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domingo, 19 de febrero de 2017

Metamorfosis paralizada

Resulta increíble comprobar cuán de rápido puede cambiar un partido. Suponiendo que un gol fuera un periodo temporal limitado, tal y como lo son el segundo o el minuto, éste ofrecería un exacto análisis de lo que tardó el partido entre Avant Aldaia y Cadete C en mutar desde su más profundo origen. Es evidente que las dimensiones de todos los aspectos que conforman la totalidad del encuentro absorben un cariz distinto en el momento en el que varia uno de los dos principales números del marcador, pero en este caso en concreto, esta habitual situación cobra dignidad de mención por su radical polarización positiva a la hora de entrar en contacto con el juego. Resumiendo, el Alboraya dominaba con irreprochable claridad y un gol después pasó a atrincherarse en su propia área. Pero no todo fue mérito y demérito del Alboraya, el Aldaia retorció a la zaga visitante, pero eso sí, con más fuerza que maña, que no al revés.

La historia de este partido empezó de forma inmejorable. El Alboraya subsanó la tímida presión del Aldaia y unió el sesgado ritmo que quiso imponer los locales cuando Alejandro Flor alojó el balón, por vez primera, dentro de la porteria. Esta acción, lejos de catalogarse como única o puntual, estuvo acompañada por otra de desenlace idéntico. Leandro Stelzer desactivó en un derroche de calidad y técnica a todo el sistema defensivo local, además filtró un pase entrelineas unísono al movimiento de Flor que solo tuvo que inclinar el uno contra uno en favor del Alboraya. Solo era el minuto veinte, pero el Cadete C ya había dejado claro quien mandaba en el partido, Aldaia no superó la linea divisoria del centro del campo y tampoco lo hizo a lo largo de la primera mitad.

Los primeros compases de la primera mitad fueron más una prolongación del recital chufero que una reacción del Aldaia. De hecho, el Alboraya tanteó el gol y, en consecuencia, la sentencia. Ignacio Pérez cayó en el limite entre el área de pena máxima y el terreno de juego corriente pero el árbitro decantó la balanza con falta directa. Nunca sabremos que hubiese pasado si el balón se hubiera colocado sobre el punto de penalti, pero sí sabemos lo que supone un gol. Aldaia fue capaz de colgar un balón detrás de la linea defensiva de Alboraya, en el remate a puerta, el balón tocó la red justo después de que Pablo Muñoz lo desviara. Todo lo que vino detrás fue la completa antitesis de la primera parte. Alboraya, ahora casi sometido las ordenes de los locales, plantó un cerrojazo con el objetivo de conservar los tres puntos ante la fulgurante respuesta del Aldaia, aunque bien es cierto, que no hay predisposición táctica que defienda los disparos desde la larga distancia. Pablo Muñoz, con una excelente estirada, despejó a corner una enorme volea desde más allá de los límites del area. Si existen acciones que condensen en sí mismas la integridad del partido, esta es una de ella. Con el pitido final, el Cadete C paralizó por completo la metamorfosis.

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