Los minutos que pobremente se sucedieron hasta que se juntaron noventa fueron amargos y aburridos en una fresca tarde veraniega en Vitoria. Y eso que el Domingo se presentó interesante por mi casa cuando Morales formó parte de nuestros jugadores suplentes; el Pelao de Silla cercenó las bandas y fantaseó con hacer diabluras con el rombo y digo yo que sus motivos tendría para echar abajo la barraca del Alavés. Sin que pasase gran cosa, llegamos al cuadragésimo cuarto minuto; Bardhi recortó y fusiló el marco babazorro Sergio León la sigue pidiendo y la parada de Fernando Pacheco seguro que aparecerá en los highlights que tanto le gustan a A.J. Morales. Antes, dos tímidas aproximaciones, ambas progonizadas por Sergio León: una vaselina desde tres cuartos de campo y un tiro bloqueado dentro del área. El Alavés exigió a Aitor a no errar en atrapar sus mansos centros.
Ya con el cambio de porterías efectuado, Rubén Vezo cortó el pase que hubiese convertido a Aleix Vidal en asistente y a Joselu en goleador. El fútbol le concedió una segunda opción a sendos, y esta vez no fallaron. Cero a uno, gol de Joselu; por mucho que Maripán pareciese discutir con su compañero delantero la autoría del gol. El Alavés, en ese instante, dejó de agrupar méritos para aparecer en los highlights, pero lamentablemente el Levante no hizo mucho más.
Sergio Postigo le metió un pase en largo al otro Sergio del equipo, y que se apellida como una provincia de Castilla y León, para que se buscase la vida y metiese gol; solo le faltó una pizca de fuerza a su incisivo golpeo. Fernando Pacheco respondió a ocho minutos del final a un soberbio testarazo de Rubén Vezo, el rebote cayó en Roger pero sus remate destinado a empatar el partido rozó en un defensa y se marchó lejos de las redes.
Maripán cometió dos penalties que el VAR no quiso ver, sin embargo tampoco se lo pusimos fácil a los jueces porque fuimos buenos y no montamos el pollo. Nosotros jugamos mal, el Alavés jugó peor; nosotros tuvimos tres pobres ocasiones de gol y el Alavés solo una. El fútbol no fue justo, pero no vamos a percatarnos ahora que la justicia en el fútbol es un poco rara.
domingo, 18 de agosto de 2019
domingo, 4 de agosto de 2019
Se n'anem de vacances
Lewis Hamilton ya ha subido el insta-stories #blessed #TeamLH #BestFans con la canción de Calvin Harris. Lando Norris ya ha concertado con Fernando Alonso, a través de Carlos Sainz, una visita a Oviedo para beber leche directamente de la ubre. Y Nico Rosberg ya ha pedido cita en la peluquería porque su vida de reportero a pie de pista le causa mucho estrés y eso repercute en el estado de su rubia melena. La Fórmula 1 inicia sus vacaciones obligatorias (jajajaja) en las que nadie puede ir a trabajar (jajajajajajjajajaja), y volverá dentro de un mes en Spa-Francorchamps, y mientras tanto, ¿quién piensa en nosotros? siempre nos quedará MotoGP y el fútbol.
Max Verstappen salía desde la pole y en la tarde de ayer todos nosotros aprovechamos para imaginarnos un final de temporada, por fin, realmente disputado. Aprovechamos la tarde de ayer, y la mañana de hoy, porque también sabíamos que Hamilton iba a ganar la carrera; no sé contempla un panorama distinto en el universo de la Fórmula 1 desde los tiempos del Frigodedo. En esta casa, ya se ha dicho alguna vez, no es que Max Verstappen no sea santo de nuestra devoción, es que directamente lo odiamos. Pero claro, ¿qué se prefiere? alputo Hamilton o ver a Verstappen feliz a cambio de un poco de emoción. Respuesta evidente. Y así es como de un día para otro pasas de celebrar cada hachazo que Leclerc le metía a de los morritos a cruzar los dedos porque a Hamilton se le reviente el motor como en Malasia y Maximiliano gane la carrera. El verano, ahora, se nos ha quedado desapacible; pero, oye, que nos quiten la sesenta y siete vueltas de persecución.
