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domingo, 15 de agosto de 2021

El yunque de la adversidad

El postrer rayo de luz se abre paso entre la indomable oscuridad de la noche cuando el martillo golpea la férrea vara, que somos nosotros. Nos golpea y nos aplasta. Ahora, solo por un momento, descansamos sobre el yunque del que conocemos hasta la más diminuta de sus hendiduras; todos nuestros perfiles y giros imposibles, nuestras rectas irónicamente puntiagudas han sido forjadas por el mismo yunque: el de Regües, el nuestro, el de la adversidad. Y vuelve a golpear el martillo, y vuelve a golpearnos, a aplastarnos, a espachurrarnos y nosotros volvemos a adoptar la forma que es voluntad del puto yunque. Me lo voy a tomar con filosofía porque no me quiero calentar. Después de que Roger firmara el gol de la victoria contra los chotos a pase del pelazo de Rochina (siempre en nuestros corazones), en Orriols hemos estado de vacaciones, disfrutando del fútbol, usándolo como un mero entretenimiento. Vago era el recuerdo de la inquietud antes de un partido y, como la Copa nos amorfinó un poco a todos, lejano era el dolor del yunque de la adversidad dando forma nuestras entrañas.

En la primera parte, para empezar la temporada, dimos un recital de fútbol pero, eso sí, con poco acierto en el momento en el que la jugada debía pasar a convertirse en gol. Cuando Morales no se le atascaba la pelota, a De Frutos le caía la mala y cuando no, Campaña pensaba que Roger estaba en un sitio que en realidad no estaba. Pero, por suerte, tanto recital se vio recompensado con un disparo de Morales desde fuera del área que acabó entrando en la portería; el pase fue de Melero que, aunque no fue una declaración de amor, fue un buen base. El Cádiz por su parte solo atacó dos veces en todo el primer tiempo. Os juro que las conté. La primera fue después de ganar un saque de puerta y por casi nos cuelan un gol de no ser por qué Rober Pier enmendó su error impulsado por la providencia de papá Ballesteros. Y el segundo vino como respuesta a un contraataque equivocadamente conducido por Roger, de ahí sacaron una falta y el gol resultante fue anulado solo porque Negredo pecó un poco nada más de ansioso. Este es el Levante que me tiene loco de amor: un torpedo del tamaño del Micalet por delante y papel del váter de mala calidad por detrás.

En el descanso, Cervera, que es el entrenador del Cádiz, le dijo a sus chicos que lo de hacer el futbolín está muy bien, pero que mejor estaba ir a presionar "hostia-ya" y los muchachos muy obedientes acataron la orden. Obviamente, este sucedáneo de portal web tiene acceso a lo que dice el entrenador del Cádiz en el descanso a su equipo. Al Levante empezó a durarle muy poco el balón en los pies quizás demasiado poco como para ganar el partido. Los gaditanos a los que Cervera les había enchufado el ADSL en el descanso se propusieron complicarnos hasta los pases entre los centrales y el Cádiz empezó a acaparar el balón tanto como nosotros lo hicimos en el primer tiempo. Y está claro que el Cádiz no es ningún alumno aventajado en la asignatura del juego combinativo y que hay muchos equipos que miran mejor a la portería rival, pero el Levante ahí aguantó con el rollo de papel extendido, tapando huecos, despejando lo que podía, sufriendo los córneres, pero, sobre todo, defendiendo como cabrones. Hasta que lamentablemente un punto "bien trabajado" se nos escapó cómo Peter Lim se escapó de Mestalla después de cobrar.

