Páginas

lunes, 15 de abril de 2019

No quiero que se vaya Paco

El Valencia ayer nos arrolló. Quienes se acuestan cada domingo con el catastrofismo más radical sonríen porque ante sí se alza una nueva oportunidad de despotricar; aunque no sé si estarán dispuestos a hacerlo teniendo en cuenta que su equipo ha ganado. Los amantes, también, de achacar la victoria más absurda a que: «hemos puesto más huevos» y cualquier derrota a que: «no hemos puestos huevos» están en su día de suerte porque por fin van a tener razón y van a poder quejarse con todas las de la ley.

Santi Mina metió en la primera jugada de partido, pero como dos minutos después Campaña rozó la escuadra: no me preocupó mucho. Roger acarició el empate poco después. Y hasta aquí el Levante. Jugamos durante los diez primeros minutos y los tres apoteósicos segundos que transcurrieron desde que marcamos hasta que Guedes metió el dos a uno. Cuanto choto, que se rió de las orejas de Bale cuando era pequeño, lleva ahora la camiseta de Guedesh.

Si bien es incurable eso de ser choto y gastarse veinte euros en que te pinten de dorado barato la publicidad la camiseta; más incurable es aún lo de Santi Mina, al que solo la belleza (el principal mojabragas de Mestalla, hasta que llegue Jason) y una riqueza incalculable, por ser futbolista, va evitar que viva de sus padres hasta que pueda vivir del Estado, porque con la cara de Parejo hijos no los iba a tener.

Si Mestalla fuese una persona todo lo que tiene de alto, lo tendría de tonto; y si el mundo fuese un pañuelo, los chotos sería los mocos. Entre las nubes de Valencia, arropado por la bandera del Reus y del Logroñés, otra cosa no pero la vida se ve con perspectiva. Con uno a tres en el marcador y un Levante que, cual surcoreano vitoreado a base de balidos, era inoperante; los quince minutos que quedaban de partido eran demasiados valiosos como para, por ejemplo, ir quejándose de la prescindible presencia del pesetero. Los cuarenta años de sequía no lo merecían.

Desde que al Pelao de Silla le zumbó el móvil mientras estaba en el autobús del filial que les llevaba a Elda, el juego del Levante siempre ha sido su mayor activo; pero ayer ni jugamos, ni tuvimos caracter, ni sacamos un resultado. El equipo, por primera vez en toda la temporada reunió los síntomas del descenso. El canguelo de la grada ya ha traspasado al terreno de juego y a falta de seis jornadas nos aferramos al barrio de Orriols. Nunca hemos sido de decisiones precipitadas pero con un hombre con un apellido y un nombre común en el banquillo todo puede pasar: no quiero que se vaya Paco.


No hay comentarios:

Publicar un comentario