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sábado, 13 de junio de 2020

No pido más

E incluso me hubiera contentando con menos. Los que anoche encendieron la tele entorno a las diez, y sintonizaron con el partido, pudieron ver los mejores noventa minutos de fútbol que jamás ha desplegado el degà en Mestalla. Y no solo es que no ganamos, sino que casi no lo contamos. Nuestro señor entrenador frunce el ceño cada vez que oye hablar del miedo, no sabe lo que es y ha tenido el gusto de no conocerlo: puso a tres jugones delante del psicópata y, sobre todo, le dijo a sus pupilos: "Al primero que suelte un pelotazo lo mando a jugar al Valencia" (disculpen, pero no conozco una amenaza mayor). Porque era una tontería, tener a Rochina, Bardhi y Campaña en el campo para que la pelota fuera por los aires y porque, desde que El Pelao de Silla  les quitó el petardo del culo a nuestros jugadores (para más información), el Levante ha estado escapando de la presión del rival en lugar de robar y correr.

Pero claro, no siempre salió bien. Nuestros queridos amigos chotos parecían muchos más de once cuando Vezo tocaba para Postigo y este con Miramón, y todo esto sin salir de nuestra área. El ex-alumno de Salesianos y el otro que también juega en el Valencia nos robaron la pelota dos o tres veces muy cerca de nuestra portería, pero ni ellos son tan buenos ni nosotros tan malos y nos libramos por pelos en sendas ocasiones. Pero claro, cuando salía bien... anoche fue la que menos sufrieron los granotas en Mestalla y eso tiene que ver con que en nuestro equipo juegan Campaña, Rochina, Bardhi y gente de este estilo; pero también tiene que ver con que mimamos la pelota cuando la teníamos y apretábamos cuando la perdíamos. Dejamos de ser (al menos los jugadores) los miedicas que miraban Mestalla y agachaban las cabeza, para ser ese Miramón regateando a veinte metros de portería y ese Vezo que salía al campo contrario a cortar los ataques de los chotos.

Y ya que me sacáis el tema de Vezo, ayer volvió a ser el que fue cuando los salvamos de la Avenida Aragón. Contundente en todas sus intervenciones, menos en la del gol... Y hablando de gente que lo hizo bien, Campaña nos ofreció un recital que solo se vio interrumpido por la buena cuarentena que se ha pegado el cabrón sin dar un palo al agua. El Maestro jugó y dejó jugar hasta que ya no sabía si los gemelos los tenía debajo de las rodillas o debajo del culo. Y todo esto a diez metros del capitán cierra-bares. Es la última vez que lo digo: Campaña es bastante mejor que Parejo.

Total, el chiquet de Salesianos reventó el larguero, Diacabí no le dio bien a la pelota y por poco mete un gol por toda la escuadra. Bardhi se equivocó de botón en una oportunidad franca dentro del área y si el balón no le llega a caer a Morales hubiésemos metido después de que Parejo propiciase nuestro contragolpe. Por mí, podrían quedar 0-0 cualquier Valencia-Levante o Levante-Valencia que se juegue; y cuando llegó el 70 o por ahí y el marcador seguía sin moverse a mi me empezó a dar un poco igual el desperdiciar la oportunidad de que las gradas estuviesen vacías para asaltar Mestalla. Volví a firmar el empate, como había hecho cada segundo anterior del partido, aún sabiendo que Mayoral había entrado en sustitución de El Comandante Morales.

El Levante sabía que en Hugo Guillamón tenía una mina que explotar y Roger estuvo abusando del pobre chaval todo el partido. Tampoco ayudó que su portero mirase para otro lado cuando Hugo le gritaba que estaba solo a diez metros de él. El amigo Roger forzó la amarilla de Guillamón en una acción bastante infantil, venció en cada balón dividido y cada duelo aéreo. De haber sido Guillamón no hubiera sabido donde meterme. Pero fíjate tú por donde, el chiquet acabó ganando la partida. Y a Roger le enseñaron la segunda amarilla por ser demasiado optimista con Hugo G.. Volví a firmar el empate, por cierto.

Pero otra de las muchas cosas que ha cambiado del juego del Levante desde que Paco López descolgó el teléfono camino de Elda es que aunque se nos expulse a un tío, seguimos siendo ese tipo de gente descerebrada que presiona y juega como si no hubiera pasado nada. Empezando por el gol de Campaña en el último minuto contra Las Palmas, siguiendo por el partido con Osasuna este año y acabando con el Levante - Valencia de la ida en el que Mayoral tuvo el empate a tres en sus botas.

Al final, el partido quedó cero a cero y todos contentos. O eso el lo que diría el promedio de los chotos que al minuto setenta y cinco se pira a casa. Después de la paradita para beber solo quedaba doce minutos y yo empecé a ver la orilla. Incluso podía tocarla en el minuto 89 de partido. ¡Qué felices éramos hasta que Gayà tiró un desmarque hacia la línea de fondo! El Rodrigo ese se adelantó a Vezo y tras tocar la pelota suavemente, palo y gol. Parejo respiró por primera vez en todo el partido para soltar un: "¡Ostia puta, vamos!" y menos mal que lo dijo porque sino no se hubiese llevado nada a la boca en toda la noche; bueno sí, una clase magistral de Campaña.

Sucede algo en el partido que enfrenta a la ciudad de Valencia que se viene repitiendo desde los tiempos de Bombeja Agustinet y es que: un gol, con otro se contesta. Y cuanto más rápido mejor. Al Levante que la había dado lo mismo la expulsión de su goleador, no se vino abajo porque el Valencia metiese gol (a pesar de que el partido estaba acabado). Hubo una falta en la frontal de área justo cuando Bardhi y Campaña estaban en el banquillo. Pablo Martínez, en su segundo partido en la élite, le echó un par de huevos y estampó la pelota contra la barrera (un choto menos). E hizo lo mismo Pablo Martínez cuando Diacabí agarró descaradamente a Mayoral en una falta tontísima. Desde tres cuartos de campo, Pablo, que no tiene el carácter de Hugo, empezó a ordenar a los suyos y le puso la pelota a Vezo. O eso es lo que hubiera pasado si Diacabí no decide hacer un penalti más tonto todavía. Tras un breve momento de incertidumbre porque el VAR va despacio, los tonificados brazos de Alberola Rojas señalaron el punto de penalti. Campaña vio, desde el banquillo, como Melero acomodaba el cuero en el punto de penalti; Roger lo vio desde el vestuario. El portero se lanzó y Melero solo tuvo que elegir el lado libre. Era el minuto noventa y siete y el Levante acababa de empatar el partido.

Os voy a contar un secreto: no perdimos porque no se nos ocurrió conceder un solo corner (0). A partir de ahora, podremos volver a disfrutar del fútbol.


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