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miércoles, 1 de febrero de 2017

Brillando en la constelación

La acción se origina cerca del minuto 84 de partido cuando, previo a un partido formidable, por obra y gracia de Sr. Zidane, Lucas Vázquez es retirado del terreno de juego. En consecuencia, los aficionados que poblaban las gradas del Santiago Bernabéu le brindan una sonora ovación. Este hecho, por sí solo, puede parecer incluso habitual, pero adquiere un especial significado en el momento en el que comparamos situaciones similares con jugadores diferentes. Que la afición de Chamartín es exigente no es nada nuevo, bien lo pueden explicar Danilo (Un hombre criticado de forma constante y necesitado de un gran partido), Benzema (Un enorme jugador muy pitado últimamente) e incluso la estrella del equipo Cristiano Ronaldo (Protestado en puntuales ocasiones). Es por ello, que la acción se magnífica cuando un público que demanda siempre lo mejor, incluso a su gran estrella, se derrita de esa forma ante un jugador, sea quien sea. Quizás, probablemente, a los merengues les brotó en aquel momento el amor patrio por un chaval que salió de la cantera, quizás, solamente, aplaudieron un cambio, o quizás, realmente, Lucas Vázquez esté brillando en la constelación y el respetable quisiera premiar su excelente estado de forma.




Pero antes de empezar, sinceremosnos. Lucas Vázquez, como diría Mourinho, no es un jugador top. Es bueno, pero no es top. Es titular, pero muy posiblemente cuando Gareth Bale vuelva de su lesión, apure los últimos minutos de cada partido. Aglutina las propiedades inherentes de un extremo canónico (Velocidad, aceleración, regate y buen servicio lateral) pero con 25 años no está llamado a ser el mejor de su puesto y esto último choca con los patrones que el Real Madrid ha seguido en los últimos años. El equipo de Florentino se ha caracterizado, con singular hincapié, por tratar de disponer de lo mejor en todos sus ámbitos, desde el delantero centro hasta el portero suplente (Jerzy Dudek). Es a causa de esto que haya gente que se pueda preguntar '¿Y el Lucas Vázquez éste cómo ha llegado hasta allí?'. Y es que el Real Madrid esquivo a su estilo, similar al del Sevilla, ha preferido criar a un jugador con proyección dentro de su club en lugar de fichar lo mejor de cada club, lo mejor de cada país o lo mejor de cada mundial, a pesar de que no sea una estrella y a pesar de que no valga su peso en oro.

Ademas de sus innatas características que le permiten pisar área rival con aparente facilidad, otro de los motivos por el cual Lucas Vázquez brilla en el Real Madrid es de manera paradójica no ser una estrella más. Cabe la posibilidad de que aún permanezca en la memoria colectiva la historia de Park Ji-Sung, futbolista surcoreano que debutó a las ordenes de Sir Álex Ferguson a mitad de la primera década de este milenio. Algunas voces apuntaron en su momento que el asiático solo fue llevado a Manchester para vender camisetas del equipo en un mercado incipiente a la otra parte de mundo, pero la verdadera labor de este jugador no era otra que acatar aquello que decía Ferguson y ponerlo en práctica de la mejor forma posible. Algo sencillo en el fútbol, pero en ocasiones complejo en un vestuario de un gran equipo dónde los egos desempeñan un importante papel. Álex Ferguson tenía la seguridad que si a Park Ji-Sung le decía juega a un toque, el surcoreano no perdería ni un segundo en regatear; y si, por otra parte, Ferguson quería que jugara de mediapunta, Park no caería a ninguna de las dos bandas para 'oler la pelota'. De la misma forma actúa el futbolista gallego del Real Madrid.

Lucas Vázquez es un jugador que corre, que pelea, que baja a defender y sale como un exhalación a atacar, que se asocia con sus compañeros, que no focaliza su objetivo únicamente en la porteria, que rara vez lo verás raletizar su renovación porque no cobra tanto como el delantero centro, que jamás lo verás jugar sin ganas porque no dispone de minutos de calidad. Un jugador que le dices ponte de lateral porque no hay más gente y defiende el carril a capa y espada. Un jugador que si el pides "Quillo, ponme un bloque que quiero rematar solo" él sin rechistar frena en seco en marcaje rival y Sergio Ramos empata el partido en el último minuto, o lo voltea in extremis. Un jugador de los que escasean en las grandes esferas del fútbol mundial pero que por fortuna para el Real Madrid alberga 3-4 jugadores como él dispuestos a partirse la cara por mantener la posesión. Y puede que se encuentre aquí la fórmula del éxito y que un equipo, como diría Mourinho, top no sea aquel que alinee balones de oro por sus cuatro puntos cardinales, sino aquel que conjugue varias estrellas para meter goles y dar asistencias con unos cuantos Lucas Vázquez que correteen por cada centímetro de campo y que convierta a las estrellas en constelación.

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