jueves, 25 de abril de 2019

La historia de un soso cuatro a cero.

Anoche, en el Ciutat, pudimos ver el peor partido de la temporada; y va y lo ganamos cuatro a cero. El segundo peor, en la ida en el Benito Villamarín, al menos tuvo algo de sufrimiento. Que no nos quepa ninguna duda: que nuestros dos peores partidos del año hayan sido contra el Betis, no es nuestra culpa. Los pupilos de Quique Setién llegaron al Ciutat con el ánimo por los suelos, pero espoleados por una afición a quienes bien pueden considerársele: los chotos del sur. La cuarta masa social de la piel de toro que es nuestro país, está bien nutrida de gentes impacientes que creen que silbando, presionando y cambiando de entrenador a cada derrota se solucionan las cosas. Nosotros, desde que llenamos el campo, gozamos de este tipo de gente que por casi nos hace ir dos a cero al descanso contra el Espanyol; el Atleti no pierde; y en el Camp Nou y en el Bernabéu son todos chinos. Su juego horizontal, pausado y analítico era justo lo que necisitaban los verdiblanco para salir del agujero en que lo han metido.

Estos impacientes que desde hace poco habitan en nuestras gradas, en muchos casos con el pase del Valencia en la cartera, anoche tuvieron poco de que quejarse; pero estoy seguro que alguno se iría mosqueado, creyendo demostrar amor por los colores, por los cinco millones que Tito tiró con Duamena. El delantero africano fue, junto con el VAR, lo mejor del partido.

Porque de Vuchevich nadie pudo decir nada malo de él. No estuve muy atento al partido porque cada vez que el Betis cogía la pelota me distraía; pero el boquete táctico con cara de psicópata ayer dio el primer paso para hacerse un hueco en este mundo de dos porterías y cuatro banderines: pasar desapercibido. Así, Nacho, el del Madrid, está ganando mucho más dinero del que tú y yo vamos a ver en toda nuestra vida. Ayer el diecisiete, al que no le sentaría mal la máscara de Anibal Lecter, fue aplaudido hasta por quien decía que Sasa Lukic era un cojo y Roger no valía para primera.

El Levante de los últimos tiempos solo un poco de viento a favor para meter cuatro goles por partido; y anoche tuvimos esa pizca de suerte que nos hubiese hecho ganar/empatar contra Real Madrid, Leganés, Atlético de Madrid, Rayo, Girona, Villarreal, Huesca, Éibar, Athletic Club, Getafe y Espanyol (en Anoeta nos ayudó la suerte).

Vezo y Róber parecen ser, en este momento, dos buenos centrales sobre los que dejar el equipo. Bardhi le lio la manta montenegrina en la cabeza y sumó un nuevo partido en el que pasó desapercibido: suficiente. Campaña volvió a ser el de siempre, esta vez, con las más intimidatorias facciones del equipo tras de sí. Lo de Mayoral empieza a oler a cláusula de minutos para que se quede el año que viene. Morales se dejó de tonterías y corrió con el balón en los pies. Y lo del miserable pesetero ya se nos está pasando, ¿no?

Espero que el yunque ya se haya quedado saciado con lo de este temporada, y si le queda algo, que arroje su ira sobre nosotros en el siguiente partido en el que si el Barça gana será campeón de liga.


lunes, 15 de abril de 2019

No quiero que se vaya Paco

El Valencia ayer nos arrolló. Quienes se acuestan cada domingo con el catastrofismo más radical sonríen porque ante sí se alza una nueva oportunidad de despotricar; aunque no sé si estarán dispuestos a hacerlo teniendo en cuenta que su equipo ha ganado. Los amantes, también, de achacar la victoria más absurda a que: «hemos puesto más huevos» y cualquier derrota a que: «no hemos puestos huevos» están en su día de suerte porque por fin van a tener razón y van a poder quejarse con todas las de la ley.

Santi Mina metió en la primera jugada de partido, pero como dos minutos después Campaña rozó la escuadra: no me preocupó mucho. Roger acarició el empate poco después. Y hasta aquí el Levante. Jugamos durante los diez primeros minutos y los tres apoteósicos segundos que transcurrieron desde que marcamos hasta que Guedes metió el dos a uno. Cuanto choto, que se rió de las orejas de Bale cuando era pequeño, lleva ahora la camiseta de Guedesh.

Si bien es incurable eso de ser choto y gastarse veinte euros en que te pinten de dorado barato la publicidad la camiseta; más incurable es aún lo de Santi Mina, al que solo la belleza (el principal mojabragas de Mestalla, hasta que llegue Jason) y una riqueza incalculable, por ser futbolista, va evitar que viva de sus padres hasta que pueda vivir del Estado, porque con la cara de Parejo hijos no los iba a tener.

