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domingo, 6 de abril de 2025

El compasivo

No me escondo: si el césped ardiendo durante las sesiones de entrenamiento no hubiera sido el del circuito de Suzuka y sí hubiera sido el de otros circuitos, que el avezado lector ya conoce, donde no hay césped pero sí alcantarillas, habría apagado la tele. Imagínate ser el dueño de un sucedáneo de portal web para luego esconderte de opiniones que oponen resistencia a la coherencia y que alimentan la tan humana contradicción, imagínate ser xoto y negarte a celebrar una victoria en el Bernabéu porque eres del Valencia y el Valencia debería ganar siempre en el Bernabéu, imagínate ser xoto -no tengo nada más que añadir-. El disgusto por ver a los coches dirigirse al garaje porque se está quemando parte del césped que rodea el circuito se pasa rápido cuando, tras la reanudación, Verstappen va limando cada palmo de asfalto que ofrece la curva del cucharón; maldices cuando el césped ha pegado a arder otra vez, pero te ponen una cámara lenta de Piastri doblando el coche en la chicane y a Suzuka se lo perdonas todo.

El Gran Premio de Verstappen ha sido de los que se recuerda al acabar la temporada, de los que se menciona al repasar las mayores gestas de su carrera. Y lo ha hecho sin adelantar ni una sola vez, al más puro estilo de Fernando Alonso en Singapur 2010. Citar a El Nano y su paso por Ferrari no es una casualidad sin más. El arranque de temporada de Max, con un podio pescado, una cuarta posición primorosa y un carrerón con victoria, recuerda a la temporada 2012 de Alonso en Ferrari. Una caja de cerillas por coche y un pilotaje sobresaliente les une. Y ahora me reconozco deseándole a Verstappen el éxito que no tuvo Fernando, como si la gloria de MadMax convirtiera a El Nano en tricampeón en aquella aciaga tarde en Interlagos. Verstappen es un tipo arrebatadoramente rápido, con el carácter justo para no ser un gilipollas y cuando habla lo hace con total transparencia y cierta lógica. Su carrera libre de adelantamientos, por tanto, libre de cerdadas, me tiene germinando el fenómeno fan. Algún día superaré Brasil 2012.

La Fórmula 1 pasa por un momento que identifico con el deporte que me aficionó, Albert Park y Suzuka se han volcado con esta causa. La falta de ritmo de Piastri en las eses del primer sector durante su vuelta de clasificación del sábado le costó la carrera del domingo porque, solo no haber hecho la pole, le ha impedido ganar. Alonso acaba undécimo porque adelanta a Gasly en la salida, sino no habría tenido otra oportunidad en toda la carrera. El día que un tío salga quinto y acabe primero volverá a ser fruto de una actuación descomunal. Las procesiones, de uno en uno, de coches caros con pegatinas no son aburridas, son la Fórmula 1. Quiero explicarme más breve y claramente: así las cosas, los errores se pagan y las genialidades son recompensadas. Y sigo sin saber el nombre del director de comisarios. Afrontando, como un hombre, que mi destino es el Gran Premio de Bahréin y luego el de Arabia Saudí y luego el de Miami, valoro pegar la espantada, soltar una bomba de humo, oír a Víctor Abad los lunes y aparecer el 18 de mayo, como quien no quiere la cosa, con motivo del Gran Premio della Emilia Romagna, en el circuito de Imola, porque no sé si seré tan compasivo con una bandera roja, una carrera aburrida o una barra libre de adelantamientos.



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