El mundo entero de la Fórmula 1 cruzaba los dedos para que la salida de MaxMad no fuese tan desastrosa como las de sus dos últimas victorias; todos, absolutamente todos, hasta Hamilton que el viernes pidió que los RedBull, es decir, Verstappen estuviese cerca de él el domingo. Hasta Hamilton se aburre de ganar. Y lo consiguió, Verstappen salió como el común de los mortales y, después de frenar en paralelo a las balas plateados traccionó en primera posición a la salida de la primera curva del Gran Premio; pero fue justo en ese momento cuando se empezó a fraguar el segundo puesto del neerlandés. Ya lo hemos dejado caer antes, para ganar tiene que salir mal, ¿Es que nada ha aprendido de sus últimas carreras?
La Fórmula 1 dejo de ser ese correcalles sin control en el que se había convertido y volvió a ser la misma de la que todos nos enamoramos. Aburrida, repetitiva, predecible y con la golosina de un buen adelantamiento de vez en cuando. Antes de todo esto, Hamilton tocó el alerón delantero de su compañero de equipo en la tercera curva y Leclerc terminó por rematarlo metros después; parada en boxes y carrera comprometida. Gasly fue el que protagonizó la mala salida este fin de semana del equipo RedBull, hecho que Sainz, que està fet un home, aprovechó para ponerse sexto junto al adelantamiento que le propinó en la salida a Norris. La nula capacidad del alerón de Bottas para crear downforce lo puso quinto y el alargar la vida de sus blandos neumáticos hasta neutralizar el efecto de los compuestos medios de sus perseguidores le hizo mantener la posición de privilegio al frente de la clase media. A la salida de los boxes dejó a Gasly a raya las cuarenta vueltas que faltaban por completar. Ayer Russell clasificó decimosexto y hubo quien pidió un asiento en Mercedes para él; la semana pasada Kvyat era la solución para todos los problemas de RedBull tras hacer un podio; y mientras Carlos Sainz lleva haciendo quintos puestos desde abril, Antonio Lobato, Manu Franco y el otro siguen discutiendo con nadie por qué Fernando Alonso merecía el título de 2012.
Sobre Ricciardo y Bottas había caído el peso de animadores oficiales de la tarde. A Bottas le metían café por la oreja cuando le dijeron que podía ser sexto y a Ricciardo no hacía falta alterarlo porque el ya venía calentito de ayer. Por si faltaba poco, Magnussen emergía en su horizonte y Verstappen era primero. Romain Grosjean, compañero de equipo de Magnussen, ha dicho que le cae muy bien pero que es un vikingo en la pista; y tendrá razón, siempre y cuando, vikingo en la jerga de taxistas signifique: "Puto guarro". Ricciardo prefirió quedar décimoquinto, detrás de Magnussen, pero con todos los dientes puestos; y Bottas que apuntaba a la sexta plaza, no mojó ni la taza del váter y quedó octavo.
A Hamilton en mitad de persecución a Verstappen, y tras dos intentos fallidos, le llamaron por radio y le dijeron que si paraba en boxes y a salir marcaba una vuelta rápida iba a ganar laputa carrera otra vez. Hamilton confío fielmente en James Vowles, pero su vocación por el teatrillo no le permitió callarse la boca: "No sé si es una buena opción", "¿Voy a tener suficiente goma en las últimas vueltas?", "¿Aguantarán los frenos?"... Suerte que hoy solo hemos tenido al puto Hamilton en tres conversaciones por radio. Amazon Web Service pronosticó que Hamilton pasaría a Verstappen a falta de cuatro vueltas, y en la 67 de 70, el británico, aunque sombrío, piloto de Mercedes le metió una pasada sublime pero que dudo que aparezca en algún ranking de YouTube. Vettel hizo algo parecido con Leclerc y las últimas vueltas las pasó recortando las diferencias a marchas forzado, el ordenador de Amazon pronosticó que en la última vuelta pasaría el alemán al del principado y, Andrew Jassy director ejecutivo de AWS, vio, sentado sobre sus cojones, como Vettel pasaba a Leclerc en la vuelta 69 de 70. Creo que él sí se merece ser el Drive of the Day.
