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sábado, 13 de marzo de 2021

Si no fuera por los tatus



La última vez que le ganamos a los chotos también fue con un solitario uno a cero y el gol de la victoria igualmente fue un suave toque con la izquierda de nuestro delantero centro; en ambos casos la pelota rodó con tranquilidad todo el ancho de la portería hasta que irremediablemente cruzó la línea y besó la red, todo a la vez. En las fallas de hace cinco años Ju-Ju-Juanfran daba asistencias sacando de banda, España era la campeona de Europa, Pepe Besalduch era el granota más famoso de todos los granotas y Giusseppe Rossi esperaba la llamada de Antonio Conte y, si eso, salvar al Llevant, claro. Il Bambino no consiguió ni una cosa, ni la otra pero dejó sus buenos siete goles, un par de asistencias y fue mucho más profesional que, por ejemplo, Deyverson que, a juzgar por la celebración del gol, pareciera él el autor y el estadio no fuera el Ciutat, sino Mestalla. Si bien, entre aquella última victoria y la de ayer existen similitudes bastante evidentes, hay diferencias tanto o más claras. Y ya no me quiero referir a las gradas llenas o al sol de justicia, sino digo que después de aquel toque envenenado de Rossi, el Levante seguía siendo el último clasificado y nuestro vecino perdía comba con el ritmo Champions; y hoy estamos más que salvados, delante de doce equipos y solo la imaginación nos permite saber a qué distancia estaríamos del Valencia si los dos últimos partidos en Mestalla hubieran terminado en el minuto noventa, y no en el minuto noventa y tres.

Quien ha visto y quien ve al fútbol de el cap i casal. No hace tanto tiempo, no era ni tan si quiera una posibilidad que que un uno a cero a favor del Levante se considerase un resultado corto. Tanto fue así que, al cuarto de hora de juego, cuando un curvado disparo de Morales se marchó rozando el gol, habiendo ocurrido antes un tiro al palo de de Frutos y un lanzamiento en la frontal del pelazo del equipo yo educadamente reflexioné: «¿Pero qué puta broma es esta?». Y hablando del pelazo... Daniel Cárdenas, aspirante todavía, sigue sumando suplencias en las que el señor realizador decide enfocarle; no solo en GradaCentralAlta estamos al tanto de  este galardón. A Rubén Rochina, por su parte, perder un balón delante de su portería, no; pero que alguien pueda arrebatarle su condición de pelazo del equipo, le pone de los nervios. Por eso y no por otra cosa, estuvo atento a donde iría el pase de Diacabí, por eso y no por otra cosa, hizo fuerza para que el sutil disparo de Roger, tras su pase de gol, marchara dentro de la portería. Quería lucir pelazo. Después, dio dos pases de tacón que de haberlo hecho en área ajena, habría terminado en gol (o contra el larguero, que tal y como se estaba dando la noche nunca se sabe). Y, para terminar, se quedó con la miel en los labios pues Diacabí, esta vez, impidió el gol del pelazo del equipo; de haber superado la línea de gol, habría lucido tupé en la entrevista post-partido delante de toda España.

Paco López conoce perfectamente que el Valencia, si bien sabe defenderse (más o menos), tiene serios problemas para elaborar con el balón en los pies. Si el Levante ayer se hubiera presentado con los laterales jugando de extremos, con Vukcević guardando y Bardhi incorporándose y con Rochina y de Frutos rompiendo a la espalda de la defensa chota, PacoLo hubiera sonreído feliz, pero Javi Gracia también pues el Levante le estaría haciendo al Valencia aquello que más le cuesta: generar un espacio para montar una jugada. Siempre y cuando se ataque sin contemplaciones, el Levante es capaz de desarrollar varios tipos de juego y anoche pusimos toda la carne en el asador de robar el balón replegados. Lo que ocurrió tras el único gol de morritos Roger fue que el grupeto de pequeñas cabras dejaron de defender a dos metros de distancia, para presionar respirándonos en la nuca. En ese plan, Guedes tuvo el empate de haber conectado un disparo algo dificil. Pero poco tardaron los Indomables de Paco en hacer saltar la nueva estrategia, al ya citado casi gol de Rochina, se le unió una buena carrerita de Morales, otra buena carrerita de de Frutos y un tiro (sin carrerita y sin tiro) de Roger que se ralló con la esfericidad de la pelota. No sirve de nada negar que el partido con Soler, Gayà, Maxi y Racic habría sido bien distinto y que los chotos acudían al reformado Ciutat de València en cuadro y con lo puesto (como llevan toda la temporada), pero de igual forma que hace dos diciembres, el Valencia desgraciadamente remontó el partido ante un equipo sin ni un solo central de la primera plantilla, anoche el Llevant cumplió, que no es poco.

Tras ocho ocasiones claras de gol, llegó lo que todo buen granota temía: el gol de los chotos. Porque esto es el Levante, cabrones, ya puedes hacer lo que sea, que siempre aparecerá el Kevin Gameiro de turno para dar un pase de jugadorazo y siempre le acompañará el Manu Vallejo de turno para enchufar el empate por mucho que la primera jugada clara de ellos llegase a diez minutos del final. O eso es lo que hubiera pasado si no llega a aparecer el Aitor de turno para parar la que tenía que parar. Quizás quiera parecer que algo está cambiando en la ciudad de Valencia.

Roger es ese delantero bajito, pero torpón, que siempre llega en segunda línea porque cuando corre arrastra un ancla; que agacha la cabeza y sube a su ritmo cuando de Frutos o Morales arrancan la moto. Un jugador al que solo le he visto regatear en Segunda División, que a falta de darle de cabeza, mete goles con el hombro como contra el Mallorca, capaz de fallar un penalti en Valdebebas cinco minutos antes de darle la victoria a su equipo, capaz de fallar otro en El Sadar y poco después ganar el partido con un gol suyo. Ese tipo de futbolista que, a pesar de ser diestro, le pega tan mal con la derecha que con la izquierda, que empata un partido contra el Madrid mirando a Tribuna, que empata otro partido contra el Valladolid mirando a Grada Central, que mete al Llevant en la semifinales de Copa por mucho que el balón se le quede atrás o que nos deja al borde de una final después de pillar el rebote de un nefasto disparo suyo. Que, en definitiva, falló el dos a cero en la ocasión más clara del partido y es más choto que Espanyeta, pero lleva marcando goles ligado al Llevant desde que lo tiraron del otro lado de Primado Reig hace diez años. Las últimas cinco dianas granotas del derbi valenciano en el Ciutat llevan su firma. Ay, Roger, si no fuera por tus tatus, tus morritos presuntuosos y tu pinta irreparable de cani-tronista-busca-buyas, no habría Casadesús que estuviera por delante de tí.



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