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martes, 20 de mayo de 2025

Doble calendario

Tras ver desfilar a mis dudas y fobias, en una ordenada marcha funebre de sesudas razones y velados argumentos, durante el Gran Premio de Bahréin y las sesiones al sprint del Gran Premio de China, tomé la decisión de obviar y hacer como si no existieran los insoportables Grandes Premios de Arabia Saudí y Maiami, y no puedo sentirme más conforme. Esta temporada en la Fórmula 1 hay dos calendarios: el que ha organizado la Fórmula 1 y el que a mí mejor me parezca. El jueves, pasado un mes desde mi último fin de semana de cochecitos caros y con pegatinas, rebosaba ilusión, me sentía impaciente, de hecho, viendo a Gabriel Bortoletto retorciendo el hierro que tiene por coche en las dos últimas curvas del circuito me arrepentí de otras carreras, en otras temporadas, en Ímola que me perdí por agotarme sí viendo Grandes Premios insoportables. Pero lo mejor es, acabado todo, que no veo la hora de que arranque el fin de semana el viernes en las calles de Montecarlo.

Antes de que te des cuenta, Tsunoda revienta el coche en la crono del sábado, luego Colapinto estampa el auto y la bandera roja pilla a El Nano clasificado; no se celebra, pero casi. Ya en la Q2, su primera vuelta es esperanzadora, sin embargo, tras el paso por los boxes, ves de reojo que Aston Martin ha puesto medios, «no puede ser, tío, ya la han vuelto a liar». La segunda vuelta del resto de pilotos ha dejado a los dos Aston Martin provisionalmente eliminados, pero Stroll tiene otros planes: se cuela sexto, para sorpresa de todos, y a cinco segundos de su estela viene Alonso. Fernando, no me jodas; el asturiano más rápido del planeta, coronado rey del viento, mejora el tiempo de su compañero por pocas centésimas, clasificándose para la siguiente ronda, mientras el aficionado promedio a los cochecitos en esta piel de toro extendida rueda enajenado en una charca de fervor y jolgorio, como cochino en el barro. El día que Alonso consiga el tricampeonato, España será dos veces campeona del mundo, la primera fue con el gol de Iniesta. Una vuelta discreta, en la definitiva Q3, precedió a una que fue un disparate, valiéndole el quinto constitucional a Fernando Alonso. No hay posición en la que se haya clasificado más veces, 41 con la última.

La Fórmula 1 se parece menos a una procesión de Semana Santa de lo que me gustaría reconocer. Después de una salida tranquila, Leclerc leyó perfectamente la estrategia y anticipó su parada permitiéndole adelantar a todos hasta el cuarto -incluido a Alonso-. Unos pocos siguieron la táctica de Leclerc -incluido a Alonso-, momento en el que Sainz adelantó a Fernando aprovechando, muy probablemente, que los frenos del asturiano estaban ardiendo. El Nano iba decimoquinto o decimosexto, pero todo se decidiría tras un inminente paso por el pit lane. La tensión crecía con el paso de las vueltas, pero se esfumó en un parpadeo cuando Ocon abandonó y la FIA sacó el Virtual Safety Car. Eso perjudicó a unos cuantos -incluido Alonso-, a mí el primero, que, decepcionado, dediqué el resto de la carrera a comer. En la lista de perjudicados por este golpe de teatro figuran: Leclerc, Sainz y Alonso -y yo-; en la de beneficiados: Albon, Verstappen y Hamilton. Verdaderamente sorprendente. La mala suerte no es genética, (o sí).



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