Max Verstappen salía desde la pole y en la tarde de ayer todos nosotros aprovechamos para imaginarnos un final de temporada, por fin, realmente disputado. Aprovechamos la tarde de ayer, y la mañana de hoy, porque también sabíamos que Hamilton iba a ganar la carrera; no sé contempla un panorama distinto en el universo de la Fórmula 1 desde los tiempos del Frigodedo. En esta casa, ya se ha dicho alguna vez, no es que Max Verstappen no sea santo de nuestra devoción, es que directamente lo odiamos. Pero claro, ¿qué se prefiere? al
El mundo entero de la Fórmula 1 cruzaba los dedos para que la salida de MaxMad no fuese tan desastrosa como las de sus dos últimas victorias; todos, absolutamente todos, hasta Hamilton que el viernes pidió que los RedBull, es decir, Verstappen estuviese cerca de él el domingo. Hasta Hamilton se aburre de ganar. Y lo consiguió, Verstappen salió como el común de los mortales y, después de frenar en paralelo a las balas plateados traccionó en primera posición a la salida de la primera curva del Gran Premio; pero fue justo en ese momento cuando se empezó a fraguar el segundo puesto del neerlandés. Ya lo hemos dejado caer antes, para ganar tiene que salir mal, ¿Es que nada ha aprendido de sus últimas carreras?
La Fórmula 1 dejo de ser ese correcalles sin control en el que se había convertido y volvió a ser la misma de la que todos nos enamoramos. Aburrida, repetitiva, predecible y con la golosina de un buen adelantamiento de vez en cuando. Antes de todo esto, Hamilton tocó el alerón delantero de su compañero de equipo en la tercera curva y Leclerc terminó por rematarlo metros después; parada en boxes y carrera comprometida. Gasly fue el que protagonizó la mala salida este fin de semana del equipo RedBull, hecho que Sainz, que està fet un home, aprovechó para ponerse sexto junto al adelantamiento que le propinó en la salida a Norris. La nula capacidad del alerón de Bottas para crear downforce lo puso quinto y el alargar la vida de sus blandos neumáticos hasta neutralizar el efecto de los compuestos medios de sus perseguidores le hizo mantener la posición de privilegio al frente de la clase media. A la salida de los boxes dejó a Gasly a raya las cuarenta vueltas que faltaban por completar. Ayer Russell clasificó decimosexto y hubo quien pidió un asiento en Mercedes para él; la semana pasada Kvyat era la solución para todos los problemas de RedBull tras hacer un podio; y mientras Carlos Sainz lleva haciendo quintos puestos desde abril, Antonio Lobato, Manu Franco y el otro siguen discutiendo con nadie por qué Fernando Alonso merecía el título de 2012.
Sobre Ricciardo y Bottas había caído el peso de animadores oficiales de la tarde. A Bottas le metían café por la oreja cuando le dijeron que podía ser sexto y a Ricciardo no hacía falta alterarlo porque el ya venía calentito de ayer. Por si faltaba poco, Magnussen emergía en su horizonte y Verstappen era primero. Romain Grosjean, compañero de equipo de Magnussen, ha dicho que le cae muy bien pero que es un vikingo en la pista; y tendrá razón, siempre y cuando, vikingo en la jerga de taxistas signifique: "Puto guarro". Ricciardo prefirió quedar décimoquinto, detrás de Magnussen, pero con todos los dientes puestos; y Bottas que apuntaba a la sexta plaza, no mojó ni la taza del váter y quedó octavo.
A Hamilton en mitad de persecución a Verstappen, y tras dos intentos fallidos, le llamaron por radio y le dijeron que si paraba en boxes y a salir marcaba una vuelta rápida iba a ganar la
domingo, 28 de julio de 2019
La mala suerte no es genética (o sí)
Estimado lector, le invito a formarse el momento en su imaginario. Thibaut Pinot es un ciclista francés, excepcional cuando el asfalto se agarra y el firme se empina pero torpe en el descenso, su nombre siempre ha aparecido en la nómina de favoritos para enfundarse el maillot amarillo en los Campos Eliseos; sin embargo, como buen pupas que es, en todas sus participaciones ha habido algo que lo ha alejado de la victoria. Este año ha sido una fuerte dolencia en su muslo izquierdo. Javier Ares, otro excepcional profesional, con la imagen del escalador francés abandonando la carrera en su cabeza, reflexionó apostillando que la mala suerte, por fortuna, no es genética y que llegará el día en el que el mal fario se canse de visitarlo. Biológicamente, la frase es impecable; pero en el plano práctico, sabemos que la Diosa Fortuna siempre deja de lado a los mismos.