Visto con perspectiva el empate en el campo del Cádiz, aunque no está cerca de ser suficiente, es, como poco, aceptable; el punto es más que merecido (de hecho Morales estampó contra el palo la victoria a muy poco del final en un uno contra uno); y de haber acabado todo un minuto antes de lo que lo hizo, el Levante hubiera jugado un partido "completo". Con los dos pesados de siempre, más el Cholo y más el Sevilla yendo a Champions y con el Villarreal, la Real y el Betis yendo a Europa League a mí tampoco me salen las cuentas de quedar, al menos, séptimo; pero de ilusiones vive el hombre, y las granotas. La temporada que puede devolvernos a Europa ha comenzado y estas son las condiciones, ¿lo tomas o lo dejas?




miércoles, 7 de julio de 2021

Tú tampoco te lo esperabas

Algo va mal cuando te mueres de calor, abres la ventana y no tienes más remedio que volver a cerrarla. Algo va mal y me da igual que se llame viento de poniente o viento de ponienta. Me da igual. No es normal, no lo es, abrir el portátil, para poder seguir el live timming comodamente desde el sofá, y verte que pone 39 grados, 39, muy útil la actualización de Windows en la que se te indica la temperatura btw. Por eso, cuando el promedio de los seguidores de la Fórmula 1 enciende la tele y ve a Mattia Binotto con una rebequita, a Adrian Newey directamente con la parca y a Carlos Sainz con una camiseta que se mece tenuemente al ritmo azaroso de una fresca brisa estival, uno dejaría de tomar orxata durante dos días a cambio de trasladarse de inmediato al circuito de Spielberg; y ya no tanto por la agradable temperatura de veintipocos grados o por el bucólico escenario entre verdes montañas y casitas triangulares, sino porque las cinco curvas del RedBull Ring se han ganado una pequeña parcela en nuestro corazón henchido de amor hacia Lando Norris. El austriaco es un trazado sencillo, sí, no seré yo quien te lo discuta, pero es que no se necesita más para ver una buena carrera de coches. La vida es más sencilla que las construcciones faraónicas de German Tilke con dos docenas de esquinas, todas iguales y con una recta a cada año más larga. Y no sé si será por el entorno, por la sencillez, por las cuatro carreras en menos de trescientos sesenta y cinco días o porque aquí Hamilton solo ha ganado dos veces y una de ellas de milagro, pero cada vez que el gran circo llega a la tierra de Niki Lauda y Christian Klien, yo, sonrío.

Por mucho que fuera Max el que al final levantase los brazos en el cajón más alto del podio, el tío que más se lo merecía era Lando Norris. El chaval que parece distraído, poco serio y dado a la risa bajo cualquier circunstancia, conduce coches como nadie ahora mismo. Solo un pequeño error en la última curva de su vuelta rápida de clasificación, fruto de estar negociando con un arma más limitada, le arrebató su primera pole position y durante un breve momento en la salida olió a líder de la carrera. Ocón, desdibujado desde que más o menos le aseguraron el asiento por tres años más, muy poco tuvo que ver en el accidente que dio por terminado su Gran Premio: Giovinazzi le partió la bieleta de dirección. Seifti car, innecesario obviamente. Y en la resalida nuestro ojito derecho fue otra vez el protagonista: Pérez no fue todo lo preciso que le exigió Lando y terminó con su monoplaza surcando la puzonala y dejando su carrera hipotecada para siempre (solo pudo ser sexto). Aunque Bottas obró el milagro y adelantó a Hamilton el milagro solo duró dos curvas; paquete. Y el heptacampeón solo pudo acceder a la segunda plaza tras una pila de vueltas intentando practicar el adelantamiento sobre Norris; Bottas ni se planteó adelantarlo. La acción con Pérez le valió a Lando una sanción de cinco segundos a pagar en su próxima parada y que Mercedes aprovechó para hacer avanzar a Bottas hasta la tercera plaza con una estrategia avispada. Hamilton empezó a tener serios problemas para cuadrar tiempos competitivos y su segunda posición cayó por su propio peso hasta terminar fuera del podio. Lando concluyó tercero un fin de semana meteórico y que hubiera terminado segundo si Masi se llega a poner un necesario punto en la boca.

