España lleva tres mundiales seguidos jugando el mismo partido, y, como contra Marruecos, y antes contra Rusia, cualquiera hubiera empatado contra nosotros. Ayer Cabo Verde no se organizó en base a las aptitudes futbolísticas de sus jugadores -- como sí hizo Australia a primera hora de la mañana del domingo --, sino que solamente se dedicaron a ocupar un espacio dentro del campo. La Selección Española ha conseguido, de manera reciente, superar partidos en los que el gol era una urgencia, o en los que el rival se ha plegado sobre sí mismo esperando ser rescatado por el pitido final. Pero ayer, pasados cinco minutos, alguien debió pensar, como yo hice: «¿Cómo cojones no hemos metido gol todavía?»; supongo que otro alguien se acordaría de haber visto -- otros de haber jugado -- el partido contra Marruecos; y luego no se cómo todo se convirtió en un ejercicio contrarreloj para ver quién llegaba antes: si el último minuto o el primer gol (de España) -- Tota pedra fa paret --.
Si bien los partidos contra Rusia y Marruecos acabaron en eliminación y el de ayer no, el sentimiento es muy parecido. En otras palabras, Morata tirándose de rodillas mientras celebraba el gol contra Italia con tres cientos españoles detrás desbordando el alma por el cuerpo es uno de los momentos de mayor españolidad de mi existencia, pese a que fuese la antesala de una derrota. Afortunadamente, España sigue compitiendo en este torneo; esa es la única parte positiva de todo esto. El razonamiento que sigue a que el empate de Uruguay ha reducido la fase de grupos a solo dos partidos, me sienta igual que recordar el tiro al larguero de Ferran ayer. Aunque peor es contentarse con que en 2010 perdimos contra Suiza, que Argentina y Arabia Saudí no sé qué, o que el Atlético de Madrid ha sido subcampeón de la Copa del Rey. El creyente no necesita milagros para oponerse a la incredulidad, mucho menos supersticiones. Vamos a ganar el mundial, y eso es algo en lo que creo, a pesar de no cenar, dormir durante once horas, llevar una camisa sin planchar y no querer saber nada de la Selección hasta el domingo.

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