Semana de Gran Premio y vacaciones, y por si faltaba poco, Antonio Lobato subía una foto a twitter anunciando lluvía. La emoción que se infló en lunes y siguió sacando pecho el viernes, con doblete italiano incluido, se pinchó el sábado cuando Vettel puso un pie fuera de su Ferrari y respiró pa' dentro cuando Leclerc hizo lo mismo. Ferrari no pierde ciertas capacidades en solo una semana.
Desalentadora tarde del sábado que, no obstante, creció como la espuma la mañana del domingo; la esperada dejó de hacerse esperar. Nuevo tweet de Movistar+ anunciando lluvia. Se me siguen poniendo los pelos de punta. Verstappen arruinó su sábado cuando, partiendo desde la segunda posición, se hundió en la recta de meta justo después de que los semáforos se apagasen; motivo insuficiente para trastornarse, Max es la suerte. Y antes de que te dieses cuenta la gente ya estaba cambiando sus neumáticos a intermedios, pues el accidente de Sergio Pérez contra el muro a la salida de curva ocho era la perfecta escusa para hacerlo y no perder casi tiempo.
Leclerc, medio-francés aunque monegasco, posee la misma combinación genética que Thibaut Pinot y gastó cualquier traza residual de fortuna en el momento que besó la escapatoria de la curva 16 y, contra pronóstico, se mantuvo en pista. Los genes apellidados Sainz nunca estuvieron asociados a la suerte y falló como Leclerc en la curva 16; el incidente, aunque no derivó en abandono, lo envió a las últimas posiciones.
Pues no va Magnussen y pone neumáticos secos; y pues no va la parrilla entera de la Fórmula 1, con sus ingenieros y sus coeficientes intelectuales, y siguen los pasos de un taxista. Cinco vueltas después de que Kevin abanderase la nueva religión de la ignorancia, solo resistían Carlos, Albon y Nico con neumáticos de agua. Verstappen, que ya era segundo desde la tercera vuelta, trompeó en los albores de la curva 16 pero mantuvo la posición y pudo cambiar a los neumáticos apropiados; quien no tuvo la oportunidad de rectificar su Gran Premio fue la otra cara de la moneda, Leclerc, que no salió vivo de su segunda excursión en la decimosexta curva: Safety Car y el rigor, la cordura y la inteligencia rebrotó en el pitlane: todos, de nuevo, a neumáticos de lluvia. El trío de sobrios recogieron los frutos.
Al que tampoco le crecen tréboles de cuatro hojas en su jardín es a Daniel Ricciardo que se perdió la carrera más divertida del año por culpa de un fallo de su motor francés Renol. Lando Norris todavía es demasiado joven para determinar con firmeza si la suerte la acompaña o no; pero sus últimas carreras lo están situando de lado de los sacrificados; hoy, un fallo en su motor francés Renol lo apartó de la carrera más divertida del año.
Magnussen y sus seguidores dejaron de hacer el cabra durante un rato y cada coche puso a cada piloto en su sitio con el paso de las primeras vueltas normales de la carrera; poco duraron. El punto de frenada de la curva 16 es difícil de tomar hasta en la PlayStation, ni te cuento ya cuando llueve. Nico Hülkenberg, que no se acuesta precisamente con la señora suerte, no quiso irse del circuito sin catar el muro de la curva 16 y Kimi Räikkönen, por encima siempre del bien y el mal, oyó que había hielo en ese punto y creyó oír ice-cream, el finés sí continuó. Hamilton también tuvo su pertinente visita por los alrededores del circuito, la salida cultural se saldó con el alerón roto y con cinco segundos de retraso por entrar al pit-lane por donde no le estaba permitido y va y los Haas se chocan entre ellos; el público celebró su propia suerte genética.
Safety Car, de nuevo, por el accidente de Nico Hülkenberg, y todos los como locos a los boxes, había oferta de tiempo. En las últimas vueltas de régimen, a Stroll, al que su padre le compró el gen de la buena suerte hace veinte años, le cayó la manzana en la cabeza. Quizás le cayó a su ingeniero. Puso neumáticos secos. Le siguió Kvyat. Una vuelta después toda la parrilla juró ser Strollista, Kvyatista y sus sucedáneos. Ya era tarde, sin embargo, arrebatarle el primer puesto al millonario piloto canadiense, al menos en los siguientes doscientos metros. Sainz, con el torpedo y Stroll todavía por delante, olía a podio desde la quinta posición. En mi casa se contenía la respiración.
Desde el día que Vettel estimó oportuno correr con dos monedas en el pie, la suerte siempre estuvo de su lado. Cabe recordar también, que la suerte no corre sola, hay que darle de comer como poco. El alemán que parecía volver a tener veinte y tres años escaló desde la décima posición, y Bottas le allanó el camino cuando estampó su Mercedes contra las protecciones de la primera curva del circuito. Con cinco vueltas por delante, que Vettel quedase delante de Sainz, del torpedo y de Stroll era como beberse un vaso de agua. Las cuentas de Sainz, no tan afortunado, pasaban por verse superado por Vettel, pero adelantar a los outsiders para hacer podio; sin embargo, justamente hoy, la carrera en el Hockenheimring duró tres vueltas menos de los habitual y la bandera cayó antes de que Sainz le arrancase las orejas (y el rabo) a Stroll y a Kvyat. Para ver hacer podio al madrileño habrá que esperar que solo corran tres y que ese día todas las piezas de su coche resistan 306 kilómetros.
Verstappen, que le da igual salir mal, hacer un trompo o poner neumáticos medios, ganó. Vettel, que hace diez años bien podía ser como Verstappen, quedó segundo. Y Kvyat, al que en 2016 le comunicaron por teléfono mientras veía Juego de Tronos que no seguiría en RedBull, parece querer revertir cierto contenido en su ADN. El mismo Sebastian Vettel forzó, desde Ferrari, para que Kvyat abandonase RedBull cuando el torpedo ruso le metió un repasito interesante en Shanghái; a Vettel le pusieron a Verstappen al lado y a Kvyat lo relegaron al pelotón de la parrilla privándole de ganar los Grandes Premios que está ganando MadMax. Ayer por la noche nació su hija y no pudo estar allí, pero ella sí contiene el gen de la buena suerte, y hoy su padre ha conseguido un podio inimaginable.
Semana de Gran Premio y vacaciones, y por si faltaba poco, Antonio Lobato subía una foto a twitter anunciando lluvía. La emoción que se infló en lunes y siguió sacando pecho el viernes, con doblete italiano incluido, se pinchó el sábado cuando Vettel puso un pie fuera de su Ferrari y respiró pa' dentro cuando Leclerc hizo lo mismo. Ferrari no pierde ciertas capacidades en solo una semana.
Desalentadora tarde del sábado que, no obstante, creció como la espuma la mañana del domingo; la esperada dejó de hacerse esperar. Nuevo tweet de Movistar+ anunciando lluvia. Se me siguen poniendo los pelos de punta. Verstappen arruinó su sábado cuando, partiendo desde la segunda posición, se hundió en la recta de meta justo después de que los semáforos se apagasen; motivo insuficiente para trastornarse, Max es la suerte. Y antes de que te dieses cuenta la gente ya estaba cambiando sus neumáticos a intermedios, pues el accidente de Sergio Pérez contra el muro a la salida de curva ocho era la perfecta escusa para hacerlo y no perder casi tiempo.
Leclerc, medio-francés aunque monegasco, posee la misma combinación genética que Thibaut Pinot y gastó cualquier traza residual de fortuna en el momento que besó la escapatoria de la curva 16 y, contra pronóstico, se mantuvo en pista. Los genes apellidados Sainz nunca estuvieron asociados a la suerte y falló como Leclerc en la curva 16; el incidente, aunque no derivó en abandono, lo envió a las últimas posiciones.
Pues no va Magnussen y pone neumáticos secos; y pues no va la parrilla entera de la Fórmula 1, con sus ingenieros y sus coeficientes intelectuales, y siguen los pasos de un taxista. Cinco vueltas después de que Kevin abanderase la nueva religión de la ignorancia, solo resistían Carlos, Albon y Nico con neumáticos de agua. Verstappen, que ya era segundo desde la tercera vuelta, trompeó en los albores de la curva 16 pero mantuvo la posición y pudo cambiar a los neumáticos apropiados; quien no tuvo la oportunidad de rectificar su Gran Premio fue la otra cara de la moneda, Leclerc, que no salió vivo de su segunda excursión en la decimosexta curva: Safety Car y el rigor, la cordura y la inteligencia rebrotó en el pitlane: todos, de nuevo, a neumáticos de lluvia. El trío de sobrios recogieron los frutos.