Por la parte que nos toca, la carrera de El Nano quedaba ya definida desde que Vettel, contrario a su voluntad, se interpusiera en el camino de Alonso en la vuelta que le hubiera dado acceso a las diez primeras plazas de la parrilla. No sé como decirlo ya para que me hagan caso, probaré en inglés: One-lap qualy, plis. Con la estrategia óptima pero ocho posiciones más atrás, el perder plaza con Räikkönen en la salida no fue lo mejor para el resultado de Alonso. Tampoco salió mucho mejor Carletes que, entorpecido por una timorata salida de Russell, cayó posiciones junto con el futuro compañero del de las rastas. Con el paso de las vueltas el grupeto de señores que el sábado clasificaron con los neumáticos más blandos fueron perdiendo comba con el resto de la parrilla; todos menos Gasly, que fue el único en hacer funcionar la estrategia que implicaba partir con blandos. Tras el paso por la calle de boxes de todo quisqui, quienes tuvieron la frialdad de clasificar con neumáticos menos rápidos obtuvieron su recompensa al acceder a las posiciones que otorgan el derecho a puntuar. Con la carrera convirtiéndose en una balsa de aceite y con los familiares sufriendo para despegar sus párpados, hubo un momento en la carrera que el único motivo para que no se desplegara la bandera ajedrezada eran nuestros dos pilotos españoles. Carlos Sainz iniciaba una remontada que podía colocarle quinto, Fernando Alonso acechaba el décimo puesto y Antonio Lobato, encantao de que acapararamos todo el protagonismo, nos ponía a tono con su narración un poco demasiado fuerte; vamos, que solo faltaba que en la curva 3 pusieran una portería y Oyarzabal engañara al portero suizo con un golpe seco de cadera para terminar de inflar de orgullo nuestro indudable pecho español. La cosa terminó bien para los nacidos en la piel de toro, El Nano alargó su racha de cuatro carreras puntuando después de una lucha titánica con Russel y El Hijo del Matador adelantó a Ricciardo en la penúltima vuelta y superó por medio segundo la sanción de tiempo que el impusieron a Pérez para terminar quinto y cerrar así la mejor de sus carreras vestido de rosso Ferrari.

Después de este triplete de victorias de Verstappen a cada cual más incontestable, cuando se visite Silverstone, un poco más allá de donde Hamilton vino a este mundo, dentro de dos semanas, dará igual lo que pase que Morritos Max seguirá liderando el campeonato. La situación está cerca de ser preocupante: ni en Mónaco, ni en Azerbayán, ni en Austria Mercedes ha podido si quiera mirarle a los ojos a RedBull. Y en Francia, que pudieron, la liaron desperdiciando una victoria que ahora sería un motivo para la esperanza. Las ondulaciones de Silverstone más tienen que ver con la sinuosidad de Montmeló, Portimão o Paul Ricard que con la férrea política de curvas picudas de Montecarlo, Bakú o incluso Spielberg. Mercedes acude como favorito a un Gran Premio, pero lo hace con dudas, muchas dudas. El coche no tiene buena velocidad punta y tan solo puede igualar a RedBull en las curvas, ni es rápido a una sola vuelta, ni es rápido con el depósito lleno, en cada carrera estratégica el crujen las costuras y para colmo, ayer demostró tener un coche no demasiado fiable. Todos tienen dudas, Hamilton el primero, por supuesto, todos menos Toto Wolff que creen que van a hacer doblete y sacándole medio minuto al resto; hay arrogancias que no se calman ni a base de golpes. Pero sin descentrarnos, lo que quiero decir, es que en este sucedáneo de portal web hemos tenido nuestras filias y fobias, pero siempre han sido en pos del espectaculo. El mundial se nos puede colar por el sumidero antes de llegar a otoño, otra vez, y, por tanto, he de tomar cartas en el asunto. Dentro de dos semanas, cruzaré los dedos por ver una victoria de Hamilton. ¿Recuerdas el título?




