El partido de hoy, lo crean o no, ha sido un chute magnífico de esperanza, un reencuentro con el pasado, una limpieza absoluta de pequeñas cabras con la lana teñida de azul y grana. El día del Espanyol salí del partido tocado, no por el juego, ni si queria por el resultado, sino por la reacción del promedio de los granotas. Sin tracta previa, quemamos la falla, el casal y la comissió sansera. Que si tenemos que defender mejor, que si tenemos que espabilar, que si por qué no juega Vuchevich, que si por qué no fichamos a Gekas, que si por qué tiramos a Muñiz... el Sevilla nos metió seis y el tiempo puso a cada uno en su lugar: muchos acabaron en el vertedero de twitter; los de siempre, al margen de casos facilmente entendibles, se quedaron dignificando al decano, los mismos que aguantaron la lluvia en un empate a cero contra el Sporting que nos empujó al descenso, los mismos que mitigaban el eco de los jugadores cuando el Celta nos dejó al borde de la desaparción, los mismos que en su piel aún conservan las cicatrices de los martillazos forjados en el yunque de la adversidad. A los otros, su lugar les aguarda esta tarde chupando el cristal y la reja de la cárcel de El Madrigal.
Pensaba que la fama nos había cambiado, pensaba que tener jugadores buenos en lugar de mataos había sofisticado nuestro paladar hasta límites insoportables, que cuando pasas un tiempo en el olímpo del fútbol todo el mundo se vuelve igual de gilipollas; pero gracias a Casadesús estaba equívocado. Las ramas se ha abierto y el sol ha alumbrado la supercifie. Los granotas nunca se fueron, solo estaban camuflados entre tanta lana estridente.
El Levante ofreció un recital con balón, de los mejores minutos de la era Paco López; pero cuando lo perdíamos... la cosa se desmadraba. Quizás debió jugar Cabaco, quizás hubiese sido necesario en ciertos momentos un pelotazo o como si se tratase de un quince añero que tiene un poster de Bad Bunny en su habitación, puede que se hubiese necesitado una patada a tiempo a Ben Yedder. Roger, Mayoral, Morales, Bardhi y Prichich, hasta que la cagó, parecían que jugaban contra juveniles; sin embargo, Aleix Vidal fue el mejor de los nuestros. Merecimos más me suena a poco. Solo nos falló algo: Oier no tenia su día.
Si el fútbol fuera solo el resultado, las clases de matemáticas serían apasionante y retransmitidas por la tele un domingo a las doce de la mañana. Pero como no es el caso, se puede llegar a entender que, a pesar de palmar 1-4, se puede jugar bien e incluso mejor que tú rival; salvo, claro está, que se pertenezca al vertedero, entonces solo entiendes de llorar. En la segunda parte se acabó el partido, mucho calor. En cualquier paso, pudimos ver al hijo de Ettien abrir su cuenta goleadora.
Perder de esta forma entra dentro de los planes de un equipo que va de frente, que no especula, que solo ve la portería, que tiene más delanteros que defensas, que busca la victoria, que es valiente y que arriesga, y cuando arriesgas puedes ganar (Getafe, Éibar, Málaga, Bilbao, Leganés, Betis Las Palmas, Barcelona) o perder (Celta, Espanyol y hoy). De lo contrario, solo puedes perder (o empatar, si eres Muñiz). Al final de la temporada pasada comenté con un amigo que Paco López no llegaba a Navidad, que no aguantaríamos el perder por ir a ganar. Ojalá ese día nunca llegue, pero si ocurre lloraré desconsoladamente. Puede que nunca juguemos mejor.
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