Al que tampoco le crecen tréboles de cuatro hojas en su jardín es a Daniel Ricciardo que se perdió la carrera más divertida del año por culpa de un fallo de su motor francés Renol. Lando Norris todavía es demasiado joven para determinar con firmeza si la suerte la acompaña o no; pero sus últimas carreras lo están situando de lado de los sacrificados; hoy, un fallo en su motor francés Renol lo apartó de la carrera más divertida del año.
Magnussen y sus seguidores dejaron de hacer el cabra durante un rato y cada coche puso a cada piloto en su sitio con el paso de las primeras vueltas normales de la carrera; poco duraron. El punto de frenada de la curva 16 es difícil de tomar hasta en la PlayStation, ni te cuento ya cuando llueve. Nico Hülkenberg, que no se acuesta precisamente con la señora suerte, no quiso irse del circuito sin catar el muro de la curva 16 y Kimi Räikkönen, por encima siempre del bien y el mal, oyó que había hielo en ese punto y creyó oír ice-cream, el finés sí continuó. Hamilton también tuvo su pertinente visita por los alrededores del circuito, la salida cultural se saldó con el alerón roto y con cinco segundos de retraso por entrar al pit-lane por donde no le estaba permitido y va y los Haas se chocan entre ellos; el público celebró su propia suerte genética.
Safety Car, de nuevo, por el accidente de Nico Hülkenberg, y todos los como locos a los boxes, había oferta de tiempo. En las últimas vueltas de régimen, a Stroll, al que su padre le compró el gen de la buena suerte hace veinte años, le cayó la manzana en la cabeza. Quizás le cayó a su ingeniero. Puso neumáticos secos. Le siguió Kvyat. Una vuelta después toda la parrilla juró ser Strollista, Kvyatista y sus sucedáneos. Ya era tarde, sin embargo, arrebatarle el primer puesto al millonario piloto canadiense, al menos en los siguientes doscientos metros. Sainz, con el torpedo y Stroll todavía por delante, olía a podio desde la quinta posición. En mi casa se contenía la respiración.
Desde el día que Vettel estimó oportuno correr con dos monedas en el pie, la suerte siempre estuvo de su lado. Cabe recordar también, que la suerte no corre sola, hay que darle de comer como poco. El alemán que parecía volver a tener veinte y tres años escaló desde la décima posición, y Bottas le allanó el camino cuando estampó su Mercedes contra las protecciones de la primera curva del circuito. Con cinco vueltas por delante, que Vettel quedase delante de Sainz, del torpedo y de Stroll era como beberse un vaso de agua. Las cuentas de Sainz, no tan afortunado, pasaban por verse superado por Vettel, pero adelantar a los outsiders para hacer podio; sin embargo, justamente hoy, la carrera en el Hockenheimring duró tres vueltas menos de los habitual y la bandera cayó antes de que Sainz le arrancase las orejas (y el rabo) a Stroll y a Kvyat. Para ver hacer podio al madrileño habrá que esperar que solo corran tres y que ese día todas las piezas de su coche resistan 306 kilómetros.
Verstappen, que le da igual salir mal, hacer un trompo o poner neumáticos medios, ganó. Vettel, que hace diez años bien podía ser como Verstappen, quedó segundo. Y Kvyat, al que en 2016 le comunicaron por teléfono mientras veía Juego de Tronos que no seguiría en RedBull, parece querer revertir cierto contenido en su ADN. El mismo Sebastian Vettel forzó, desde Ferrari, para que Kvyat abandonase RedBull cuando el torpedo ruso le metió un repasito interesante en Shanghái; a Vettel le pusieron a Verstappen al lado y a Kvyat lo relegaron al pelotón de la parrilla privándole de ganar los Grandes Premios que está ganando MadMax. Ayer por la noche nació su hija y no pudo estar allí, pero ella sí contiene el gen de la buena suerte, y hoy su padre ha conseguido un podio inimaginable.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