domingo, 20 de junio de 2021

RedBull te da alas

No albergaba yo muchas esperanzas en echar una buena tarde de domingo viendo a los cochecitos dando vueltas. Más que nada porque, hace dos años, cuando amargamente se disputó la última carrera al lado del Aeropuerto Internacional de Le Castellet, me dormí durante un par de vueltas en la parte central de la carrera. No nos vamos a engañar, aunque la setenteañera esté de muy bien ver a veces es más aburrida que esperar en la cola del Mercadona. Sin embargo, hoy no fue como entonces; la carrera no ha dado un solo momento para el sosiego. De hecho, si no fuera porque ya es la séptima vez esta temporada en la que Verstappen y Hamilton se juegan el título en cada vuelta, habría sido un carrerón absoluto. La Fórmula 1 de este momento es muy distinta de la Fórmula 1 a la que nos acostumbró Hamilton, Bottas, ese pedazo de coche Mercedes y la FIA (por conceder semejante tortura); el orgullo de este deporte, aunque desplazado por Max y Luis, sigue proporcionando sólidos argumentos para encender la caja de luces todos los domingos; y, además, el promedio de los amantes de los coches rápidos con pegatinas esta noche dormirán satisfechos, no sólo porque Masi se haya puesto un necesario punto en la boca durante las 53 vueltas de carrera (que también), sino porque Verstappen toma cierta distancia con Hamilton y eso es motivo de alegría, al menos por ahora.

No estaba yo muy seguro de echar una buena tarde por tal y como se presentaba la carrera: Verstappen ayer, antes de la qualy, se permitió el lujo de estrechar el alerón trasero para blindar en carrera una pole position que se apuntaría por mucho que restase adherencia al coche en las curvas y bueno..., además de la pole de Verstappen, las últimas dos carreras de la Fórmula 1 en la era moderna en Paul Ricard no es  que fuesen una maravilla (no se pasaron ni en la salida). Pero, por suerte, vino Verstappen a apañarnos la sobremesa. El hijo de Jos y según quienes el nuevo Ayrton Senna, no acertó a enhebrar la segunda curva del Gran Premio y hubo de optar por salirse de pista, adelantamiento de Hamilton al canto. Con Verstappen siendo la tortilla de un bocata de tortilla de patata y con Hamilton y Bottas siendo el pan de un bocata de tortilla de patata, el mundo entero miraba la tele ansiosamente esperando a que Verstappen y Hamilton hicieran algo digno de recordar; pero el estrechamiento del alerón trasero de Max no parecía ser suficiente como para adelantar al yerno que toda suegra desea evitar. Por detrás, Charles Leclerc, que había maltratado sus neumáticos peleando en las vueltas inaugurales contra El Nano, anticipaba su parada porque sus ruedas no daban para más: era la vuelta 16 y yo entonces vi sobre la mesa el vaso de orxata que durante la vuelta de calentamiento estaba en la nevera y que se fue atemperando desde que los cinco semáforos rojos se desvanecieron. La orxata templada es menos orxata.

Total que lo que parecía una tarde tranquila, poco a poco se fue liando. Toda la parilla durmió del sábado al domingo sin atisbar una posibilidad distinta a parar una vez en boxes, pero resultó que el deterioro de los neumáticos fue mayor al previsto. Con 38 años, dos títulos mundiales y ningún hijo Fernando Alonso extendió sobre la mesa la opción de parar dos veces, pero conducir más rápido; su equipo, habilmente, supo guiarle; Gianpiero Lambiase, ingeniero de Max Verstappen y que tiene el cielo ganao el bendito, se la apuntó. A El Nano no le hicieron falta dos paradas porque cuando puso el neumático duro su coche pareció rejuvenecer, de hecho, se quedó muy cerca de terminar sexto y doblar su botín de puntos. Por su parte, Ferrari parece tener un misil con el depósito casi vacío y con neumático blandos que se convierte en un ladrillo cuando se le carga con el combustible necesario para completar una carrera y se le calza con neumáticos duraderos, pero poco adherentes; Carlos Sainz fue perdiendo plazas desde su quinta posición inicial hasta su undécima final, su compañero terminó decimosexto y obligado a pasar dos veces por la calle de boxes. Nada que ver con McLaren que flojea el sábado, pero se pone bucadísimo cuando llega el séptimo día de la semana.

