Atrás queda el empate de Mestalla, la victoria agónica en Montilivi o el jueves noche en el que la mafia granadina nos clavó cinco para mandarnos a segunda. El Levante prolongó su estancia en Primera con el desmarque de Mayoral, tras un saque de banda, ante el Celta; y su temporada terminó con el golpe de cadera de Gonzalo Melero en el último suspiro del partido al atre costat de Primat Reig. Y, mientras tanto, el segundo asalto a competiciones europeas de los granotas se ha ido desvaneciendo a lo largo de la temporada con la derrota ante el Alavés, la derrota en Pamplona, la derrota en Ipurua y, por último, el empatito que el amigo Darwin Machís rascó al pelotazo en el Ciutat. ¿Qué les queda entonces a los ranícolas? Pues la acogedora, insondable y agradable tranquilidad (véase).
La nueva tranquilidad es despertarse y pensar antes en un Valencia - Baskonia que en un Levante - Betis; es alegrarse más al ver cómo Sergio Asenjo desarbola al grupeto de chotos con un despeje, que ver el tercer gol del Levante cortesía de Morales; es jugar al tetris en el tiempo muerto este que se han inventado. Quien ha visto quien ve a dueño de este sucedáneo de portal web: apurando hasta el último segundo para encender la tele justo con el pitido inicial. La nueva tranquilidad no es estresante, permite el respirar durante un ataque rival y es benévola con las ocasiones falladas; pero, el primer partido estuvo bien, la victoria ayudó en el segundo, hubo pasotismo en el tercero y el aburrimiento ha llegado en el cuarto. Quiero entender ahora a los agoreros exagerados y a su enfermizo empeño por buscarle la importancia a cualquier partido de futbol: temen caer aburridos.
Por fortuna, este equipo no juega como siempre. El partido era aburrido porque el aliciente de los tres puntos había desaparecido cual choto tras un mal año, pero una vez metidos en el fregao y en el fragor de la lucha, los noventa minutos que echamos viendo fútbol fue de lo más entretenido de la semana. Cierto es que el Real Betis trabó, durante tanto tiempo como pudo, ese ataque sin contemplaciones que tan acostumbrados estamos a practicar desde que El Pelao de Silla ocupó el puesto de Muñiz; pero, no es menos cierto, que cuando los de les barres blaugranes tocaban la pelota el fútbol parecía sonreír.
Aitor empezó salvando al equipo, primero de un lanzamiento y después de un centro que llevaba la palabra gol grabada. Por parte del Llevant, Bardhi y Campaña, más Campaña que Bardhi, habían inquietado a los sevillanos con sendas conducciones terminadas en disparos. El Betis acosaba, y acosó, durante todo el partido moviendo la pelotita de un lado al otro; pero en una de esas pocas posesiones que no eran verdiblancas, Sergio Postigo aprovechó su excelente desplazamiento en largo para ponerle la pelota en el pie a Borja Mayoral. Auto-pase del de Parla ante Bartra y esa sensación agridulce que deja cualquier gol de Mayoral. Dos temporadas haciendo fuerza para que Borja lo hiciese bien, pero no mucho, y ahora que ya no nos jugamos nada empieza a liarse a meter goles. Cada diana del madrileño lo acerca un paso a Benzemà y lo aleja un paso de Roger. Ojalá Florentino no tuviese la tele encendida ayer a las dos del mediodía, de lo contrario, Mayoral no vestirá de blaugrana la próxima temporada.
Y la cosa fue a más, el tío que prepara los saques de banda del Liverpool asegura que un servicio lateral puede ganar partidos; y yo no lo niego, solo añado que un saque de puerta sí puede ganar partidos. Que se lo digan a Guaita a ver que dice, espero que tenga una mejor respuesta de la que tuvo ante el zurdazo de Martins. El de ayer era uno de los pocos partidos esta temporada en el que estábamos igualados en el duelo aéreo. Aitor sirvió un pelotazo desde su propia portería a la vanguardia del equipo y entre Mayoral, Rochina y Enis Bardhi trenzaron la jugada del segundo tanto que terminó con un buen golpeo de zurdas ajustado al palo del tío que jamás se ha meado fuera. Dos cero, un poco más de agobio del Betis y descanso. Yo hubiera firmado el empate.
La victoria granota, no obstante, pendió de un hilo con el gol anulado a los andaluces por fuera de juego de Loren Morón. El dos a uno hubiese cambiado por completo el panorama, eso mismo pensaba pensaba Joel, guardameta de los otros, cuando veía como Morales lo regateaba como lo hacía antaño. Tercer gol y a penas merecíamos uno. Rochina llegó poco después para hacer el cuarto después de juntar, durante un breve y doloroso momento, tres pelotas con las dos de Feddal. Cuatro a cero, queridos lectores, y sin exhibir un fútbol escandalosamente escandaloso.
Cuando Ya creías que no iba a pasar nada más y que Aitor iba a poder quedarse sin recibir un gol por quinta vez en la temporada. Canales tiró un desmarque a la espalda de la defensa y recortó distancias. El quinto gol granota anulado a Sergio León, por claro fuera de juego, me pilló jugando al tetris. Y el amigo Juanmi, previa falta, alteró a los agoreros (que poco necesitan) al marcar el cuarto a dos definitivo a seis o siete minutos de la conclusión. Uno echa la vista atrás y recuerda los vibrantes cuatro goles que le endosamos al Betis la temporada pasada y piensa: «Qué felices fuimos», entonces es comprensible tener la tentación de volver a vivir la tensión de un partido, la importancia que tiene cada pase mal dado, lo mal que siente un tiro fallado y lo bien que siente un gol marcado. TBT. Pero ese mismo uno ahora piensa en el mal ratito que pasó con el penalti de Moses en San Mamés y rápidamente recapacita: la tranquilidad no solo es lo que más se busca, sino que también es el mejor sitio en donde poder vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario