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sábado, 22 de abril de 2023

Castigo

El levantinismo está inquieto. Tiene sus motivos. En un mes y unos pocos días nuestro destino quedará sellado para, por lo pronto, la siguiente temporada. Por dejar de mencionar, que el quedarse en Segunda o subir a primera al final de este campeonato seguramente vaya a determinar qué va a ser de nosotros para varias de las siguientes temporadas. Hace dos noches un buen granota con sentido de transcendencia pintó en la fachada del estadio: «Vamos a subir». Las verdaderas redes sociales. El avezado lector de este sucedáneo de portal web conocerá sobradamente que mi opinión desentona con la del anónimo granota con dotes artísticas, pero quisiera subrayar que es el más evidente ejemplo de que el chaval está inquieto, el que vigilaba que no viniera nadie está inquieto, el que leyó el mensaje al día siguiente está inquieto y todos pertenecemos a un levantinismo que sin ayuda de nadie vive inquieto.

El fútbol es entretenimiento y el Levante no es una excepción. Un entretenimiento contado a base de historias que se enlazan unas con otras. No hay granota que no esté como loco por presenciar esa tarde crucial que nos permitió volver a Primera. De la misma manera, nadie se quiere perder el desastre de abalanzarse sobre nosotros. Acabe el cuento en tragedia o epopeya no deja ser igualmente absorbente. La historia del ascenso, o la del no ascenso, se escribe a través de relatos como el último penalti. A través del miedo que sintió la grada cuando Wesley agarró el balón, a pesar de que había quien pensaba que en el último momento iba a entregárselo a Campaña. Un inquieto, por supuesto, caballero desde una de las bocas de acceso a Grada Central proclamaba con los brazos en alto: «Que lo va tirar Wesley, que lo va a tirar Wesley». Sus poderosos intentos por cambiar el lanzador de la pena máxima cayeron en saco roto cuando Wesley plantó el balón sobre la cal, tomó una carrera de unos pocos pasos y mandó el balón a la grada tras ser desviado por el larguero. ¿Quien, al acabar el partido, no quiso escribir en las paredes del estadio: «El penalti lo tenía que haber tirado Campaña»? A nadie pareció importarle haber encajado el segundo gol castellano tras conseguir el empate por otros medios.

De ahora al próximo partido del Levante solo nos separa una pausa para comer y el tiempo justo para echarse una siesta breve. El levantinismo desea fervientemente estar presente en esa tarde crucial que nos permita volver a Primera, o que nos prive de. Hasta donde me puedo imaginar quienes representarán a les barres blaugranes de aquí a pocas horas ya están en Gran Canaria preparados para ser los protagonistas de esa tarde crucial. Pero este es un mensaje para la tranquilidad. En Orriols tenemos lo que nos hemos ganado. Doña Segunda División esta siendo severa con nosotros pero justa. Nuestro merecimientos para con el ascenso van estrechamente acorde a nuestra posición. Contestar con un gol pocos segundos después de encajar contra el Lugo es hacer méritos para subir a primera, tirar del carro en Huesca perdiendo por tres goles y con mínimas posibilidades de ganar, lo mismo. Empatar a cero contra el Albacete con uno más no es sinónimo de ascender, hacer el capullo en Málaga, tampoco. Perder una ventaja contra el Zaragoza en casa, y que Róber Pier la lie siete dias después en Éibar, y que Wesley le quite la pelota a Campaña antes de lanzar un penalti no es compatible con ascender. Cuando ya hayamos jugado las cuarenta y dos jornadas reglamentarias, nuestra posición tendrá mucho que ver con nuestros méritos cosechados. ¿Se puede ascender sin merecerlo? sí. ¿Se puede no ascender a pesar de merecerlo? ya te digo yo a tí que sí. Pero no se puede merecer quedarse en Segunda, jugar el año que viene contra el Valencia como castigo y luego lamentarse de no haber ascendido.



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