El fútbol es entretenimiento y el Levante no es una excepción. Un entretenimiento contado a base de historias que se enlazan unas con otras. No hay granota que no esté como loco por presenciar esa tarde crucial que nos permitió volver a Primera. De la misma manera, nadie se quiere perder el desastre de abalanzarse sobre nosotros. Acabe el cuento en tragedia o epopeya no deja ser igualmente absorbente.
De ahora al próximo partido del Levante solo nos separa una pausa para comer y el tiempo justo para echarse una siesta breve. El levantinismo desea fervientemente estar presente en esa tarde crucial que nos permita volver a Primera, o que nos prive de. Hasta donde me puedo imaginar quienes representarán a les barres blaugranes de aquí a pocas horas ya están en Gran Canaria preparados para ser los protagonistas de esa tarde crucial. Pero este es un mensaje para la tranquilidad. En Orriols tenemos lo que nos hemos ganado. Doña Segunda División esta siendo severa con nosotros pero justa. Nuestro merecimientos para con el ascenso van estrechamente acorde a nuestra posición. Contestar con un gol pocos segundos después de encajar contra el Lugo es hacer méritos para subir a primera, tirar del carro en Huesca perdiendo por tres goles y con mínimas posibilidades de ganar, lo mismo. Empatar a cero contra el Albacete con uno más no es sinónimo de ascender, hacer el capullo en Málaga, tampoco. Perder una ventaja contra el Zaragoza en casa, y que Róber Pier la lie siete dias después en Éibar, y que Wesley le quite la pelota a Campaña antes de lanzar un penalti no es compatible con ascender. Cuando ya hayamos jugado las cuarenta y dos jornadas reglamentarias, nuestra posición tendrá mucho que ver con nuestros méritos cosechados. ¿Se puede ascender sin merecerlo? sí. ¿Se puede no ascender a pesar de merecerlo? ya te digo yo a tí que sí. Pero no se puede merecer quedarse en Segunda, jugar el año que viene contra el Valencia como castigo y luego lamentarse de no haber ascendido.

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