Y eso que hasta el minuto 86 de partido esta entrada iba a quedar encabezada por un escueto "Dio pa' siesta", pero claro, ¿Quién no cambia el titular ante una aparición mariana de semejantes proporciones? Entre el solecito de una tarde de un junio y el suave ruido rosa de veinte y dos millonarios jugando a fútbol cualquiera hubiese entrecerrado sus párpados. Tampoco ayudó que el Llevant perdiera su efervescencia, cual CocaCola desventada, tras unos primeros minutos potentes. Munir, del Sevilla para los despistaos, le dio al larguero a los diez minutos de juego. Y no volvió a pasar nada hasta el cuarenta o por ahí.
De llegar a desembarcar una legión de negrazos en el centro del campo del Levante, ponerse el Halcón Milenario bajo palos (¡Pura Vida!) y contar con un boca-chancla mascando chicle desde la banda; hubiera sido muy fácil asegurar que en el Camilo Cano había tenido lugar un rotura de los tejidos temporales que nos había devuelto a 2013. Barracón de los buenos del Levante UD en la primera parte. Y cuando teníamos la pelota estábamos desesperadísimos por buscar a Babá y a Rubén en el menor número de pases posible; quiero decir... a Morales y Mayoral. Y cuando menos te lo esperabas, hachazo de Bruno que sigue sin soportar cinco pases seguidos tras su paso por el Getafe de Bordalás.
Si que se apreciaron diferencias con los tiempos de Caparrós, sin embargo, cuando nuestras tenencias del esférico se prolongaron lo debido. Darle la pelota a este Levante es como soltar un pez en el agua. Y Rochina nos pudo mandar con ventaja a los vestuarios tras una excelente asistencia de Campaña. Hubieron otras dos jugadas de ataque nuestras, pero no las recuerdo con precisión, por tanto, procedo a callarme.
El partido no era de grandes emociones y el descanso fue un momento perfecto para servirse un glopet d'orxata, que nunca está de más, y culminar la visita a la cocina con un bombón. Y qué queréis que os diga recibir un gol en contra con restos de Ferrero Roché desperdigados por distintas partes de tu boca es otro rollo. Veinte y cinco segundos tardó De Jong en ver portería; y todo empezó con un magnífico envío de Diego Carlos; Munir, que comunicó, el envío con el goleador, partió de posición legal por un espacio menor al ancho del rojo cordel de las galletas María.
El encuentro, entonces, derivó en un dominio sevillista, después llegó el trán-trán soporífero de la primera mitad y para terminar el partido se puso tontorrón (clin-clin caja para el Llevant). Pero antes, en la Fase 1, en la que, al igual que no se te permite moverte de la provincia, el Levante no podía salir de su campo; Diego Carlos anotó el segundo gol de los sevillanos gracias a que los de les barres blaugranes concedieron un córner: un error que en este partido tuvieron el vicio de cometer. El señor colegiado, Geperudeta mediante, acudió al rescate de los granotas y anuló el gol por un leve empujón de Diego Carlos sobre Campaña. El silbato sonó algo antes de que el central sevillista conectara el cabezazo.
Total, que en mitad de la soporífero aburrimiento, al amigo Lopetegui le dio por animar las cosas. Dividió el equipo, absurdamente, entre delanteros y defensas. Y ahí el Levante tuvo una oportunidad. Grande Julen. Paco también puso su granito de arena, quitó a Vukcevic porque ya no hacía falta y cambió a Hernani por Morales. Una vez dije que Hernani era cuarenta veces mejor que Morales y me gustaría aprovechar esta oportunidad para desdecirme y rectificar: Hernani es setenta veces mejor Morales. Está claro: ya no es que Hernani no defienda, es que ni se molesta el tirar un desmarque; también entiendo que haya veces en un partido en el que no interese tener a un señor ocioso en un rincón del campo porque si juegas con Roger y Rochina ya tienes a tres tíos sin hacer nada. Lo que no comprendo es como Morales juega y Hernani, que es el mismo perfil de jugador que Morales solo que mejor, ve jugar al Comandante desde el banquillo. En Cornellà Hernani titular.
Entre que Paco tocó en el sitio correcto y Lopetegui separó al equipo. El Levante empezó a contar con cada vez más presencia en campo contrario y a ocho minutos del final, tras varios sustos, Hernani combinó con Mayoral (el mejor del Levante) y lanzó un tiro de calidad del FIFA que solo el yunque disfrazado de sevillista pudo despejar a córner. Dos minutos después, Vezo trazó un pase aéreo a Miramón y la pelota tocó en tres jugadores sevillistas para convertir el centro de Jorge en el gol del empate. No sé que pruebas más necesitáis para detectar la presencia divina. Mayoral, en el descuento, tuvo la victoria desde fuera del área, pero tampoco se puede abusar de la Mare de Dèu que ya nos ha dado dos puntos: uno contra los chotos y otro contra el Sevilla.

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