En la interesante cabeza de carrera, Lusito lideraba, Max le perseguía y Bottas aguantaba (que ya es mucho) estando los tres primeros en un espacio menor a dos curvas. Por detrás, Pérez, cocinaba a fuego lento, y desde la distancia, su visita al cajón. Yo pensé que era una jugada maestra cuando Mercedes anticipó ligeramente el paso por el pit lane de Bottas obligando, primero, a Verstappen a cubrir su posición y cercenando, después, la posibilidad de que el neerlandés le birlase por estrategia la primera plaza a Hamilton. Pero al final na de na, en Mercedes están empanaos: le pusieron a Hamilton la victoria en bandeja y no se dieron ni cuenta. No pararon a Hamilton junto a Verstappen por miedo a yo-qué-sé y la vuelta del aspirante con neumáticos nuevos mejoró ampliamente la vuelta del vigente campeón con neumáticos viejos. Pero, eh, chavales, tranquilos, que Hamilton tiene más vidas que un gato. El torpedo que el RedBull demostró ser ayer fue hoy muchísimo menos torpedo. Con un alerón estrecho y con un coche dos décimas más rápido (en clasificación), Verstappen no pudo desligarse de Hamilton. Cuando Morritos Max empezó a hartarse le dijo a Gianpiero, que tiene el cielo ganao el bendito, que así no iba  a poder aguantar toda la carrera; GP dio luz verde y revisó sus notas. El Morritos del paddock empezó a exprimir sus pobres neumáticos duros, la persecución había comenzado aunque todavía liderase la carrera. Poco después, Max dejó de ser primero porque paró en boxes, Gianpiero entrelazó sus manos nerviosas y rezó el rosario.

Con 20 vueltas por delante, faltaba saber si la diferencia de rendimiento entre los desgastados neumáticos del vigente y los frescos neumáticos del aspirante era lo suficientemente grande como para que el RedBull fuese entorno a un segundo por vuelta más rápido. Sergio Pérez, compañero de equipo de Verstappen, lo dejó pasar en los albores de su remontada. Valtteri Bottas, compañero de equipo de Hamilton, también lo dejó pasar (Bottas paquete) en el epílogo de su remontada. Y cuando Verstappen contactó visualmente con Hamilton a falta de pocas vueltas, apareció una descomunal maraña de pilotos con vuelta perdida (Hamilton tiene más vidas que un gato). Sin embargo, poco pudo hacer Luis, que ya no es el puto Hamilton, cuando en la penúltima vuelta del Gran Premio Verstappen le arrancó las pegatinas y los pendientes. Al término del Gran Premio, o quizás ahora mismo, Lewis se plantee: "¿Qué más tengo que hacer para ganar una carrera?"; pero claro por mucho que iguales la excelente salida de Verstappen, por mucho que aprietes en las primeras vueltas, que presiones cuando vas segundo o que alargues hasta el infinito tu juego de neumáticos, si luego desde el muro te cogen de la camiseta con la estrategia y tu compañero de equipo se pasa de frenada inexplicablemente en el momento crucial de la tarde lo más normal es que no ganes la carrera. Por otra parte, Verstappen no solo tiene un cochazo que le mira a los ojos al todopoderoso Mercedes, sino que tiene a un tío que le susurra al oído una estrategia para ganar la carrera y al otro lado del box a un fenómeno que si no llega a ser porque Hamilton se ha marcado un carrerón lo acompaña en la segunda posición. RedBull era el equipo simpaticón que a veces elevaba la voz en la férrea dictadura de Mercedes; era el equipo simpaticón y lo sigue siendo, por ahora, al menos por ahora.