Si Mestalla fuese una persona todo lo que tiene de alto, lo tendría de tonto; y si el mundo fuese un pañuelo, los chotos sería los mocos. Entre las nubes de Valencia, arropado por la bandera del Reus y del Logroñés, otra cosa no pero la vida se ve con perspectiva. Con uno a tres en el marcador y un Levante que, cual surcoreano vitoreado a base de balidos, era inoperante; los quince minutos que quedaban de partido eran demasiados valiosos como para, por ejemplo, ir quejándose de la prescindible presencia del pesetero. Los cuarenta años de sequía no lo merecían.

Desde que al Pelao de Silla le zumbó el móvil mientras estaba en el autobús del filial que les llevaba a Elda, el juego del Levante siempre ha sido su mayor activo; pero ayer ni jugamos, ni tuvimos caracter, ni sacamos un resultado. El equipo, por primera vez en toda la temporada reunió los síntomas del descenso. El canguelo de la grada ya ha traspasado al terreno de juego y a falta de seis jornadas nos aferramos al barrio de Orriols. Nunca hemos sido de decisiones precipitadas pero con un hombre con un apellido y un nombre común en el banquillo todo puede pasar: no quiero que se vaya Paco.


domingo, 7 de abril de 2019

Ahora sí, que cunda el pánico

Vendan el coche, suban una puja de su bonometro a Ebay. Hipotequense; nunca van a tener que pagar. Descorchen el champán, bebanse el culo de CocaCola que han preferido dejar para mañana. No vayan al trabajo, no se preocupen por la calorías. Reciclen, por favor. Quiten el USB sin expulsar. Meen dentro o fuera del váter. No hace falta que se duchen. Cambie de canal cuando hagan anuncios. Apaguen el despertador pero quedense en la cama. Desayunen churros, coman pizza y cenen hamburguesa. Ponganse lo primero que encuentre en el armario, combinen rojo y rosa. Dejen la luz encendida cuando abandonen la habitación. Crucen los semáforos en rojo, no se los salten cuando alguien cruza. Ve a Mercadona, compre embutido, extienda la rista de loganiza en la encimera, ahora enrrollesela al perro y sáquelo a pasear. Rompan el pase, se lo suplico. Indignese; despotrique; aireé su pañuelo, choto oculto; aplauda o silbe Jason. Salte cual no choto o descanse sobre su incómodo asiento. Báileme como si fuera la última vez y enséñeme ese pasito que no sé; un besito bien suavecito, bebé; taki taki, taki taki, rumba. El fin del mundo se abalanza irremediablemente sobre nosotros y nos va a pillar fuera del descenso.

Que es broma, joder. Desde que el Pelao de Silla tiró la puerta abajo en Getafe, en esta casa no hemos afiliado a ese optimismo tan inocente que aún con dos camiones cisterna de goles en contra y unas goteras cual piscinas olimpicas en defensa, me permite seguir admirando ese ataque sin contemplaciones que hace entretenidísimos los partidos en los que juega el Levante. Hoy, a mediodía, mi móvil ha vibrado: «Alavés - Leganés». Que pena de partido, ni he hecho por verlo. Que lástima de aficiones que para llevarse una alegría tiene que mirar o al marcador o a la clasificación porque como miren al verde, sagran los ojos. Dos equipos más que salvados, el primero de ellos luchando por esa Champions por la que nosotros tuvimos el gusto de también luchar con JIM, pero que con el balón en los pies son tan divertidos como Morales contando un chiste. Estoy convencido de que habrá algún babazorro y algún pepinero que quiera vivir en nuestro pellejo por un domingo.

El que alcanza la esquina de una jardín y pisa las flores llega antes a sus destino, el que recorre la esquina llega más tarde pero podrá adornarse con el olor de la rosas al día siguiente. Paco López nunca pisó una sola flor. El fútbol no debería resumirse a los resultados; cierto que aquí lo que mandan son los goles, pero que Morales controle o no un balón no puede desequilibrar a uno de manera que enarbole su selección en el equipo español o se ponga negro de indignación porque el Celta encima ha ganado. Además sabemos que cada vez que pisamos la flores, nos multan porque es flora autóctona.

El Roger de esta temporada sea, con toda seguridad, el especialista más cerrado que yo he visto nunca. Puede desaparecer de un partido, meter gol, dar un pase y volver a desaparecer. Su labor en el resto del terreno de juego es testimonial; ahora bien, cuando pisa área, se transforma. Doce goles para un delantero centro puro hasta la última pulgada que bien puede pelear por el Zarra. Morales que ejecutó un acción excelente en banda le temblaron las piernas allí donde su compañero que porta el nueve con todas la de la ley no acostumbrar a titubear.

Morales, tan suyo a veces, decidió que Roger no era merecedor del doblete y apartó al especialista para jugarse el penalti a cara o cruz y poder proclamar que se echa al equipo a la espalda. Sin embargo, salió Juanpi Añor para empatar e partido con dos centros al nivel de Campaña y que no decantaron la balanza en favor de los aragoneses porque el palo estuvo de nuestro lado.
Granotes, aplegará el dia que haurem de guanyar.