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domingo, 5 de julio de 2020

Di que sí, Valtteri

La carrera del Gran Premio con el que la Fórmula 1 se decidía a volver empezó un poco antes de que los semáforos se apagasen; también antes de que la Fórmula 1 publicase en Instagram que Hamilton salía quinto porque en su vuelta de clasificación había pasado olímpicamente de las banderas amarillas provocadas por la salida de pista de su compañero de equipo. La carrera realmente empezó anoche, con un rezo, pedí por Bottas, pedí para que ganara la carrera. Posteriormente, los acontecimientos se precipitaron y setenta y una vueltas después Valtteri se llevó la victoria sin abandonar por un solo momento la primera plaza. Y todavía aparecen valientes argumentando la destreza del finés a los mandos de su pepino Mercedes... ilusos.

Que bien sienta una buena salida después de siete meses de sequía. Veinte pilotos siguen siendo demasiados para solo dos ojos, y aunque solo te fijes en los primeros las matemáticas no engañan. Mientras ves como Lando Norris sale mejor que Verstappen, te pierdes como Carlos Sainz está intentando adelantar por el interior de la curva a todo quisqui. Hamilton y Leclerc aprovechando la escapatoria de asfalto para no perder posiciones: a ver cuando se dejan de mamonadas y ponen césped al lado de los pianos y quitan esos baches amarillos de los cojones. Leclerc queriendo adelantar a Pérez, Norris que pasó de verse segundo a verse cuarto en cuestión de una recta. Pero al final na de na cada uno siguió donde empezó a pesar de que la primera vuelta había resultado brillantemente dramática.

Albon adelantó a Norris nada más se activó el DRS constatando que, aunque McLaren parece estar más cerca, la diferencia con RedBull sigue siendo insalvable. Quien también superó a Norris y, tras varias vueltas, a Albon fue Lewis Hamilton que, siete años después, sigue conduciendo un pepino; eso sí el hexacampeón necesitó que la maniobra de adelantamiento se produjese a mitad de la recta y cuidado con frenar en paralelo. La superioridad de la estrella de tres puntas se ve camuflada cuando sus pilotos se enfrentan a la tesitura de pelear cuerpo a cuerpo. A Verstappen se le vino el coche abajo solo unas vueltas después de que Luisito consiguiera adelantar a Albon. "Gracias a Dios"-murmuró nuestro amigo Hamilton.

A todos nos sentó muy mal que Verstappen fuese elegido por el señor que determina quién termina y quién no termina las carreras. Max Morritos rodaba con unos neumáticos más duros que el resto y ello le otorgaba cierta ventaja no solo al final de carrera, sino también al final del stint de quienes llevaban los blandos. Sin embargo, de haber continuado en carrera el protegido de Helmut Marko, nos habríamos llevado el chasco igual pues esa pequeña ventaja estratégica se habría ido al garete cuando el Safety Car provocado por un problema en los frenos de Kevin el taxista coincidió con la ventana de parada del neumático blando. Todos entraron a boxes y, por tanto, solo hubo reagrupamiento y vuelta a empezar con 40 vueltas por delante.

El otro taxista de la parrilla también tuvo problemas de frenos. Y es que el señor que determina quién termina la carrera y quien no se ha quedado a gusto señalando a diestro y siniestro. Antes habían caído Ricciardo y Stroll, ahora Grosjean e inmediatamente después a George Russel se le para el buga, lo aparca al lado de la pista y coche de seguridad otra vez. Albon, Norris, Leclerc y Sainz pararon en boxes; Pérez, que había adelantado a Norris, lanzó un ataque arriesgado por el podio permaneciendo en pista con unos neumáticos viejos; a los Mercedes, sin embargo, les daba igual quedarse fuera o entrar, por ahora. La apuesta de Sergio Pérez se diluyó en cuestión de metros, Albon lo pasó en la segunda curva. Y antes de que te dieses cuenta a Raikkonen se le sale a una rueda y otro Safety Car: habla de como Kimi calienta los neumáticos cuando una rueda mal ajustada se sale en el momento en el que la carrera se va a reemprender.

Hamilton se durmió en los laureles en el tercer reinicio de la prueba y Albon necesitó una rendija tan ancha como el canto de una moneda para aprovechar la oportunidad. El tailandés, nacido en Londres, le echó un par de huevos subiendo marchas por el exterior de Schlossgold, pero Luisito mandó al de RedBull a fer la mà por segunda vez en tres carreras. Durante el breve instante que el hexacampeón lo dejó marchar por el bordillo, Alexander Albon olió a victoria. Los cinco segundos de sanción le cayeron a Luis como el agua cae cuando se mezcla con aceite; y yo pienso que el año pasado a Verstappen solo le salvó que en la curva donde tiró a Leclerc no ni había grava, ni había césped en la escapatoria. El que no se durmió en los laureles fue Sainz que en un visto y no visto adelantó a Ocon, quien pagó durante 71 vueltas su mala clasificación de ayer, y a Gasly, quien exprimió hasta la última gota de su coche para dejarlo en séptima posición.

Al que tampoco se le da bien adelantar es a Sebastian Vettel. Superó a Ricciardo en la salida, se puso noveno porque abandonó MadMax, se puso octavo porque abandonó el multimillonario Stroll y solo se acercó al grupo cabecero tras el primer Coche de Seguridad. Entonces, el tetracampeón metió el coche donde no debía, chocó con Sainz y el resto de la carrera la pasó peleando con Kvyat, Giovinazzi, Russel y Raikkonen. Y no es que le costara un ojo de la cara el pelar contra coche de un rango menor, sino que tres de ellos no pudieron terminar la carrera y el que faltaba, Giovinazzi, quedó delante de él. El alemán terminó décimo en un Gran Premio en el que solo once coches cruzaron la línea de meta.

A Leclerc, desde la quinta plaza, le empezaba a quemar el pie derecho, y junto a Norris replicó la maniobra que Hamilton tuvo la deferencia de zanjar con Albon. Esta vez, los chicos de SimRacing dejaron el espacio necesario y Leclerc completó, seguramente, el adelantamiento de la tarde. Tampoco tardó mucho el de Mónaco en adelantar a Pérez, pero la superioridad de Mercedes fue demasiado grande como para acercarse a la victoria a pesar de rodar con neumáticos sustancialmente mejores. Sainz rozó un futurible podio, pero Lando Norris supo defenderse del madrileño durante una buena serie de curvas. A la apuesta de Sergio Pérez empezaban a crujirle las costuras y los McLaren lo adelantaron a pesar de contar con un coche ligeramente inferior. Carlos adelantó a Pérez en la última vuelta en el último punto donde podía hacerlo y Norris terminó su carrera marcando la vuelta rápida y adelantando al fantasma de Hamilton, que rodaba a cinco segundo del de Mercedes, por solo dos décimas.

Seguramente, mañana vuelva a verla.


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