace una semana robamos un partido jugando bastante bien y pensamos en Europa; y hace dos semanas nos robaron un partido sin salir de nuestra área y: «por fin nos volvímos un equipo sobrío» antes de cagarnos por un penalti en nuestra victoria incontestable al puto Barcelona. Hace un mes cuando nos quedamos a una victoria de desbancar al Real Madrid de los puesto Champions se nos metió en la cabeza vender a nuestro director deportivo, hay quien cree que PacoLo ya no sirve y otro piensan que Morales sigue estando para la selección mientras Campaña debería no haber vuelto de Sevilla. Tres chavales se han ido del filial y otro tres han venido, y Fran Manzanara es ya más de Primera que de Segunda B. Persich se ha ido cedido, Ducuré se va a ir. Sasa Luquich puede que nunca venga. Y nuestro central de garantías va a ser el suplente de Diacabí.
El Levante no es un circo, ni es la última mierda que cagó pilatos y está bastante lejos de convertirse en eso. Porque para llegar a tal punto primero hay que ser Getafe, Girona y Valencia. Con cinco a cero en el marcador, acogí de buen grado posibilidad de que el Sevilla nos metiese el sexto, y que también fuese de penalti (Cabaco a Roque Mesa), por echar un poco de picante a la pizza diavolo (no la pidáis). Lo que pretendo llegar a explicar es que ante tanta noticia, según parecen, mala no podemos ponernos de morros por justificar todo lo que queremos y nos preocupamos por el Levante. Sería mejor tomar asiento en un sitio cómodo, donde se note la brisa en verano y la ola cálida del calefactor en invierno, y admirar en sin-fin de posibilidades que te presenta un Levante tan divertidísimo y decididamente arrebatador.
Mientras tanto seré fiel al ritual de encender una vela cada mañana a La Mare de Déu dels Desamparats para que la chotera no se separé su línea habitual y deje a Rubén Vezo anotar el gol de la victoria en Mestalla.
Jugamos como nunca, tenemos al mejor entrenador que recuerdo (y además es valenciano), tenemos a un tío egoísta, con tatus y blanco pero que lleva más goles que Koné y Caicedo en sus respectivos meses de enero (y además es valenciano), y el año que viene, salvo que el Valencia descienda, tendremos la oportunidad de ganar en Mestalla. Pero el sábado pasado nos metieron cinco y hemos perdido la cabeza, hace una semana robamos un partido jugando bastante bien y pensamos en Europa; y hace dos semanas nos robaron un partido sin salir de nuestra área y: «por fin nos volvímos un equipo sobrío» antes de cagarnos por un penalti en nuestra victoria incontestable al puto Barcelona. Hace un mes cuando nos quedamos a una victoria de desbancar al Real Madrid de los puesto Champions se nos metió en la cabeza vender a nuestro director deportivo, hay quien cree que PacoLo ya no sirve y otro piensan que Morales sigue estando para la selección mientras Campaña debería no haber vuelto de Sevilla. Tres chavales se han ido del filial y otro tres han venido, y Fran Manzanara es ya más de Primera que de Segunda B. Persich se ha ido cedido, Ducuré se va a ir. Sasa Luquich puede que nunca venga. Y nuestro central de garantías va a ser el suplente de Diacabí.
El Levante no es un circo, ni es la última mierda que cagó pilatos y está bastante lejos de convertirse en eso. Porque para llegar a tal punto primero hay que ser Getafe, Girona y Valencia. Con cinco a cero en el marcador, acogí de buen grado posibilidad de que el Sevilla nos metiese el sexto, y que también fuese de penalti (Cabaco a Roque Mesa), por echar un poco de picante a la pizza diavolo (no la pidáis). Lo que pretendo llegar a explicar es que ante tanta noticia, según parecen, mala no podemos ponernos de morros por justificar todo lo que queremos y nos preocupamos por el Levante. Sería mejor tomar asiento en un sitio cómodo, donde se note la brisa en verano y la ola cálida del calefactor en invierno, y admirar en sin-fin de posibilidades que te presenta un Levante tan divertidísimo y decididamente arrebatador.
Mientras tanto seré fiel al ritual de encender una vela cada mañana a La Mare de Déu dels Desamparats para que la chotera no se separé su línea habitual y deje a Rubén Vezo anotar el gol de la victoria en Mestalla.
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