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lunes, 8 de septiembre de 2025

Piastri es un tío tranquilo

Oscar Piastri no tiene pinta de rayarse por la novia. En cambio, sí tiene pinta de pedir matrimonio, haciendo un esfuerzo, mientras lee en la palma de la mano una nota escrita con boli BIC, que se la ha pedido a ChatGPT. Por el bien de esa pareja, por el equilibrio emocional de esa pobre muchacha que cometió el error de enamorarse de una nevera -por lo fría que está siempre y siempre en el mismo sitio-, más conviene que sea ella quien le regale un reloj y le prometa amor eterno. Me puedo imaginar a Piastri contestando: «Sí.». Con mayúscula inicial, acento sobre la i y punto final. Sin una sonrisa, sin estirar la boca, no le pidas una lágrima. En 2023, recién llegado a la Fórmula 1, después de poner el paddock patas arriba en su primera visita a las curvas imposibles del ocho de Suzuka, mientras en esta casa estábamos alucinando con la segunda posición que se había sacado de la manga, le ponen un micro delante al muermazo de Piastri y suelta, acompañado de una leve mueca: «Feels great.». ¡La madre que te parió!

Cuando ayer, a cinco vueltas del final, McLaren estableció comunicación por radio con su monoplaza, para rectificar el error humano de un mecánico que, salvo que sea como mi primo australiano, no habrá pasado una buena noche, a Piastri no se le empezó a mover el pecho, no se le quedó la lengua seca, no oyó los latidos del corazón subirle por los oídos. Las cabezas pensantes de su equipo ya le arruinaron su primera victoria la temporada pasada [Todo un honor], y en su año de debut tampoco le trataron como a un igual. Pero Piastri es la definición de no decir una palabra más alta que la otra, Piastri es el resultado de clonar a Kimi Räikkönen, quitarle ese pelo rubio y ojos azules de sex symbol, e inyectarle toda la educación y modales que le faltan a Iceman; por cierto, Räikkönen es el último ganador con Ferrari -espera que la están peinando-. Oscar es el primer piloto más joven que yo en ganar un Gran Premio de Fórmula 1, un tío calmado, que desprende serenidad, y, quizás por eso, un tío que tanto admiro.

A la hora de los postres, con McLaren tejiendo la pantomima, Piastri elaboró un plan. Para él, seis puntos, los tres que perdió más los tres que Norris ganó, no son comparables con un campeonato. Evitar causar un torbellino en la balsa de aceite que es McLaren, y, yendo primero, le conviene que lo siga siendo, bien valen seis puntos. En pleno Drivers' Parade, por ejemplo, con todos los pilotos con la boca muy caliente, Leclerc, que presentía una victoria, se tuvo que contener para no insinuar más de lo debido, Alonso dijo que iba a sacar puntos, que no iba a abandonar, que iba a acabar la carrera, vamos, pero Piastri pidió una primera curva apacible y fácil. ¿Por qué luego no va a querer un final de temporada apacible y fácil?. Y al mismo tiempo, McLaren desatiende a la mayor promesa de la parrilla para la próxima década, que me la imagino fichando, como campeón del mundo, por Ferrari mientras suelta unos cuantos «Ciao a tutti, ragazzi» y deja a su antiguo equipo con Norris y Gasly, que pasaba por ahí, conduciendo el mejor coche. En este rincón del planeta, bañado por las olas del Mediterráneo, no hubiéramos dejado pasar ni a su puta madre, pero Piastri es un tío tranquilo, y va líder, y, como no es Fernando Alonso -jamás superaré 2012-, va a ganar el campeonato.



lunes, 1 de septiembre de 2025

Las sombras

Estas serán las tardes que recordaré en invierno, cuando el campeonato de Fórmula 1 haya terminado, y eche de menos las carreras. Y ésta empieza a ser una sensación habitual tras el cierre de los Grandes Premios, para mayor prosperidad de mi relación con la setentaycincoañera que, para los interesados, sigue en vias de reconciliación. No es casualidad que suceda en el epílogo de la gira europea. Recuerdo cuando mi relación volvió a pender de un hilo tras el insulso Gran Premio de Baréin y me pregunto qué hubiera pasado de apuntarme a los Grandes Premios de Arabia Saudí y Miami. Este domingo, durante la misma vuelta de calentamiento, con un plano aéreo emitido por la maltrecha tele eslovaca que me regaló mi hermano, no pude evitar que se me escapase un "Joder, ¡vaya circuito!", y esto es justo lo que quiero cuando veo una carrera de Fórmula 1. Un circuito con peraltes imposibles, sin espacio para las rectas entre la primera y la última curva, en el que cada cámara onboard haya sea una joya.

Acabo la carrera contento, mirando a la Fórmula 1 con los ojos entornados, despidiendo amor, con la cabeza dulcemente apoyada sobre el puño de la mano; y todo a pesar de la oportunidad desperdiciada en un Gran Premio que ninguno de los Ferrari ha acabado, en el que los dos Mercedes iban tocados y en el que a Norris el coche le ha dejado tirado; todo a pesar del meteórico podio de Hadjar y del instinto felino de Albon para acabar quinto en cualquier circunstancia. En definitiva, contento a pesar de la sombra que persigue al automovilismo español desde, que sé yo, la invención misma de la rueda, es decir, desde el fatal accidente en la Mille Miglia del marqués de Portago, primer podio patrio en la Fórmula 1. Que fuese un motivao, capaz de, por ejemplo, volar una avioneta por debajo de un puente para ganar una apuesta, no tiene nada que ver; que dos talentos descomunales al volante se estén jugando la carrera deportiva contra taxistas y pilotando coches que parecen la furgoneta de reparto de Mercadona, tampoco tiene que ver con que esta sombra se haya encariñado con nosotros y no pase a incordiar, por citar dos nacionalidades puramente al azar, a franceses o ingleses. Si, en el hungaroring, llega a ser Hadjar el quinto, y no Alonso, nadie duda que los dos McLaren se hubieran chocado entre ellos en la última vuelta. ¿Qué hay más satisfactorio que echarle la culpa a la mala suerte?, te lo digo yo: hacerlo con razón, y, en esta casa, estamos muy satisfechos desde ayer por la tarde.

Si bien mis gustos encajan mejor con carreras más pausadas, y no me llevo demasiado bien con los golpes de guion que suelta el Safety Car, sí debo reconocer que fue una muy buena carrera. El circuito, causa principal del espectáculo de ayer, acompañaba, el ver dos accidentes retransmitidos en directo siempre suma mucho y el que también entre en el directo el mejor adelantamiento de la temporada, además entre Leclerc y Russell, los dos mejores pilotos de este año solo por detrás de Verstappen, lo convierte en un Gran Premio memorable. Cuando solo quedan tres carreras para que termine mi calendario particular [Doble calendario, Detrás de la nariz], vuelvo a sentir nostalgia, al fin, porque la temporada se acaba. Ay, querida setentaycincoañera, en ocasiones, tengo el impulso de perdonar todos tus pecados e iniciar una nueva vida. Pero luego hago balance, y que lo haga no te conviene, y recuerdo que la parrilla, antes de empezar la carrera, parece el puerto deportivo de Dènia, con monoplazas que tienen eslora y no batalla, recuerdo las carreras sprint, el desagradable zumbido de los motores, a Pirelli como único suministrador, que no sancionen a Lawson, que sí sancionen a Carlos y que solo me has dejado un Gran Premio en Zandvoort antes de que una obra prefabricada de cemento y hormigón ocupe su lugar... y entonces prometo dejar de verte... pero siempre después de la siguente carrera.